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miércoles, 15 de octubre de 2014

"MINISTRO URRESTI NO SABE NADA DE SICARIATO"

"MINISTRO URRESTI NO SABE NADA DE SICARIATO"
El vicepresidente de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, Heriberto Benitez Rivas, sostuvo que el Ministro del Interior, Daniel Urresti, no sabe del peligro, ni se imagina la gravedad que representa el sicariato dentro de nuestra sociedad, o sea desconoce por completo que en este tipo de delitos la vida humana es considerada una mercadería o un objeto a la cual le ponen un precio o pagan una tarifa, y sobre la cual deciden un autor mediato y un autor material; no sabe que esta figura criminal es equivalente a la degradación de la vida y la dignidad humana.
"El sicariato es más grave que el secuestro, extorsión o robo agravado seguido de muerte; en esta figura criminal estamos ante asesinos asalariados, con tarifas, que le ponen un precio a la vida humana y cobran por ejecutar personas y existen otros autores mediatos que pagan para que se cometa el delito" enfatizó Benítez Rivas.
"El Ministro Urresti ni siquiera sabe que esta modalidad del sicariato (con motocicletas) ya fue utilizada en otros países (Colombia), donde prohibieron que las motos lleven pasajeros o sea sólo podría circular una motocicleta con una persona sin acompañante, lo cual redujo la tasa criminal" indicó Benítez Rivas.
"En Colombia, por ejemplo, esta figura del sicariato, utilizando motocicletas, se dio en los años 80 y se cometieron crímenes horrendos contra quienes denunciaban la penetración del narcotráfico en la política y el deporte, como el asesinato del Ministro de Justicia, Rodrigo Lara (1984), del director del diario "El Espectador", Guillermo Cano (1986), así como del abogado-periodista Jaime Garzón (1998)" recordó Benítez Rivas.
Finalmente, Benítez Rivas preciso que el sicariato no es problema de la globalización, ni de enfrentamientos entre delincuentes; se trata de una figura criminal que degrada la vida y la dignidad humana, por eso merece una sanción ejemplar y debe ser combatida frontalmente.
 
Lima, 15 de octubre del 2014.
 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Alias 'Popeye' (Entrevista en BOCAS) Entrevista de la edición 16 de BOCAS con John Jairo Velásquez Vásquez, 'Popeye', desde la cárcel.

Alias 'Popeye' 
(Entrevista en BOCAS)
Entrevista de la edición 16 de BOCAS con John Jairo Velásquez Vásquez, 'Popeye', desde la cárcel.
Foto: Sebastián Jaramillo
Dice que no tiene miedo de ser asesinado
Popeye –uno de los asesinos más cercanos a Pablo Escobar– dice que mató a más de 250 personas y que participó en la muerte de otras 3.000; no siente remordimientos, pero alega que ya cumplió con la justicia y espera salir libre este año después de 22 años en la cárcel. No tiene miedo de ser asesinado, dice que afuera sus únicos enemigos son los hermanos Ochoa, que no quiere volver a matar y que su gran sueño es una película con la verdadera historia del Cartel de Medellín.

