Mostrando las entradas con la etiqueta popeye. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta popeye. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de febrero de 2020

Colombia: Jhon Jairo Velásquez, ’Popeye’, y el encuentro cara a cara con nuestro periodista en Medellín | CRÓNICA. Periodista de Trome recuerda el día que viajó a Medellín para conocer al temible sicario del ‘Patrón’ Pablo Escobar, ‘Popeye’


Colombia: Jhon Jairo Velásquez, ’Popeye’, y el encuentro cara a cara con nuestro periodista en Medellín | CRÓNICA.
Periodista de Trome recuerda el día que viajó a Medellín para conocer al temible sicario del ‘Patrón’ Pablo Escobar, ‘Popeye’
Temible sicario 'Popeye' en una colina de Medellín. (Foto: Jhonny Valle)
El día que conocí a Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, también conocí y entendí la mentalidad de un psicópata: No tiene sentimiento de culpa o arrepentimiento. Puede ser una persona sociable, confiable. Podría vivir en tu edificio y no lo notarías.
Fue en octubre de 2015 que tuvimos nuestras primeras conversaciones vía telefónica. Él había publicado el libro ‘Sobreviviendo a Pablo Escobar’, en el que narraba las ‘aventuras’ criminales como lugarteniente del narcotraficante colombiano más sanguinario en la historia de la humanidad.
Asesinatos, atentados, torturas, secuestros y extorsiones fueron algunos de los delitos que engrosaban su hoja de vida y que ‘Popeye’ recordaba como galones militares. Por eso se hacía llamar ‘El general de la mafia’.
Portada del libro de Jhon Jairo Velásquez
Luego de semanas de coordinaciones, por fin se pudo concretar la fecha de nuestro encuentro. ‘Sea juiciosito. No traiga mucho equipaje’, me advirtió un día antes del viaje. Para entonces, el hombre que confesó haber matado a más de 250 personas directamente y participado en la muerte de otras 3 mil, ya llevaba un año en libertad, después de pasar 23 en la cárcel.
En estas circunstancias, y ante la magnitud del personaje, un periodista no mide el peligro, no siente miedo, ni preocupación. Sucede lo contrario. La adrenalina, la ansiedad y la euforia se convierten en un cóctel que el reportero saborea como un niño lo hace con una paleta dulce.
Apenas segundos después de que el avión aterrizara en el aeropuerto de Medellín, ‘Popeye’ me llamó. ‘Baje al sótano. Ahí lo espero’. Llevaba ropa casual, lentes de sol y cargaba un celular muy moderno. “Este celular hijoputa está siendo rastreado. La policía oye mis conversaciones y sabe por dónde me muevo”. Era una mañana fresca en la ciudad de Botero y ‘Popeye’ conducía su auto de lunas polarizadas a una velocidad moderada. De rato en rato maldecía a los motociclistas que se atravesaban en su camino. ‘Tetrahijoputas’, vociferaba, mientras apretaba el timón con fuerza.
Aunque juraba que después de 23 años en la cárcel era un hombre nuevo, lejos de las actividades sucias, y más bien entregado a Dios y dedicado a la promoción de sus libros, lo cierto era que continuaba moviendo sus tentáculos criminales en Medellín. Tres años después de aquel encuentro, sería devuelto a prisión por los delitos de concierto para delinquir agravado y extorsión agravada.
Ahora entiendo por qué aquellos días que conviví con él observé a un tipo que se sentía perseguido, rastreado, observado y a punto de ser asesinado, totalmente paranoico. Esto fue más notorio el primero de diciembre, cuando los paisas celebran la ‘Alborada’, festividad para recibir el mes navideño.
“Paso por usted a las 9 de la noche. Iremos a una colina a observar cómo celebramos aquí la ‘Alborada’, con hermosos fuegos artificiales y mucha fiesta”. Y a las 9 de la noche llegó al hotel. “Verá qué hermosa es la ‘Alborada’. Nosotros somos muy navideños”. Algunos consideran que esta es una celebración heredada por Pablo Escobar y que su origen se remonta a la primera embarcación de cocaína que salió al extranjero. Aquella vez, para festejar hicieron disparos al aire, lo que con los años se convirtió en fuegos artificiales.
Camino a la colina, nos agarró un tráfico parecido al de Javier Prado en hora punta. “No, yo no puedo estar acá. Esto es muy peligroso, parcerito. Aquí cualquiera se baja de su auto y me revienta a plomazos. Nos vamos”. Muy nervioso y sudando giró el auto y me regresó al hotel.
Era un hombre con una personalidad histriónica. Tenía un gesto para cada frase y una frase hecha para cada pregunta, por eso cuando conversábamos sobre el Cártel de Medellín y sobre su ‘patrón’ Pablo Escobar, era como si estuviera leyendo un guion mental. Tal vez ni su propia madre amó tanto al capo de la droga como ‘Popeye’ lo hizo.
Una tarde completa conversamos de los nexos del Cártel de Medellín con Héctor Lavoe, ‘Chespirito’, Gabriel García Márquez, Vladimiro Montesinos, Alberto Fujimori, Sendero Luminoso. Sobre los bacanales de Pablo Escobar en la Hacienda Nápoles y en los carnavales de Río de Janeiro, a donde iban en helicóptero con un millón de dólares y regresaban ‘misios’. Conversamos de lo que era un proyecto en ese entonces, su serie en Netflix. Platicamos de sus creencias y de sus temores, de sus inicios en la delincuencia y de su familia. Me confesó historias sórdidas de su infancia con la condición de que no las publique. “Yo tuve todo a la mano para ser bandido y no lo desaproveché”.
Recuerdo que hablaba de sus crímenes como quien habla de sus conquistas amorosas. Sentía placer y –hasta podría decirlo- orgullo. Se autocalificaba como ‘la memoria histórica del Cártel de Medellín’ y recordaba cada detalle al milímetro que uno empezaba a sospechar si lo que decía era verdad o imaginación.
El día que fuimos a la tumba de Pablo Escobar, compró rosas y girasoles. Frente a la lápida de su máximo líder, se arrodilló, se puso las manos al pecho y rezó. Era una devoción divina que él le tenía a un hombre que construyó un imperio traficando cocaína, que generó sangre y muerte en Medellín.
Allí le pregunté si creía en Dios, si consideraba que tras su muerte iría al cielo. Él respondió: “Escrito está en la biblia. Dice que si uno se arrepiente, es totalmente salvo. Yo iré a la diestra de Dios”.
El último día, al despedirnos, me ofreció un fajo de billetes. Calculé unos mil dólares en moneda colombiana. No acepté y le consulté cómo es que subsistía en la vida cotidiana. “De la venta de mis libros”, dijo. Por supuesto, él no es autor de ningún bestseller.
Es paradójico que ‘Popeye’ no haya muerto entre balas, sino –como diría un amigo- bajo la justicia más democrática que existe en este mundo: el cáncer.

