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sábado, 22 de febrero de 2020

Colombia: Jhon Jairo Velásquez, ’Popeye’, y el encuentro cara a cara con nuestro periodista en Medellín | CRÓNICA. Periodista de Trome recuerda el día que viajó a Medellín para conocer al temible sicario del ‘Patrón’ Pablo Escobar, ‘Popeye’


Colombia: Jhon Jairo Velásquez, ’Popeye’, y el encuentro cara a cara con nuestro periodista en Medellín | CRÓNICA.
Periodista de Trome recuerda el día que viajó a Medellín para conocer al temible sicario del ‘Patrón’ Pablo Escobar, ‘Popeye’
Temible sicario 'Popeye' en una colina de Medellín. (Foto: Jhonny Valle)
El día que conocí a Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, también conocí y entendí la mentalidad de un psicópata: No tiene sentimiento de culpa o arrepentimiento. Puede ser una persona sociable, confiable. Podría vivir en tu edificio y no lo notarías.
Fue en octubre de 2015 que tuvimos nuestras primeras conversaciones vía telefónica. Él había publicado el libro ‘Sobreviviendo a Pablo Escobar’, en el que narraba las ‘aventuras’ criminales como lugarteniente del narcotraficante colombiano más sanguinario en la historia de la humanidad.
Asesinatos, atentados, torturas, secuestros y extorsiones fueron algunos de los delitos que engrosaban su hoja de vida y que ‘Popeye’ recordaba como galones militares. Por eso se hacía llamar ‘El general de la mafia’.
Portada del libro de Jhon Jairo Velásquez
Luego de semanas de coordinaciones, por fin se pudo concretar la fecha de nuestro encuentro. ‘Sea juiciosito. No traiga mucho equipaje’, me advirtió un día antes del viaje. Para entonces, el hombre que confesó haber matado a más de 250 personas directamente y participado en la muerte de otras 3 mil, ya llevaba un año en libertad, después de pasar 23 en la cárcel.
En estas circunstancias, y ante la magnitud del personaje, un periodista no mide el peligro, no siente miedo, ni preocupación. Sucede lo contrario. La adrenalina, la ansiedad y la euforia se convierten en un cóctel que el reportero saborea como un niño lo hace con una paleta dulce.
Apenas segundos después de que el avión aterrizara en el aeropuerto de Medellín, ‘Popeye’ me llamó. ‘Baje al sótano. Ahí lo espero’. Llevaba ropa casual, lentes de sol y cargaba un celular muy moderno. “Este celular hijoputa está siendo rastreado. La policía oye mis conversaciones y sabe por dónde me muevo”. Era una mañana fresca en la ciudad de Botero y ‘Popeye’ conducía su auto de lunas polarizadas a una velocidad moderada. De rato en rato maldecía a los motociclistas que se atravesaban en su camino. ‘Tetrahijoputas’, vociferaba, mientras apretaba el timón con fuerza.
Aunque juraba que después de 23 años en la cárcel era un hombre nuevo, lejos de las actividades sucias, y más bien entregado a Dios y dedicado a la promoción de sus libros, lo cierto era que continuaba moviendo sus tentáculos criminales en Medellín. Tres años después de aquel encuentro, sería devuelto a prisión por los delitos de concierto para delinquir agravado y extorsión agravada.
Ahora entiendo por qué aquellos días que conviví con él observé a un tipo que se sentía perseguido, rastreado, observado y a punto de ser asesinado, totalmente paranoico. Esto fue más notorio el primero de diciembre, cuando los paisas celebran la ‘Alborada’, festividad para recibir el mes navideño.
“Paso por usted a las 9 de la noche. Iremos a una colina a observar cómo celebramos aquí la ‘Alborada’, con hermosos fuegos artificiales y mucha fiesta”. Y a las 9 de la noche llegó al hotel. “Verá qué hermosa es la ‘Alborada’. Nosotros somos muy navideños”. Algunos consideran que esta es una celebración heredada por Pablo Escobar y que su origen se remonta a la primera embarcación de cocaína que salió al extranjero. Aquella vez, para festejar hicieron disparos al aire, lo que con los años se convirtió en fuegos artificiales.
Camino a la colina, nos agarró un tráfico parecido al de Javier Prado en hora punta. “No, yo no puedo estar acá. Esto es muy peligroso, parcerito. Aquí cualquiera se baja de su auto y me revienta a plomazos. Nos vamos”. Muy nervioso y sudando giró el auto y me regresó al hotel.
Era un hombre con una personalidad histriónica. Tenía un gesto para cada frase y una frase hecha para cada pregunta, por eso cuando conversábamos sobre el Cártel de Medellín y sobre su ‘patrón’ Pablo Escobar, era como si estuviera leyendo un guion mental. Tal vez ni su propia madre amó tanto al capo de la droga como ‘Popeye’ lo hizo.
Una tarde completa conversamos de los nexos del Cártel de Medellín con Héctor Lavoe, ‘Chespirito’, Gabriel García Márquez, Vladimiro Montesinos, Alberto Fujimori, Sendero Luminoso. Sobre los bacanales de Pablo Escobar en la Hacienda Nápoles y en los carnavales de Río de Janeiro, a donde iban en helicóptero con un millón de dólares y regresaban ‘misios’. Conversamos de lo que era un proyecto en ese entonces, su serie en Netflix. Platicamos de sus creencias y de sus temores, de sus inicios en la delincuencia y de su familia. Me confesó historias sórdidas de su infancia con la condición de que no las publique. “Yo tuve todo a la mano para ser bandido y no lo desaproveché”.
Recuerdo que hablaba de sus crímenes como quien habla de sus conquistas amorosas. Sentía placer y –hasta podría decirlo- orgullo. Se autocalificaba como ‘la memoria histórica del Cártel de Medellín’ y recordaba cada detalle al milímetro que uno empezaba a sospechar si lo que decía era verdad o imaginación.
El día que fuimos a la tumba de Pablo Escobar, compró rosas y girasoles. Frente a la lápida de su máximo líder, se arrodilló, se puso las manos al pecho y rezó. Era una devoción divina que él le tenía a un hombre que construyó un imperio traficando cocaína, que generó sangre y muerte en Medellín.
Allí le pregunté si creía en Dios, si consideraba que tras su muerte iría al cielo. Él respondió: “Escrito está en la biblia. Dice que si uno se arrepiente, es totalmente salvo. Yo iré a la diestra de Dios”.
El último día, al despedirnos, me ofreció un fajo de billetes. Calculé unos mil dólares en moneda colombiana. No acepté y le consulté cómo es que subsistía en la vida cotidiana. “De la venta de mis libros”, dijo. Por supuesto, él no es autor de ningún bestseller.
Es paradójico que ‘Popeye’ no haya muerto entre balas, sino –como diría un amigo- bajo la justicia más democrática que existe en este mundo: el cáncer.