El pabellón de recepciones de la Cárcel de Máxima Seguridad de Combita, en Tunja, es un patio pequeño, de concreto gris, compuesto por 20 celdas y un solar enrejado, por el que han pasado los mayores criminales del país pedidos en extradición por EE. UU. En este lugar está detenido, desde hace cerca de ocho años y exiliado de población carcelaria por su seguridad, John Jairo Velásquez Vásquez, “Popeye”. Fue uno de los hombres más sanguinarios del Cartel de Medellín y lugarteniente de Pablo Escobar.
Popeye está vestido con un jean Levi’s azul oscuro, lleva una cachucha que alguna vez fue roja, un buzo escarlata y unos Crocs negros. Me saluda efusivamente. Se nota que le gusta que lo entrevisten. Se quita la cachucha, me muestra su cabeza y dice que ya dejó de contarse las canas. Nos sentamos en una mesa donde reposa un tablero de ajedrez. Me confiesa que no sabe jugar y que las fichas son de su único compañero, “Sebastián” [Erickson Vargas Cardona, el máximo cabecilla de la “Oficina de Envigado”]. Sebastián me mira de reojo y se mete en su celda. Popeye me dice que no sabe nada de su compañero y luego me recalca que estamos para hablar de él.
Y empieza por su prontuario: asesinó a 250 personas, bajo sus operaciones murieron cerca de 3.000 colombianos, entre ellos excandidatos presidenciales, altos mandos de la policía, periodistas, magistrados y civiles. “Yo estoy condenado por todos los delitos del Cartel de Medellín, por la muerte de Luis Carlos Galán, el atentado del avión de Avianca, las bombas en Cali, Bogotá y Medellín, por todas las muertes que ocasionamos”. Con cierto orgullo me muestra dos impactos de bala que no pudieron acabar con su vida. Uno entró y salió por un costado de su brazo. El otro por su pecho, le rozó el corazón y salió por la espalda. El policía que hizo el último disparo murió segundos después, “reaccioné rápido y lo maté”.
Tras casi 22 años de estar recluido alega que ya ha sido suficiente. Aunque dice no sentir remordimiento por las víctimas, pide perdón y reconoce que actuó cegado por el dinero, la codicia y su devoción por Pablo Emilio Escobar Gaviria, a quien no deja de admirar y del que dice “era un ser de otro planeta”. Hoy solo quiere reintegrarse a la sociedad –entre julio y septiembre de este año sale libre–, y recalca que ya es hombre de paz. Que a pesar de que todavía haya gente que lo quiere matar, no volverá a tomar un arma para acabar con la vida de otro ser humano.

¿Es verdad que este año sale libre? ¿Qué piensa hacer?
Sí. Entre julio y septiembre. Una cosa es cuando uno está aquí adentro y otra cuando ya toca el pavimento. He pensado en irme del país, pero las cosas cambian con el tiempo, hay que esperar lo que suceda en la calle. Tengo perspectivas sencillas. Ahora quiero disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. Tengo claro que no vuelvo a recibir un contrato para matar a alguien.

¿Cómo son sus días en la cárcel?
Me levanto a las seis de la mañana, organizo mi celdita, hago una oración, pongo a calentar el café, me pego una duchita con agüita bien fría. Me preparo el desayuno y oigo noticias en la radio o me pongo a ver el noticiero. Puedo ver televisión de seis de la mañana a seis de la tarde. Entran los canales nacionales. Tengo un teléfono directo instalado en un costado del pabellón. Según el día, llamo a mis abogados para saber cómo va mi proceso con el juez de ejecución de penas. También hablo con mi hijo y con los pocos amigos que me quedan. Después me pongo a escribir. Aquí el enemigo más grande es la monotonía.

¿Quién lo visita regularmente?
Mis abogados, periodistas, muchos periodistas. Desde hace cinco años no tengo visitas de familiares o amigos cercanos. Tampoco conyugal. Tengo derecho a una visita íntima cada mes, pero no me gustan las prostitutas. Me cuido mucho, le tengo miedo al sida. Tampoco tengo novias porque “en este paseo” todo es más difícil. Acá me conseguí una novia, abogada, nos enamoramos, pero al primer escándalo salió corriendo. Me la levanté a punta de carreta. Yo soy bien tierno, me enamoro fácil. Más de uno cree que porque fui bandido y asesino no soy respetuoso con las mujeres.

¿Cómo es la relación con los guardias?
Como todo en la vida. Si los respeto, ellos me respetan. Con ellos no hay mucha ternura [risas]. Son gente buena, hemos tenido problemas, una vez me golpearon, pero descubrí una herramienta más poderosa que las ametralladoras: la justicia. Si uno tiene un problema, recurre a la Procuraduría y allá se lo solucionan. Yo era muy agresivo, pero aprendí a respetar.

¿Ya vio la serie de Escobar el patrón del mal?
Sí, apenas la estoy empezando. Me la mandaron hace poco, la estoy viendo en dvd piratas. Me gustó mucho, porque Andrés Parra hace un personaje inigualable. Yo creo que ni en Hollywood pueden conseguir un actor como este para hacer de Pablo. La voz es igual, la actitud. Me gustó también el personaje de Carlos Mariño, el que hizo de “Popeye”, o como le ponen allí: “El Marino”. Fue bonito verme interpretado, porque aborda el personaje con mucho respeto. Me impactó que actuaba muy parecido a mí. Se le arrimaba al patrón igual que yo: con respeto.