FUENTE: https://trome.pe/actualidad/popeye-jhon-jairo-velasquez-vazquez-encuentro-periodista-trome-jhonny-valle-noticia/
JHONNY VALLE VALLE
Actualizado el 09/02/2020 a las 15:22


miércoles, 27 de agosto de 2014

John Jairo Velásquez Vásquez, Sicario de Pablo Escobar, alias Popeye, sale de prisión en Colombia

John Jairo Velásquez Vásquez,
sicario de Pablo Escobar, alias Popeye, sale de prisión en Colombia
John Jairo Velásquez Vásquez "Popeye"
Popeye, el jefe de sicarios del extinto narcotraficante Pablo Escobar, confeso autor material de 300 asesinatos y coordinador de otros 3.000, salió la noche de este martes de prisión en Colombia, tras cumplir tres quintas partes de su condena y haber colaborado con la justicia.
John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, abandonó la cárcel de alta seguridad de Cómbita (Boyacá, centro), a unas tres horas de Bogotá, luego de que un juez le concediera la libertad condicional y de haber pagado los 9 millones de pesos (unos 4.500 dólares) de fianza, dijeron a la AFP fuentes policiales y judiciales.
"La caravana que salió de la prisión de Cómbita era la de Popeye. Ya Popeye está en libertad", señaló a la AFP una fuente del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).
Alias Popeye, abandonó la prisión escoltado por una comitiva de varios vehículos sin que su imagen pudiera ser captada directamente por las cámaras de los medios que aguardaban su salida.
Con paradero desconocido, la caravana de vehículos estaba conformada por autos de la Defensoría del Pueblo, el Inpec y la Policía Nacional.
Velásquez, condenado a 30 años de cárcel por el asesinato en 1989 del aspirante presidencial Luis Carlos Galán, reconoció haber cometido 300 asesinatos y coordinado unos 3.000 mientras fue jefe de los sicarios del extinto Cartel de Medellín, que libró una guerra frontal contra el Estado luego de que Colombia aprobara un tratado de extradición con Estados Unidos en 1979.
A las órdenes del abatido "patrón" Escobar, alias Popeye no sólo estuvo involucrado en el homicidio a Galán, sino también en el secuestro del expresidente Andrés Pastrana (1998-2002), cuando postulaba a la alcaldía de Bogotá, y el del exvicepresidente Francisco Santos, cuando era jefe de redacción del diario El Tiempo.
"Yo sentía que estaba en una guerra justa contra la extradición y que en esa guerra todo se justificaba. Ahora veo las cosas dentro de otra perspectiva", dijo en septiembre de 2013 al reconocer sus crímenes en una entrevista con la revista Semana.
El Cártel de Medellín fue una de las más poderosas bandas dedicadas al narcotráfico en los años 1980 y 1990, controlando toda la cadena desde la siembra de la hoja de coca hasta la venta al menudeo en Estados Unidos. Su líder, abatido por la policía en 1993, llegó a ser mencionado por la revista estadounidense Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo.
El juez Primero de Ejecución de Penas de Tunja, Yesid Rodríguez, ordenó la libertad condicional de Velásquez el viernes, tras lo cual la Fiscalía efectuó una búsqueda en todos los juzgados de Colombia para determinar si había algún proceso pendiente que le impidiera recuperar su libertad, lo cual fue descartado.
Según el expediente judicial al que tuvo acceso la AFP, Velásquez, de 52 años, obtuvo "la libertad condicional (...) por un período de prueba de 52 meses y 22,7 días".
El sicario, que ha relatado una y mil veces a los medios crímenes escalofriantes, como el de su propia novia a la que mató por orden de Escobar, estaba privado de libertad desde el 8 de octubre de 1992.
Además de su condena por el crimen de Galán, a Velásquez se le sentenció en un segundo proceso por narcotráfico a 12 años de prisión en 2008. Sin embargo, el juez Rodríguez decidió "conceder redención de pena" por la acumulación de días de trabajo y estudio.
"En Colombia la gente nunca paga la pena completa. Si el preso trabaja o estudia por cada día que pase preso se le descuenta uno", dijo a la AFP el abogado penalista de la Universidad Javeriana, Fabio Humar.
Además, Velásquez colaboró con la justicia para esclarecer otros crímenes.
"Ha aportado a la verdad en estos años", dijo el senador Carlos Galán, uno de los hijos del político asesinado, aludiendo a su colaboración para condenar al exsenador liberal y exministro Alberto Santofimio por la muerte de su padre.
Alias Popeye solicitó más temprano este martes "de puño y letra" a la Defensoría del Pueblo garantizar su vida. "Por favor me brinde la policía seguridad desde la puerta del penal", escribió en una carta.
Andrés Villamizar, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), negó no obstante que este cuerpo, que protege a expresidentes y otras personas cuyas vidas corren riesgo por sus funciones, le vaya asignar posteriormente guardaespaldas a Velásquez.
Sin embargo, Villamizar, sobrino de Galán e hijo de Maruja Pachón, secuestrada por Velásquez, escribió en Twitter: "Mi familia y yo somos víctimas directas de alias Popeye. Pero si alguien en Colombia ha pagado, es él".