FUENTE: https://trome.pe/actualidad/popeye-jhon-jairo-velasquez-vazquez-encuentro-periodista-trome-jhonny-valle-noticia/
JHONNY VALLE VALLE
Actualizado el 09/02/2020 a las 15:22


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los Perrones, el poderoso grupo criminal que pocos conocen. El nombre viene de un narcocorrido: "El Perrón de Perrones". No fue escrito para ellos -otros sí-, pero de alguna manera pegó y así se quedaron. Los Perrones de El Salvador. Uno de los grupos criminales más fuertes y, quizás, más desconocidos que operan en Centroamérica.

Los Perrones, el poderoso grupo criminal que pocos conocen.
El nombre viene de un narcocorrido: "El Perrón de Perrones". No fue escrito para ellos -otros sí-, pero de alguna manera pegó y así se quedaron. Los Perrones de El Salvador. Uno de los grupos criminales más fuertes y, quizás, más desconocidos que operan en Centroamérica.

GETTY IMAGES
Image captionLos Perrones son sobre todo transportistas de drogas y personas. En la imagen de archivo, camión detenido con drogas en El Salvador. Foto Getty Images.
Eran los tiempos del esplendor, entre finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando los integrantes de esta organización se sintieron inmunes y empezaron a exhibir el dinero que habían obtenido transportando drogas desde Sudamérica hasta los Estados Unidos.
Vehículos, armas, joyas. Y fiestas, particulares y públicas, para las que contrataban bandas musicales del norte de México, en especial de Sinaloa.
Pero no siempre había sido así.