¿Quiere llevar su vida al cine?
Con Hollywood estamos tratando. Astrid Legarda Martínez, la experiodista de RCN que escribió conmigo el libro El verdadero Pablo: Sangre, traición y muerte, está en Estados Unidos haciendo contactos, hablando con personas que se han mostrado interesadas en un proyecto cinematográfico. Por el libro ella tuvo que salir exiliada del país. Yo quiero que hagan una película bien hecha, con los nombres reales. Hace un tiempo me contactó la gente que hizo Paraíso Travel, pero ofrecieron muy poquito y no pudimos llegar a un acuerdo.

¿Dónde nació?
Nací en Yarumal, Antioquia, un pueblito a dos horas de Medellín. Un lugar de tierra fría, conservador. Tuve una niñez un poco limitada, porque el lugar es montañoso. Allá no se juega al fútbol, no se monta en bicicleta, no se hace nada. Luego, por el trabajo de mi papá, nos trasladamos a Itagüí. Allí empecé a ver el mundo. Conocí gente y tuve mi primer acercamiento con la violencia, con la crudeza de una zona industrial. Años después nos fuimos a un barrio de clase media-alta de Medellín. Allí me vinculé al mundo del narcotráfico.

¿Qué quería ser cuando era niño?
Oficial de la policía. Luego quería ser marino. Me gustaban mucho las armas. Yo quería el mundo de las armas con la constitución, con las Fuerzas Militares. No se dio y me tocó llegar a ellas por la ilegalidad.

¿Pero intentó al menos cumplir su sueño?
Sí. Cuando estaba en cuarto de bachillerato dejé de estudiar e ingresé en la Escuela de Suboficiales de la Armada en Barranquilla. Me aburrí. Yo soñaba con majestuosos navíos, pero no había nada de eso. Solos unos barcos de madera decomisados a marimberos. Me retiré y me devolví a Medellín a terminar el colegio. Luego me fui para Bogotá e ingresé a la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional General Santander, pero también me desencanté. Solo estuve seis meses. Regresé a la ciudad y me reencontré con Pinina, un amigo del barrio.

Hábleme de Pinina…
“Pinina”, John Jairo Arias Tascón, era un hombre por ahí de 1,64 metros de estatura, inteligente, muy bien presentado, tenía una cara perfecta, el pelo largo, por eso le decían Pinina, por su parecido a la actriz argentina Andrea del Boca, que interpretaba ese papel. Nos conocimos en el barrio. Él era el hombre que tenía Pablo Emilio Escobar Gaviria para que lo reemplazara en el Cartel de Medellín y protegiera a su familia en caso de que lo mataran. Pinina murió por el Bloque de Búsqueda en 1990. Yo estaba con él ese día. Me fui a recoger un dinero y cuando él entró a su apartamento a esperarme, le cayeron.

¿Cómo fue su primer acercamiento con Pablo Escobar?
Cuando me reencontré con Pinina yo ya sabía que él pertenecía a los hombres de Pablo Escobar. Luego comencé a trabajar con un ingeniero, un señor que le decían Nandito, amigo de Gustavo Gaviria, primo del patrón. A Nandito le tocó a arreglar un toro mecánico de la hacienda Nápoles. Allí fui testigo, por primera vez de la vida que yo podía llegar a tener. Un año después un conocido me puso a trabajar de conductor y escolta de una niña del barrio El Poblado, Elsy Sofía. Empecé a trabajar con ella y resultó siendo novia de Pablo Escobar.

¿A qué edad comenzó a trabajar para el Cartel de Medellín?
Desde muy joven. A los 18 años empecé a recibir “contratos” (asesinatos) por parte de esta organización. Comencé a operar al lado de Pinina, él me enseñó a trabajar. Después me dejaron “caminar” solo. A tirar operativos tan grandes como el secuestro del señor Andrés Pastrana. A ser la cabeza de acciones como el secuestro y posterior asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos. A dirigir los asesinatos de personajes de la justicia de este país. A callar a más de un periodista.

¿Qué escribe?
Muchas cosas. Acabé de terminar mi segundo libro. Lo vamos a presentar en la Feria del Libro de Bogotá en abril. Relata los casi 22 años que llevo preso. Escribí todas mis vivencias. Me han pasado cosas muy charras como encontrarme con mis grandes enemigos, los hermanos Rodríguez Orejuela y “Don Berna”. Mi celda es la 17, a él lo recluyeron en la 18, nos comportamos como si nada hubiera pasado. Por acá también estuvieron “Macaco” y “Rasguño”. Más adelante me gustaría escribir una novela a cuatro manos, con un escritor bien ranqueado. No soy un buen escritor, pero soy buen relator.