FUENTE: http://www.eluniverso.com/noticias/2014/08/26/nota/3562181/sicario-pablo-escobar-alias-popeye-es-liberado-prision-colombia

viernes, 20 de septiembre de 2013

¡Popeye sale de la cárcel!. El único sobreviviente de los grandes sicarios de Pablo Escobar queda en libertad esta semana. (INFORME ESPECIAL)

¡Popeye sale de la cárcel!
El único sobreviviente de los grandes sicarios de Pablo Escobar queda en libertad esta semana.
(INFORME ESPECIAL)

Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, pasó 23 años detenido por cuenta de los crímenes que cometió. Los últimos 11 estuvo en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita.

Foto: León Darío Peláez / Semana

SEMANA: ¿Cuántos años pasó en la cárcel?
Popeye: Veintitrés.
SEMANA: ¿Y qué siente de salir libre?
P.: Mire. Yo soy creyente. Yo siempre he creído
que el destino de uno está en las manos de Dios. Así que entiendo los problemas que me esperan en la libertad, pero sé que nada depende de mí, sino de él.
SEMANA: Ya que habla de los peligros que le esperan en la libertad, ¿cuántas personas ha matado usted?
P.: Yo personalmente creo que alrededor de 300. Pero he participado y coordinado alrededor de 3.000 muertes.
SEMANA: ¿Y eso le parece normal?
P.: En este momento no. Pero cuando lo hacía sí. Yo sentía que estaba en una guerra justa contra la extradición y que en esa guerra todo se justificaba. Ahora veo las cosas dentro de otra perspectiva y me parece increíble lo que hice y lo que ha sido mi vida.
SEMANA: Hablemos de los protagonistas de la violencia que usted conoció. Comencemos por Pablo Escobar.
P.: Pablo Escobar era un genio, tal vez un genio del mal, pero en todo caso un genio. Tenía una mente privilegiada y un detector de mentiras en el cerebro. Si usted decía algo que no era verdad, inmediatamente lo captaba. Y eso podía costarle a uno la vida. Inspiraba una lealtad infinita en todos los que creíamos en él. Yo llegué a creer que era inmortal. El día más triste de mi vida fue el día que lo mataron.
Pablo Escobar:  cuadros y joyas, pero ni un peso en efectivo”
SEMANA: ¿Escobar era un asesino?
P.: No, él no era un asesino. Yo creo que él no mató a más de 20 personas en toda su vida. Él ante todo era un líder, un organizador de bandidos y un gran secuestrador.
SEMANA: Pero usted sí mató a muchas personas por órdenes de él. Hablemos de algunas. ¿Cómo fue cuando él dio la orden de asesinar policías en Medellín a 2 millones por cabeza?
P.: Eso fue una reacción cuando la Policía le mató a su cuñado, Mario Henao. Él y Gustavo Gaviria habían sido los verdaderos fundadores del cartel de Medellín. Fueron los primeros en importar la pasta y en organizar la exportación. Era muy cercano a él y era el hermano de su esposa María Victoria.
SEMANA: ¿Y qué pasó?
P.: Pues una vez estábamos en una finca en Monte Loro. El patrón tenía sus aberraciones y le gustaba mucho el lesbianismo. Había organizado una sesión con el equipo de básquetbol femenino departamental y estábamos en eso cuando llegaron los helicópteros artillados de la Policía y empezaron a disparar. El patrón, siempre tranquilo, dijo calmadamente: “Nos vamos”. Jorge Luis Ochoa también arrancó. Pero Mario dijo: “Yo quiero correr fresco, me voy a echar un duchazo”. Se metió en la ducha y el techo era de zinc y lo acribillaron desde arriba. 
SEMANA: ¿Y qué tiene eso que ver con los policías?
P.: Que el patrón quería tanto a Mario que se derrumbó cuando se enteró de la muerte. Al otro día nos citó y nos dijo: “Vamos a matar policías. Eso es mas útil que matar jueces porque finalmente son ellos los que nos llevan donde los jueces”. Y nos dio la tarifa: 2 millones por policía, tres por sargento, diez por teniente, 30 por mayor, 50 por coronel y 100 por general.
SEMANA: ¿Y usted a cuántos mató?
P.: Yo directamente a unos 25. Pero yo dirigía casi todos los operativos y yo creo que en total matamos unos 540.
SEMANA: ¿Usted es consciente de que las personas que lean esto van a creer que usted es un psicópata?
P.: Le respondo lo que le dije hace un momento. Hoy eso me parece una barbaridad. Pero cuando uno está en medio de una guerra, esas cosas le parecen justificadas. 
SEMANA: En la serie de Pablo Escobar hay un capítulo en que él le ordena matar a su novia. ¿Eso fue verdad?
P.: Es uno de los episodios más dolorosos de mi vida. Ella se llamaba Wendy Chavarriaga. Era una mujer muy hermosa, podía ser una reina de belleza. Ella había sido novia del patrón, pero quedó embarazada y para él la familia era sagrada. Un hijo fuera del matrimonio era impensable. Entonces la hizo abortar a la fuerza y a partir de ese momento ella decidió vengarse. Como yo la había conocido, nos encontramos una vez en una discoteca, comenzamos a salir y nos enamoramos. Como al patrón había que informarlo de todo, le pedí permiso para ennoviarme con ella, me lo dio, pero me dijo que tuviera cuidado.
Andrés Pastrana “Mostró gran entereza mientras creía que éramos del M-19. Cuando supo que era el cartel, se derrumbó”.
SEMANA: Entonces, ¿por qué la mató?
P.: Resulta que ella en su obsesión de vengarse del patrón por haberle hecho perder el niño se volvió informante del bloque de búsqueda. Y el patrón, que tenía su servicio de inteligencia por todas partes, llegó a grabarle una conversación en la cual ella estaba hablando con un tipo que tenía contactos con la DEA. El patrón me llamó, me puso el casete y me dio la orden. “Popeye, vaya y mátela”. Como las órdenes no se discutían, me tocó. Usted no sabe lo que es matar a una persona a la cual uno adora.
SEMANA: Pero usted también tuvo que participar en asesinatos de amigos suyos. ¿Cómo fue el episodio de los Galeano y los Moncada?
P.: Cuando estábamos en la cárcel de La Catedral se había establecido un acuerdo. El patrón pagaba cárcel para que todos los otros pudieran traquetear, siempre y cuando le pagaran a él una cuota fija mensual de lo que daba el negocio. Los jefes del cartel de Medellín cuando estábamos en la cárcel eran Quico Moncada y Fernando Galeano. Y el compromiso es que tenían que girarle al patrón 500.000 dólares mensuales. El problema es que se les subió el poder a la cabeza y una vez mandaron un cheque de 50 millones de pesos. 
 