Los comienzos
Antes de que sus caminos se cruzaran, Pablo Escobar y Los Perrones -aún no tenían ese nombre-, compartían un origen común: el contrabando.
En su libro La Parábola de Pablo, el periodista colombiano Alonso Salazar relata cómo, a finales de la década de los 70, el futuro jefe del cartel de Medellín hizo sus primeras armas en la delincuencia organizada como guardaespaldas de un conocido -y respetado- contrabandista al que conoció en Envigado, Antioquia. Con él aprendió el oficio.
Lo mismo hacían, por su cuenta, varios salvadoreños que después integrarían la "federación de transportistas" que ahora entre autoridades y expertos se conoce como Los Perrones.
Una de las personas que más los ha estudiado -y quien me cuenta su historia, incluido el origen del nombre- es Héctor Silva Ávalos, un periodista salvadoreño e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de American University, en Washington.
El periodista rememora que algunos empezaron su oficio de contrabandistas a fines de los 70, en lo que se conoce como el oriente de El Salvador, una zona al sureste del país fronteriza con Honduras y Nicaragua y aledaña al Golfo de Fonseca, sobre el Océano Pacífico. La prosperidad empezó a llegar en los años 80, con el recrudecimiento de la guerra civil.
El oriente fue una zona de guerra abierta y los contrabandistas de la época crearon corredores por los que ingresaban -desde Panamá y Costa Rica- licores, arroz, cigarrillos, leche y quesos.
Image copyrightOTHER
Image captionPortada del libro Crimen Organizado en América Central, el Triángulo del Norte.
"El tipo de cosas básicas que se mueven durante una guerra, que pueden conseguirse a precios muy bajos", dice Steven Dudley, uno de los directores del sitio de internet InSight Crime, especializado en delincuencia organizada en América Latina y el Caribe, en el que se han publicados varios artículos sobre el tema.
"Después se graduaron en otro tipo de actividades", agrega

La cocaína
Esas otras actividades eran, básicamente, tráfico de personas y de cocaína.
Un ejemplo típico de esa transición es Reynerio Flores, uno de los principales líderes de Los Perrones y quien en la actualidad paga una condena de 80 años de prisión por introducir 2.730 kilos de cocaína en los Estados Unidos.
En la investigación "Crimen Organizado en América Central, el Triángulo del Norte", publicado en 2011 por el Centro Internacional Woodrow Wilson, se indica que Flores nació en un poblado a menos de 20 kilómetros de la frontera con Honduras. Empezó transportando agua en mulas para luego pasar a contrabandear desde Honduras.
Después "extendió lentamente sus tentáculos a Panamá, donde consiguió y vendió de todo, desde arroz hasta jeans falsificados. También uso su red de transportes para enviar inmigrantes ilegales a través de las bien recorridas rutas de emigración de América Central. El salto a las drogas no estaba muy lejano".
Tanto Dudley como Silva Ávalos califican a Los Perrones como una "federación de empresarios del crimen". Reynerio Flores era uno de ellos: tenía una empresa de transportes con fachada legal, la cual era un eslabón más de la cadena. Otros, como José Natividad "Chepe" Luna, poseían terrenos sobre el Golfo de Fonseca, a los que podían llevar personas y droga a través de lanchas rápidas.
Algunos tenían contactos con la policía antinarcóticos. O trabajaban en el vital Aeropuerto Internacional de Ilopango, en San Salvador.
"(El aeropuerto) Fue una de las bases de la operación Irán-Contras en los 80, con todo el trasiego clandestino de armas y dinero para los antisandinistas y también está documentado que sirvió como uno de los primeros puntos de entrada en Centroamérica para la droga del Cartel de Medellín", explica Héctor Silva Ávalos.
Los contactos dentro del aeropuerto hicieron que, según el periodista salvadoreño, Los Perrones lograran lo que ningún grupo delictivo centroamericano -ni siquiera los más poderosos guatemaltecos- había conseguido antes: llevar droga directamente a EE.UU. -especialmente a Nueva Jersey y Maryland-, aunque en pequeñas cantidades, entre uno y tres kilos.