¿Por qué se convirtió Don Berna en uno de sus grandes enemigos?
Don Berna era chofer de los narcotraficantes Fernando y Mario Galeano. Un simple escolta de ellos. Ni siquiera llegó a conocer personalmente al patrón. Cuando matamos en la cárcel la Catedral a Fernando “el Negro” Galeano, Don Berna se fue para donde los hermanos Castaño a contarles lo que habíamos hecho. Desde la cárcel ordenamos atentados contra él porque nos dimos cuenta de que estaba planeando vengarse por la muerte de sus patrones. Pero se nos voló a Cali con Rafael Galeano, otro de los hermanos que aún seguía con vida. Allá, con el aval de los Castaño, se alió con los hermanos Rodríguez Orejuela y cogió mucho poder dentro del grupo de “Los Pepes” [Perseguidos por Pablo Escobar].

¿Por qué Pablo Escobar comenzó a ejecutar a sus socios?
El patrón era socio de los hermanos Galeano y los hermanos Moncada Cuartas. Antes de entregarnos a la justicia hicimos un acuerdo con ellos, donde se convino que a Pablo Escobar, por ser el jefe, se le iba a mantener económicamente durante su estancia en la Catedral mientras se reactivaba el narcotráfico. Es que llegamos allá ilíquidos. Se pactó que todos los demás narcos siguieran traqueteando, pero debían mandarnos mensualmente quinientos mil dólares. La plata llegó durante los primeros diez meses. Al undecimo mes solo mandaron 50 millones de pesos. El patrón devolvió ese dinero diciéndoles que no les estaba pidiendo limosna. Los hermanos Moncada y Galeano respondieron que no tenían ni un peso, pero el patrón sabía que ellos eran muy ricos. Dio la casualidad que ese mes, un trabajador del “Chopo” encontró 23 millones de dólares en una caleta en el barrio San Pío de Itagüí. De una nos reportó ese dinero y lo tomamos. Fernando Galeano y uno de los Moncada –Gerardo “Kiko”– se dieron cuenta de que un muchacho de nosotros tenía la plata y subieron a la Catedral para hablar con el patrón. No se imaginaban lo que les esperaba.

¿Cómo fue la muerte de estos dos narcotraficantes?
Los hicimos entrar a la cárcel la Catedral, porque afuera era más difícil matarlos. Si mandábamos a uno de los hombres a secuestrarlos, nos lo podían “voltear” –sobornar– con cien millones para que los liberaran. Por eso el Patrón dio la orden de amarrarlos, torturarlos y darles sus tiros de gracia. Como sacar los cuerpos en un camión era un problema a causa de los anillos del Ejército que custodiaban la cárcel, el Patrón tomó la decisión de descuartizarlos y quemarlos. Les dijimos al Ejército y al director del penal que íbamos a hacer una fogata durante la noche. Para que no se sintiera el olor de los cuerpos quemándose –y por si al Ejército le daba por inspeccionar–, al lado de la fogata hicimos un asado. El olor de la carne asada se camufló con el de los cadáveres rostizados. Ambos olores son parecidos. Pero “cremar” a una persona en esas condiciones es muy difícil, y eso que duramos toda la noche volteando los restos en la fogata. Lo que quedó lo desmenuzamos con un martillo y lo deshicimos en ácido. Eso de que encontraron huesos en la Catedral es mentira.

¿A qué otras personas mataron en la Catedral?
Se habla de cientos de muertos, pero la verdad es que no matamos a nadie más. Sí se ordenaron muchos asesinatos. Cuando llegamos a la Catedral teníamos una pelea muy brava. Guerra con los paramilitares, guerra con el Cartel de Cali, y guerra con la Policía. El patrón mandó a ejecutar a Henry de Jesús Pérez [jefe de las autodefensas del Magdalena Medio, asesinado en 1991 en Puerto Boyacá]. El otro Galeano –Mario– y el otro hermano Moncada –William– fueron asesinados por los demás muchachos del grupo grande que se quedó afuera. El patrón mató a sus socios porque ya sabía que ellos tenían acuerdos con el Cartel de Cali.