Francisco Santos “Escobar dio la orden de ejecutarlo cuando nos dijeron que nos iban a recluir en la cárcel de Itagüí. De milagro se salvó ”.
El patrón dijo: “Popeye, devuelva ese cheque, yo no estoy pa’ recibir limosnas”. Y por esos días accidentalmente aparecieron en una caleta de Moncada 23 millones de dólares. Los encontró el Titi y se los llevó al patrón. Al ver él que le estaban poniendo conejo con millones de dólares y que solo le estaban girando 50 millones de pesos al mes, tomó la decisión: hay que ejecutarlos.
SEMANA: Pero esa fue la masacre que obligó al gobierno a tratar de sacarlos de La Catedral.
P.: Sí, eso fue muy duro. El patrón los citó a La Catedral, pero como habían sido los compañeros de lucha de toda la vida, no se atrevió a ponerles la cara. La sentencia de muerte se las comunicó Roberto, su hermano. Y las órdenes de matarlos nos las dieron a mí y a Otto.
SEMANA: ¿Y usted qué tan amigo era de ellos?
P.: Más amigos no podían ser. Para que usted se dé cuenta, un día Quico Moncada me dijo: “Pope, en el doblemuro de este apartamento hay 15 millones de dólares. Si algo me llega a pasar a mí, esa plata es tuya”.
SEMANA: ¿Y a usted le tocó matarlo?
P.: Sí, yo maté a Quico y Otto mató a Fernando. En el mundo de los bandidos las órdenes no se discuten. Uno se aprieta el corazón, hace lo que le dicen y sigue pa’ delante.
Rodrigo Lara “El ministro era un gran orador y Escobar, corto de palabra. En el debate en el Congreso se sintió humillado y derrotado, y lo mandó asesinar”.
SEMANA: ¿Y cómo reaccionó Quico Moncada cuando vio que lo iba a ejecutar su mejor amigo?
P.: En el mundo nuestro uno siempre está listo para esas cosas. Cuando uno es bandido, la muerte le puede llegar en cualquier momento. Uno tiene una preparación para eso diferente que el resto de la gente. Yo esposé a Quico y lo bajé al sótano. Él era muy varón y lo único que me dijo era que si podía leerle algunos salmos de la Biblia antes de disparar. Conseguí la Biblia y le leí todo lo que me pidió y después de eso le metí un tiro.
SEMANA: ¿Y qué tan cierta es la leyenda de que después de eso los quemaron vivos o se los dieron de comer a los perros?
P.: Eso es mentira. Nosotros somos sicarios profesionales, no caníbales. La verdad es que hicimos una hoguera enorme para quemar los cadáveres. Eso duró toda la noche y se veía desde Medellín. Quemar cadáveres toma mucho tiempo y después de toda la noche quedaban algunos restos. Esos los picamos con una maceta y los echamos en ácido. No quedó nada.
SEMANA: Pero hubo mucho más de dos muertos en ese episodio.
P.: Es que mientras matábamos a Quico y a Fernando en La Catedral, el patrón dio la orden de matar a los hermanos de ellos que estaban por fuera. Entonces el Arete, el Chopo y unos muchachos nuestros los citaron en diferentes partes de la ciudad y mientras matábamos a los que teníamos en la cárcel, ellos mataban a los de fuera. El que se nos escapó fue don Berna, que era el jefe de escoltas de Galeano. 
Enrique Parejo “Como el asesino lo hirió, pero no lo mató, Escobar solo le pagó 200.000 dólares de los 500.000 que le había ofrecido”.
SEMANA: Se ve que la vida costaba poco en ese mundo, era muy fácil morir o que les ordenaran a ustedes matar a alguien.
P.: Era mas fácil de lo que usted cree. Por ejemplo, al doctor Guillermo Cano el patrón mandó matarlo cuando leyó un titular en El Espectador que decía: “Se les aguó la fiesta a los mafiosos”. Acababan de reestablecer la extradición y eso fue exactamente lo que sentíamos. Cuando leyó esa frase, ahí mismo dio la orden.
SEMANA: Ya que hablamos de eso, hay asesinatos del cartel de Medellín que siguen en el misterio.
P.: Para nosotros en la guerra todo tenía una justificación. Por ejemplo, al periodista Jorge Enrique Pulido el patrón mandó matarlo solamente porque entrevistó en televisión a la mamá de Rodrigo Lara. Al jefe de la Policía de Medellín, el coronel Valdemar Franklin Quintero, solamente porque paró en un retén a su esposa María Victoria y a su hija Manuela, y retuvo a la niña dos horas. Al exgobernador de Antioquia Antonio Roldán Betancourt lo habíamos matado unos días antes por accidente. Él tenía un Mercedes Blanco igual al del coronel Franklin Quintero. Cuando pasó frente a nosotros por equivocación lo volamos. En esa época todos los días había un muerto. 
SEMANA: El primer magnicidio que el cartel cometió fue el de Rodrigo Lara. ¿No pensaron que eso iba a cambiar para siempre sus vidas? 
P.: Es que el ministro Lara le montó al patrón el debate para quitarle la inmunidad parlamentaria. Él era un gran orador y el patrón era corto de expresión y se sintió humillado y derrotado en ese debate. Como Lara había denunciado ante el mundo entero a Pablo Escobar como narcotraficante y estaba decidido a acabarlo, el patrón decidió adelantársele. 
Enrique Low Murtra “Escobar mandó un sicario en una moto a asesinarlo. Después de eso ordenó matar al sicario”
SEMANA: A Lara lo reemplazó Enrique Parejo González y también atentaron contra él en Budapest. ¿Cómo hicieron para entrar a la cortina de hierro?
P.: Cuando al patrón se le metía algo en la cabeza, no tenía fronteras. Él consiguió un profesor universitario de izquierda en Colombia, cuyo nombre no les voy a dar. Le ofreció 500.000 dólares por matar a Parejo, que estaba de embajador en Hungría, porque había firmado extradiciones. El hombre al que se le encargó esa vuelta nunca había disparado una pistola, pero aceptó el encargo.