Influencia
Steven Dudley recuerda que Los Perrones siempre han trabajado para el mejor postor.
Por eso, cuando Pablo Escobar cayó y su Cartel fue desmantelado en Colombia, los salvadoreños empezaron a laborar con otros grupos delincuenciales, como el Cartel del Norte del Valle, también colombiano. En la actualidad su principal cliente es el de Sinaloa.
En el mencionado libro del Centro Woodrow Wilson, el investigador Douglas Farah indica que la droga es llevada desde el Pacífico de Colombia -y crecientemente de Ecuador- hasta El Salvador. Allí, Los Perrones la transportan en camiones hasta Honduras o Guatemala, donde la entregan a narcotraficantes mexicanos o guatemaltecos.
A medida que el poder de Los Perrones ha aumentado, también ha crecido su influencia corruptora, que pasó de ser local a tener alcances nacionales en El Salvador.
Héctor Silva Ávalos: "Desde que eran contrabandistas y desde que empezaron a agarrar drogas, tenían la capacidad de sobornar policías, jueces, primero a nivel local y luego nacional. Hasta que finalmente -esto ya a principios del año 2000- tienen capacidad de financiar campañas políticas e incluso de diputados a la asamblea legislativa".
Con ese poder llegó el exhibicionismo. Eso condujo a que llamaran la atención y a que -según Héctor Silva, por presión de EE.UU.- las autoridades los golpeara con fuerza entre 2007 y 2009. Fue en esa época que se detuvo a Reynerio Flores.
Pero una de las características de los Perrones es que, al ser más una confederación horizontal que una organización vertical, se pueden adaptar con rapidez a las pérdidas y reemplazar los eslabones que pierden.

¿Reorganización?
También por eso es casi imposible decir cuántas personas lo conforman y su capacidad real de transporte.
Según Héctor Silva, los últimos datos confiables que se tienen de trasiego de droga por la región son de 2010, del Departamento de Estado de EE.UU. y Naciones Unidas. Entonces, el 90% de la droga que llegaba a Estados Unidos pasaba por el corredor centroamericano. Sa calcula que ese año cruzaron entre 400 y 700 toneladas, al menos 90 de ellas por El Salvador.
"Ese año en el país sólo se decomisaron siete kilos. Siete. Eso te da una idea. Y fue en el 2010, un año después de que los golpearan tanto".
Aunque su poder crecía Los Perrones, a diferencia de Pablo Escobar, no dieron el salto para convertirse en un cartel autónomo. Según el periodista salvadoreño, no están interesados en hacerlo. Otra característica es que, aunque recurren a la violencia si es necesario, prefieren utilizar el soborno.
A pesar del reciente asesinato de "Chepe" Luna en Honduras -al parecer por hechos no relacionados con Los Perrones-, para Dudley y Silva la organización está dando señales de recuperación.
"Parece que hay unos nombres grandes que se han sabido mantener debajo del radar, han mantenido el negocio, nunca se pelearon con las autoridades, nunca empezaron a exhibirse y es gente de la que no oís nada, pero le preguntás a investigadores y te dicen que siguen activos. Entiendo que ahora es gente más joven la que sigue manejando el tema. Y que se han diversificado: ya no son cinco cabezas sino más".
Hasta ahora han logrado mantener un perfil relativamente bajo, pero es probable que en el futuro oigamos hablar más de Los Perrones.



domingo, 29 de noviembre de 2009

FIDEL RAMIREZ: RECTOR CON ALAS PROPIAS

FIDEL RAMIREZ: RECTOR CON ALAS PROPIAS
Fundó universidad con mil soles y ahora es dueño de una aerolínea
FUENTE: Diario La Republica - Perú / Doris Aguirre y Ángel Páez

NEGOCIOS.

Fidel Ramírez Prado y su historia de “éxito”.
Formó Alas Peruanas en representación de una cooperativa que puso S/. 910 como capital social y gracias a nueve socios que aportaron diez soles cada uno.

Con un sencillo capital social de mil soles, dividido en cien acciones de un valor nominal de un sol cada una, el 27 de febrero del 1998 se constituyó la Universidad Alas Peruanas.
Fidel Ramírez Prado, en representación de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Alas Peruanas, suscribió 910 acciones.
Otras nueve personas suscribieron 10 acciones cada una (ver recuadro).
La presidencia del directorio recayó en Estanis-lao Chujutalli Muñoz. A Fidel Ramírez lo nombraron gerente general, pero muy poco después, el cinco de mayo de 1999, el directorio le concedería poderes de presidente ejecutivo.