¿Cómo era la rutina en la Catedral?
Eso allá era una parodia de cárcel. La guardia municipal eran bandidos disfrazados de guardianes del Inpec. Y la guardia que sí era del Inpec, a nivel nacional, estaba en la parte externa. No teníamos contacto con ella. El último anillo de seguridad era el del Ejército. Pero ellos también se hacían los de la vista gorda. Quien realmente tenía el control de la seguridad del lugar era el patrón. Esa cárcel se ganó en una guerra. Por eso dejaron que tuviéramos condiciones especiales.

¿Cómo fue la relación del Cartel de Medellín con el de Cali?
En un principio los hermanos Rodríguez Orejuela eran amiguísimos de nosotros. Estuvieron muchas veces presentes en las reuniones que se hacían en la hacienda Nápoles. Incluso, cuando en 1984 capturaron en España a Jorge Luis Ochoa y al señor Gilberto Rodríguez Orejuela, se unieron los dos carteles para planear un rescate de las dos cabezas de cada una de las organizaciones, antes de que los extraditaran a Estados Unidos. Finalmente, con mañas judiciales, lograron que los mandaran a Colombia. Acá los absolvieron a ambos.

¿Entonces por qué empezó la disputa?
La guerra empezó por un lío de faldas entre “Piña” y Jorge Elí “el Negro” Pabón. “El Negro” Pabón era un hombre muy leal a Pablo Emilio Escobar Gaviria. Y Alejo Piña era un hombre de “Pacho” Herrera. Ambos habían sido amigos en una cárcel de Nueva York. Pero cuando El Negro salió de prisión, se enteró de que Piña estaba viviendo con la que había sido su esposa. El Negro habló con el patrón y acordaron que había que matar a Piña. Como el Cartel de Medellín mató a Hugo Hernán Valencia, un hombre que había tenido un problema con Gilberto Rodríguez, les pedimos a los Rodríguez que nos devolvieran el favor. Que nos dejaran matar a Piña, o que ellos mismos, con su gente, se encargaran de él. Nosotros no sabíamos del poder económico y militar de “Pacho” Herrera. Los Rodríguez, en vez de explicarle esto al patrón, fueron directamente a decirle a “Pacho” Herrera que el Cartel de Medellín le quería matar a Piña y ahí se armó la guerra. Los Rodríguez se beneficiaban de “Pacho” Herrera. Él era el rico de Cali.

¿Cómo fue su primer asesinato?
Me tocó matar a un despachador de buses en Envigado. Cuando él era conductor, la mamá de un amigo de Pablo Escobar se subió al bus que él conducía, y antes de bajarse arrancó, la hizo caer, la dejó tirada en el suelo, no la ayudó y ella murió; cuando este muchacho consiguió plata, le pidió a Pablo Escobar que lo ayudara a vengarse del conductor. Yo hice la inteligencia, encontré al tipo y lo maté. No sentí nada. Eso de que uno no duerme pensando en los muertos no aplica conmigo. Tampoco he necesitado recurrir a la droga, a fumar cigarrillo o tomar pastillas para estar tranquilo. Los actos que he cometido no me han quitado el sueño.

¿Cuál era su arma preferida?
Dentro del Cartel de Medellín una subametralladora MP5 que tenía el patrón. También el fusil AR-15 556. Hicimos la guerra con armas relativamente pequeñas, hasta con pistolas y revólveres. Luego aprendimos a usar la dinamita. Con esa arrodillamos al país. Pusimos 250 bombas en Cali, Bogotá y Medellín. La más brava fue la del DAS. En la serie nos han mostrado usado rockets (lanzacohetes). Alcanzamos a tener pero casi nunca los usamos. Un rocket es muy difícil de manejar, para eso se necesita entrenamiento militar. Me acuerdo que un día estábamos en la hacienda Nápoles, Carlos Lehder sacó uno para probarlo contra una casa, disparó y el misil se le fue contra unas fincas más allá, ¡hizo un daño ni el verraco!

¿Quiénes quedan vivos del Cartel de Medellín?
“El Arete” vive en España. Unos dicen que “el Mugre” está vivo, otros que está muerto, no estoy seguro. Y no más.

¿Tenía algún ritual para antes o después de matar?
Para nada. Gracias a Dios yo soy muy educado. Nunca me comí el cuento de que había que encomendarse a un santo o hacer algún ritual. Los que hacen eso están locos. En esa época había ritos y muchachos que andaban con escapularios. No niego que creo mucho en Dios. Usted sabe que el paisa es rezando y matando… [Risas].