Le metimos la pistola desde Madrid encaletada en un carro, pero como no tenía puntería, le disparó varias veces, y aunque lo hirió, no lo mató. Cuando regresó a Colombia para cobrar su plata, el patrón le dijo: “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”. Y como Parejo estaba vivo, le pagó solo 200.000 dólares.
SEMANA: Y ¿por qué mataron a Enrique Low Murtra una semana antes de la eliminación de la extradición en la Constituyente?
P.: Ese es el asesinato más arriesgado que hizo el cartel de Medellín en toda su historia. Teníamos cuadrada la votación en la Constituyente para prohibir la extradición en la nueva Constitución. Habíamos sobornado a un poco de constituyentes y muchos otros estaban de acuerdo aunque no nos habían recibido la plata. Pero faltando unos pocos días le dijeron al patrón que Low Murtra estaba dando clases en la Universidad de La Salle y para él, todo el que había firmado una extradición, tenía que morir. 
 
Luis Carlos Galán “Cuando quedó claro que iba a ser elegido presidente, sabíamos que nos extraditaría. Por eso primero intentamos nosotros asesinarlo en Medellín y cuando eso fracasó, el Mexicano coordinó lo de Soacha”
Low Murtra era un hombre sencillo y no tenía ni escolta, ni carro y tomaba taxi. Asesinarlo era una locura porque podía presentarse una reacción nacional que cambiara la votación contra la extradición. Pero él era un duro y calculaba sus riesgos y, una vez tomada una decisión, no le temblaba la mano. Mandó a un muchacho a asesinarlo en una moto y luego, para que no quedaran testigos, dio la orden de matar al muchacho y enterrarlo con moto y todo. 

Apenas explotó la noticia, llegó Alberto Villamizar escandalizado gritando: “Pablo, por Dios, estás loco. Cómo se te ocurrió matar a Low Murtra”. Villamizar había sido el negociador, pues teníamos secuestrada a su señora Maruja Pachón y a Francisco Santos, y él había contribuido a la liberación y a crear un ambiente a favor de la eliminación de la extradición. Cuando le reclamó al patrón, este se hizo el indignado y le dijo: “Usted a mí me respeta, doctor Villamizar. Yo no he mandado matar a nadie. Low Murtra firmó extradiciones y cualquier familiar de uno de los extraditados pudo haber ordenado ese asesinato con solo 20 millones de pesos. A mí no me va a echar usted ese muerto”. Villamizar le creyó y la votación prosiguió sin mayores obstáculos.
SEMANA: ¿Por qué volaron el avión de Avianca?
P.: Porque teníamos información de que ahí iba a volar César Gaviria, que era candidato a la Presidencia en ese momento en reemplazo de Galán. A Galán lo matamos porque vimos que iba a llegar a la Presidencia y nos iba a extraditar. Nos preocupaba que a Gaviria le diera por lo mismo.
SEMANA: Hablemos de la toma del Palacio de Justicia por el M-19. ¿Cómo participaron ustedes?
P.: Ya que habla del M-19 quiero aclarar algunas cosas. Cuando ese movimiento secuestró a Martha Nieves, la hermana de los Ochoa, nosotros inmediatamente secuestramos a varias cabezas, los apretamos y tuvieron que liberarla. El patrón, una vez que los derrotó, les cogió respeto y de ahí en adelante hubo una relación muy estrecha con Iván Marino Ospina y cordial con Carlos Pizarro.
Nosotros les dimos 2 millones de dólares para financiar la toma para que nos quemaran los expedientes. Eso pasó, pero lo que quiero aclarar es que todos los asesinatos que se le atribuyen al patrón son verdad, menos los de la izquierda. Él no tuvo nada que ver con la muerte de Pizarro. A él lo mató Carlos Castaño con la colaboración del DAS. Tampoco tuvo que ver con la muerte de Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo. Eso fue una alianza de la extrema derecha y el Mexicano. 
SEMANA: ¿Cómo fue lo de la extradición de Lehder? 
P.: Carlos Lehder, que era aliado nuestro, se enloqueció con la política y le dio paludismo cerebral. Creyó que iba a ser presidente y empezó a decir boberías por todas partes. Un día estábamos en una rumba en la hacienda Nápoles con unas prostitutas y él era el que guardaba la cocaína en su alcoba. En esa periquera estaba encerrado con su pareja, cuando uno de nuestros muchachos le golpeó en la puerta para pedirle un poco de coca.
 
Avión de Avianca“Como César Gaviria iba a ser el sucesor de Galán, tocaba eliminarlo. Cuando Escobar se enteró de que iba a volar a Cali en ese avión, ordenó ponerle una bomba”
Lehder le abrió con un revólver y ahí mismo le pegó un tiro en la frente. Se armó un gran revuelo y cuando el patrón vio eso, decidió cortar por lo sano. Tenía que escoger entre matar a Lehder o entregárselo a las autoridades. Como la Policía, que estaba con nosotros, nos decía que la estaban presionando por no dar resultados, se decidió entregar a Lehder como trofeo. Yo y el Chopo lo llevamos en moto a una finca en Guarne e inmediatamente después le contamos a la Policía dónde estaba. 
SEMANA: Cuéntenos cómo fue lo de La Catedral. ¿Cómo se construyó esa cárcel?
P.: Cuando negociábamos con el gobierno los decretos para nuestra entrega, en un momento dado nos dijeron que teníamos que ser recluidos en la cárcel de Itagüí como los Ochoa. El patrón dijo que él tenía demasiados enemigos y problemas de seguridad diferentes a los de todo el mundo.