Así arrancaría la fulgurante carrera de “éxito” de Fidel Ramírez Prado.
Pero la Universidad Alas Peruanas enfrentó un problema.
El Consejo Nacional de Autorización de Funcionamiento de Universidades (Conafu) rechazó la pretensión de Ramírez y sus socios de ser propietarios de un claustro universitario.
Para resolver ello, el directorio otorgó poderes extraordinarios a Ramírez.
Entonces se le presentó la oportunidad de exhibir sus ahora cuestionables artes.
“En 1999, la Universidad Alas Peruanas interpone una acción de amparo contra la Conafu para obtener la autorización de funcionamiento definitivo en tres años y no después de cinco años de evaluaciones, como indica la ley.
Y el juez Percy Escobar Lino (vinculado con la mafia de Vladimiro Montesinos) le dio la razón”, explicó el presidente de la Conafu, Luis Carpio Ascuña.
“Conafu apeló pero extrañamente una sala compuesta por los vocales Felipe Barrera Guadalupe y Sixto Muñoz Sarmiento (otro de la red de Montesinos) ratificó la sentencia de Percy Escobar, el 20 de setiembre del 2000.En otras palabras, la Universidad Alas Peruanas consiguió la autorización de funcionamiento por un mandato judicial y no como ordena la ley, por el conducto de la Conafu. Es algo completamente inusual e irregular”.
ALZA VUELO
Muy poco después, la Universidad Alas Peruanas se acogió al Decreto Legislativo 882 de Promoción de la Inversión en la Educación, identificándose como una entidad sin fines de lucro.
Curiosa definición adoptada por Fidel Ramírez Prado, quien, una vez conseguida la victoria en el Poder Judicial, emprendió otros negocios.
El 6 de octubre del 2003, con sus socios Wilder Calderón Castro y Juan Aguirre Villar constituyó la compañía Aero Inca “para dedicarse a prestar servicios de transporte aéreo de pasajeros y carga a nivel nacional e internacional”.
En el 2006, Calderón sería elegido congresista por el Apra, pero eso no fue impedimento para que el 29 de febrero del 2008 la empresa lo ratificara como director y gerente general, bajo la presidencia del rector de la Universidad Alas Peruanas, Fidel Ramírez.
Por cierto, Calderón también está vinculado con dicho centro de estudios.
Resulta más que llamativo que seis meses después de la ratificación del congresista aprista Wilder Calderón como directivo y gerente de Aero Inca, el 5 de agosto del 2008 la línea aérea solicitó permiso de operaciones al Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y que en un santiamén, el 10 de octubre, se le extendiera el mismo.Calderón sostiene que ha renunciado a la empresa, pero tal desvinculación no está acredi-tada en Registros Públicos.
En todo caso, lo habría hecho después de que Aero Inca consiguió luz verde para volar.
Sin embargo, en el Registro de Aeronaves todavía no aparece inscrita la propiedad de avio-nes a nombre de Aero Inca, aunque sus directivos dijeron que operarían con al menos una docena, entre aeronaves Airbus y Boeing, además de Hércules y Antonov, lo que implica una millonaria inversión.
Registros Públicos, empero, consigna a nombre de Fidel Ramírez Prado 14 propiedades inmuebles, lo que quiere decir que dedicarse a la educación sin fines de lucro resulta un excelente negocio.Ahora es dueño de 14 propiedades-
El 28 de marzo de 1969 se constituyó la Coope-rativa de Crédito y Ahorro Alas Peruanas.
El primer presidente fue el técnico inspector FAP Guillermo Canales Hernández.
Originalmente la cooperativa la componían subalternos de la Fuerza Aérea.
Además de Fidel Ramírez Prado como representante de la Cooperativa de Crédito y Ahorro Alas Peruanas, aparecen como socios de la Universidad Alas Peruanas Estanislao Chujutalli Muñoz, Ricardo Díaz Bazán, Aguilar Bailón de la Cruz, Abel Curiel Vargas, Juan Heroldo Muñoz y José Laos López.También Rodman Souza Reátegui, Segundo García Rodríguez y Carlos Hinojosa Uchofen.El primer directorio, además de Fidel Ramírez, lo integraron Heroldo, Chujutalli, Díaz, Bailón, Curiel, Laos y Souza. Gerente general: Fidel Ramírez.
El presidente de la Conafu, Dr. Luis Carpio Ascuña, afirmó que los jóvenes tienen derecho a estudiar en una universidad calificada con sus autoridades correspondientes y su consejo universitario. “Deben ser vigiladas y supervisadas, eso es lo ideal.