Inicialmente no le aceptaron ese argumento y tomó la decisión de ejecutar a Pacho Santos. Cuando eso se filtró, se volvieron más flexibles y, como a él lo quería todo el mundo en Envigado y los políticos de allá eran nuestros, compró los terrenos donde se construyó la cárcel y la mandó diseñar él mismo. Nos reuníamos con los ingenieros y los arquitectos y sobre los planos les decíamos cómo tenía que ser la distribución, dónde tenían que estar cada una de nuestras celdas, etcétera. 
SEMANA: ¿Y ustedes enterraron armas ahí cuando estaban construyendo la cárcel?
P.: No era necesario. Pues como todos los guardias eran nuestros, porque tenían que ser de Envigado, las armas de ellos eran las nuestras. Era una situación ideal para reconstruir el cartel de Medellín. Un anillo del Ejército nos protegía y los guardias dentro de la cárcel eran nuestros.
SEMANA: Pero entonces Pacho Santos se salvó de milagro.
P.: Sí, pero el patrón decidió ejecutar a Marina Montoya, la hermana del secretario general de la Presidencia, don Germán Montoya. Durante la negociación para liberar a su hijo que teníamos secuestrado, se había llegado a un acuerdo para iniciar una negociación sobre cómo tratar los problemas jurídicos del cartel de Medellín. El patrón sintió que le estaban dando largas a ese asunto y cambió la decisión de Pacho por la de Marina.
SEMANA: ¿Y cómo se escaparon de La Catedral?
P.: Cuando mandamos a hacer la cárcel habíamos dejado en un muro unos ladrillos con yeso pero sin cemento. De manera que si algún día teníamos que irnos, esos ladrillos los quitaba uno con la mano sin mayor problema y quedaba un hueco. Cuando llegó el Ejército a cambiarnos de cárcel con el viceministro Mendoza y con el director del Inpec, el patrón ordenó retenerlos y engañó a todo el país mientras sacábamos los ladrillos del muro y nos íbamos. 
Popeye en su celda “Lo que yo he vivido no lo ha vivido nadie. Fui sicario de Pablo Escobar. He sido amigo o enemigo de todos los muertos de las guerras recientes”.
SEMANA: Hay otra leyenda de que a Escobar le gustaban mucho las mujeres, pero que después de que habían estado con él, con frecuencia las mataba para que no pudieran dar información sobre su ubicación.
P.: Eso es mentira. Son inventos que el bloque de búsqueda le metió a Germán Castro Caycedo. Al patrón sí le gustaban mucho las mujeres, pero él era un caballero con ellas. Cuando eran informantes las mataba, pero eso es otra cosa.
SEMANA: ¿Quién fundó los Pepes?
P.: Los Pepes lo fundaron Fidel Castaño, Carlos Castaño y don Berna. Después ellos invitaron al cartel de Cali, a Guillo Ángel, a Rodolfo Ospina y a otros. 
SEMANA: Pero esos habían sido aliados de ustedes.
P.: Sí, pero de los de Cali nos abrimos por problemas con Pacho Herrera. De los Castaño también nos abrimos cuando asesinaron a Pizarro y a Jaramillo. Guillo Ángel, que era de los nuestros aunque no participaba en los asesinatos, no quiso pagar la cuota de dinero que el patrón les exigía a todos los miembros del cartel de Medellín para la guerra. Entonces fue declarado objetivo militar. Y Rodolfo Ospina, que era nieto del expresidente Mariano Ospina Pérez, había sido aliado nuestro, pero nos estaba jugando sucio con la DEA.
SEMANA: Pero ustedes atentaron contra él.
P.: Sí, tratamos de matarlo saliendo de una discoteca y le echamos bala con todos los fierros. Pero ese hombre resultó un superteso para manejar carro y no entiendo cómo se nos pudo escapar. En todo caso, después se entregó a la Fiscalía y a la DEA como testigo contra nosotros. Fuimos a Bogotá a matarlo y como no lo encontramos, matamos a su hermano Mariano, que no tenía nada que ver. Rodolfo quedó libre y creo que hoy está en Estados Unidos como testigo protegido.
SEMANA: Usted dijo al comienzo que Escobar más que asesino era secuestrador. ¿Qué quiere decir?
P.: Como estábamos enfrentados simultáneamente al gobierno de Colombia, al de Estados Unidos, al cartel de Cali y a los Castaño, se necesitaba mucha plata para financiar todas esas guerras. Como traquetear se volvía difícil, el patrón decidió que la fuente de financiación iba a ser los secuestros. Secuestramos a nuestra propia gente, a la clase dirigente antioqueña y al que fuera. Llegamos incluso a hacerles seguimiento a la señora de Julio Mario Santo Domingo en Nueva York y a Lina Botero en Bogotá. Pero cuando todo estaba listo, el patrón desactivó esos dos operativos. El riesgo era demasiado grande y él conocía sus límites. 
SEMANA: Entonces, ¿Escobar no murió rico?
P.: Él murió sin un peso. Tenía edificios, fincas, diamantes y cuadros, pero cero liquidez.
SEMANA: Cuéntenos episodios de su vida como criminal que no han sido revelados.
P.: Uy, son tantos. Por ejemplo, yo secuestré personalmente al doctor Andrés Pastrana. Entré a su oficina cuando era candidato a la Alcaldía. Le puse un revolver enfrente y bajé con él las escaleras con el cañón contra su cabeza. Él estuvo valiente y tranquilizó a toda la gente en el edificio que estaba horrorizada. Jaime Garzón, que también estaba ahí, al ver que era un secuestro, pidió que también nos lo lleváramos. Uno de mis hombres le pegó una patada y le dijo que el asunto no era con él. Y sobre ese secuestro hay más cuentos.
SEMANA: ¿Como cuáles?
P.: Cuando yo le estaba haciendo el seguimiento al doctor Pastrana, yo no conocía casi Bogotá, pero me fui al norte y entré a un restaurante. Cuál no sería mi sorpresa cuando vi en una de las mesas al doctor Mauricio Gómez, el hijo de Álvaro Gómez. Él no tenía escolta, mientras que Andrés Pastrana tenía varios. Entonces llamé al patrón y le pregunté si cambiábamos de personaje. Él me dijo: “No sea bruto, Pope. A mí solo me sirven los que quieren ser presidentes”.
SEMANA: ¿Y cómo le fue a usted con Pastrana?
P.: La verdad, él estuvo muy controlado mientras creía que éramos un comando del M-19. Lo metí en un baúl de un carro, y el hombre, tranquilo. Después lo metimos en un helicóptero y seguía controlado. Pero él en un momento dado se dio cuenta de que lo estaba engañando. Yo soy muy bruto y él es muy inteligente. Entonces me frenteó y me pidió que le dijera quiénes éramos. Cuando le dije que estaba retenido por orden de Pablo Escobar, se derrumbó. Ahí se le acabaron las fuerzas.
SEMANA: ¿Y cómo fue que se salvó?
P.: La tropa estaba peinando la zona y accidentalmente llegaron a él. Él, otra vez en control de la situación, logró que un policía se prestara como voluntario para canjearse por él. Así fue que se nos fue.
SEMANA: Pero ese mismo día ustedes mataron al procurador Carlos Mauro Hoyos.
P.: Sí, yo había encabezado el operativo contra él en la carretera de Las Palmas. En la balacera se había encunetado el carro y el procurador había quedado levemente herido de bala en un pie. Cojeando lo saqué de ahí y llamé al patrón. Él me dijo que como acababa de ser liberado el doctor Pastrana, podíamos perder credibilidad si no actuábamos con energía. Me ordenó hacerle un juicio por traición a la patria, ya que tenía contactos con la DEA, y ejecutarlo. Yo seguí las órdenes, le dije que era su juez y que por traición a la patria estaba sentenciado a muerte. Él protestó indignado y empezó a gritar: “¿Cuándo traicioné a la patria?”. Y ahí lo maté.
SEMANA: Pero usted se reunió recientemente con Pastrana y me imagino que intercambiaron opiniones sobre todo esto.
P.: Sí, pero hay un tema que por delicadeza no me atreví a tocar. Fue el relacionado con su suegro, el doctor Eduardo Puyana. Ahí hay un cuento complicado que nunca se ha contado.
SEMANA: ¿Ustedes tuvieron que ver en ese asesinato?
P.: Directamente no, pero indirectamente sí. Yo era el jefe del brazo armado del cartel en Bogotá, pero cuando mi foto comenzó a aparecer en la televisión con los carteles de ‘Se busca’, me tocó regresar a Medellín y esconderme. En ese momento, el patrón nombró un nuevo equipo para reemplazarme. Esa gente secuestró al doctor Puyana por cuenta propia en circunstancias que yo no conozco y lo acabaron matando. Cuando el patrón se enteró, se puso furioso, pues él creía que el manejo de los secuestros de la clase alta lo podía dirigir solamente él y que no podía haber ruedas sueltas. Les ordenó a esos muchachos venir a Medellín y al llegar, fueron ejecutados todos.
SEMANA: Cada respuesta suya es más macabra que la anterior. Sorprende la tranquilidad con la que usted enfrenta su nueva vida al salir de la cárcel. ¿Qué le gustaría hacer en el futuro?
P.: Me gustaría usar mi experiencia para contribuir en el posconflicto. Lo que yo he vivido no lo ha vivido nadie. Fui sicario de Pablo Escobar. Fui compañero de celda de los peores enemigos de Pablo Escobar. He sido amigo o enemigo de todos los muertos de las guerras recientes de Colombia. Todo eso me da un conocimiento y unas experiencias que creo se pueden canalizar hacia algo constructivo. Quiero enseñarles a los jóvenes de Colombia que no tienen por qué vender sus vidas por un Mercedes-Benz o por los cucos de una reina de belleza, como hice yo. Ojalá que me den esa oportunidad.

FUENTE: http://www.semana.com/nacion/articulo/popeye-sale-de-la-carcel/357585-3


domingo, 18 de enero de 2009

POPEYE EL MARINO CUMPLE 75 AñOS




EL DEVORADOR DE ESPINACAS MÁS FAMOSO, Popeye el marino cumple 75 años.




El pretendiente de Olivia llegó a remplazar a Mickey Mouse como el personaje de animación más popular en Estados Unidos. (fuente EUROPA PRESS)




NUEVA YORK (EEUU).- Con sus brazos tatuados y su peculiar forma de hablar, Popeye ha cumplido este fin de semana 75 años. El marino, que desembarcó el 17 de enero de 1929, apareció como un personaje secundario en la historia 'Thimble Theater' diseñada por E.C. 'Elzie' Segar para el diario neoyorquino 'Evening Journal'.

Desde entonces, nadie ha podido parar al ilustre devorador de espinacas, pretendiente de Olivia, rival de Brutus y protector de Cocoliso, que incluso llegó a remplazar a Mickey Mouse como el personaje de animación más popular en Estados Unidos.

El personaje (que significa ojo saltón en inglés), con sus pantalones azules, camisa negra, gorro blanco y pipa en boca, hizo su aparición por primera vez en una tira cómica que narraba las aventuras de Ham Gravy, su novia Olive Oyl y su hermano Castor. Popeye nació con la frase 'Ja, think I'm a cowboy?' ('Ja, ¿acaso piensas que soy un vaquero?') a la pregunta de Castor 'Are you a sailor?' ("¿Eres un marinero?").

Popeye, marinero, vegetariano y fumador de pipa, continuó siendo personaje secundario de la tira hasta que los lectores pidieron más aventuras suyas. Fue entonces cuando el marinero de buen corazón sustituyó a Ham en el corazón de Olivia y los creadores dieron a Castor infrecuentes apariciones. La tira fue rebautizada como 'Thimble Theater, Starring Popeye'.

Competencia en el sector

Los años 30 estuvieron marcados por la estrategia de numerosas compañías de estrellas de la animación, como Disney con Mickey Mouse, Pato Donald y Goofy; Warner Bros con Bugs Bunny y Pato Lucas; Fleischer Studios con Betty Boop. Estos últimos estudios fueron creados por los hermanos Max y Dave Fleischer en 1921 (entonces llamados 'Out of the Inkwell Films'). Una de las patentes más importantes de los estudios fue la creación del "rotoscope", un proceso con el que se conseguía una película de animación con movimientos muy reales.
Max Fleischer consiguió así los derechos de la Hearst's King Features Syndicate para convertir a Popeye en una estrella del celuloide. La producción del primer Popeye tuvo lugar en secreto cuando Roland Crandall, solo y a mano, animó la película ayudado por la introducción de alguna animación reciclada de Shamus Culhane de la primera 'Betty Boop's Bamboo Isle' (1932). La animación tuvo tal éxito que las dos compañías llegaron a un acuerdo por cinco años.
'Popeye el marino soy'
Max y Dave Fleischer deseaban crear películas en las que su estrella Betty Boop apareciera acompañada de otros personajes. De esta forma, en 1933 fue estrenada la película de Crandall 'Betty Boop presents Popeye the Sailor' ('Betty Boop presenta a Popeye el marino') en la que Popeye cantó su famosa canción 'I'm Popeye the Sailor' ('Popeye el marino soy') y en la que se peleó por primera vez con Brutus por su amada Olivia iniciando así la serie de Popeye, de éxito inmediato.
Segar y el equipo de Fleischer trabajaron mucho para caracterizar a sus personajes. La voz de Brutus era la de Gus Wickie de la Paramount; Olivia fue interpretada por Mae Questel, mientras que Popeye fue interpretado por William Costello, alias Red Pepper Sam y, más tarde por Jack Mercer.
Popeye llegó incluso a remplazar a Mickey Mouse como el personaje de animación más popular en Estados Unidos. Con su lanzamiento al cine, resurgieron antiguos personajes y otros nuevos fueron creados, como Brutus, su eterno rival, una caricatura de un "malvado" rudo y torpe, Swee'Pea y Wimpy. Asimismo, los hermanos Fleischer también inventaron el gran poder sobrehumano que le daba la ingestión de espinacas.
Enorme éxito

El proceso de "rotoscope" fue utilizado con éxito en 'Popeye the Sailor meets Sinbad the Sailor' ('Popeye el marino se encuentra a Sinbad el marino'). También era la primera vez que aparecía en color Popeye. Poco después también fueron creados 'Popeye meets Ali Baba and his fourty thieves' ('Popeye se encuentra a Alí Baba y sus cuarenta ladrones') y 'Popeye meets Aladdin and his wonderful lamp' ('Popeye se encuentra a Aladino y su lámpara maravillosa').
Posteriormente, los Fleischer Studios fueron comprados por la Famous Studios, propiedad de la Paramount. La Famous siguió produciendo dibujos de Popeye y muchos de éstos eran nuevas versiones de las primeras películas de los Fleischer.
Fue entonces cuando se introdujo el color y técnicas de 3-D, aparecieron nuevos personajes (Pip-Eye, Peep-Eye y Pup-Eye), los uniformes de la Marina para Brutus y Popeye y los nuevos vestidos de Olivia.
En 1980, Robin Williams interpretó a Popeye y Shelley Duvall a Olivia en una película musical producida por la Paramount. En 1993, la cadena Ted Turner celebró el 60 aniversario de la película del marino con Popumentary, una serie de seis programas especiales.
Historia de las espinacas
A pesar de que todo el mundo conoce a Popeye por la fuerza sobrehumana que le concedían las espinacas, el personaje no comenzó su historia empleándolas con ese fin.
Cuando apareció por primera vez en la tira cómica, la espinaca no le daba una fuerza sobrehumana, la comía simplemente porque le gustaba.
En 1929, cuando aparecía en la tira 'Thimble Theatre', la única relación entre Popeye y las espinacas era la del gusto y este vegetal no contribuía para nada en el crecimiento de sus grandes músculos. Popeye era fuerte porque sí, sin necesidad de comer nada. No fue sino varias décadas después, cuando Popeye entró en la historia televisiva, cuando apareció la idea de que eran las espinacas las que lo convertían en todopoderoso.
Al parecer, todo indica que en realidad los superpoderes que le daban las espinacas eran una forma de hacerle propaganda a estos vegetales durante la Segunda Guerra Mundial.
Por algún motivo, le convenía a Estados Unidos que sus habitantes comieran más espinacas y Popeye ayudaba a conseguir este fin.
Los productores estadounidenses de espinacas llegaron incluso a homenajear a Popeye. La ciudad texana de Crystal City, que se proclamó "capital de las espinacas", le dedicó una estatua acreditándole un aumento del 30 por ciento en el consumo de esta legumbre en Estados Unidos.
Otra estatua fue erigida en Chester (Illinois), otra "capital de las espinacas" y ciudad natal de Elzie Segar. Allí está situado el "club oficial de seguidores de Popeye" que se reunirá el próximo verano para celebrar su 75 aniversario.
En Nueva York, el rascacielos Empire State estará iluminado con luces verdes durante tres días consecutivos para conmemorar los 75 años de Popeye, según informó el administrador de este edificio neoyorquino. Cada noche, de viernes a domingo, la cumbre del edificio de 102 pisos se encenderá del color del plato favorito de Popeye.