¿En algún momento pensó en traicionar a Pablo Escobar?
Jamás. Lo primordial era protegerlo y pelear con él. Incluso en su momento más crítico, cuando le dio paludismo cerebral, los únicos que estuvimos a su lado fuimos El Arete y yo. El patrón estuvo varios días enfermo y tirado en una cama. Yo pude haberlo metido en un costal y venderlo como un bulto de papas. Pero él era amado por nosotros en el buen sentido de la palabra. Fue quien nos enseñó a pelear y nos dio todo. Si Pablo Escobar volviera a nacer me iría con él sin pensarlo.

¿No sintió que Pablo Escobar podía traicionarlo o entregarlo como hizo con Carlos Lehder?
Lehder fue entregado a las autoridades por Pablo Emilio Escobar Gaviria porque cometió un error: mató al Rollo por un lío de faldas. El Rollo era un sicario muy importante para el Cartel de Medellín, del mismo talante mío. Lehder se había vuelto inestable, problemático, todo el día metía cocaína. En esa época la policía de Medellín trabajaba con nosotros. Los altos mandos nos llamaban y nos decían que si no había alguna captura los iban a cambiar. El patrón lo entregó para parar la jauría.

¿Qué puede decir sobre Griselda Blanco, asesinada hace poco, y de quien se dice fue la patrona de Pablo Escobar?
Una dura. En un principio, cuando era dueña del barrio Antioquia, tuvo mucho más poder que Pablo Escobar. Alcanzó a ser la patrona de Medellín, pero el patrón no quiso marchar para ella. Por eso, cuando ella ve que el patrón está creciendo, lo quiere matar. Y ahí es cuando él se le enfrenta con todo el grupo y la saca corriendo para Miami a finales de los años setenta. Griselda prefirió no entrar en una guerra.

¿Alcanzó a ser rico?
Sí. Nosotros ganábamos mucho dinero. Y había gente que dependía de mí y también le iba muy bien. Hoy no soy rico. Pero por ahí tengo unos pesitos que me ayudan a mantenerme, a vivir bien. Yo aprendí que en este país para vivir bien no se necesita mucho. Eso sí, no vuelvo a comprarme un reloj de oro, un Mercedes-Benz, una finca con piscina. Y la próxima mujer que me consiga tiene que ser humilde. Una mujer que no sea tan gastona para no tener que meterme en problemas.

¿Alguna vez se dio alguna excentricidad?
No. El único gusto que me he dado en la vida son las mujeres. Dentro de las que he tenido puedo nombrar a mi exesposa Ángela María Morales y a mi novia Wendy Chavarriaga, exnovia de Pablo Escobar, y a quien me tocó mandar a matar por orden de él. Dos princesas hermosísimas, reinas de belleza.

¿Se arrepiente del asesinato de Wendy?
Lo de Wendy fue una locura. Yo mandé a un grupo de muchachos –hoy todos está muertos– que estaban bajo mi mando. No fui capaz de ejecutarla. Le puse una cita y ellos se encargaron. Realmente hoy no lo haría. No me arrepiento de nada, no se puede cambiar el pasado, pero a veces en mi celda me lo recrimino… Si algún día vuelvo a ver a Wendy, solo podría decirle como en las películas: “I’m sorry”. No era yo. Tenía toda esa violencia en la cabeza. Lo que pasa es que en esa época yo era un hombre muy leal a Pablo Escobar y ella se había convertido en informante del Bloque de Búsqueda. Wendy nunca le perdonó al patrón que la durmiera y con la ayuda de un veterinario la hiciera abortar un hijo de ellos dos.

Hábleme de su exesposa y su hijo…
Tengo rota la unidad familiar… Soy separado gracias a Dios, porque el matrimonio es una cadena perpetua, por lo menos aquí me rebajan los años [risas]. Mi exesposa vive con mi hijo en Estados Unidos. Con él hablo por teléfono, nos escribimos, me manda ropa. Yo no he querido que venga a visitarme. No quiero que le tomen fotos, no quiero arriesgar su vida. No sé si cuando salga lo vaya a buscar. Además, como le digo, la situación con la mamá es complicada.

¿Cómo fue su matrimonio?
Mi padrino de bodas fue Iván Urdinola Grajales. Con él nunca hubo problemas porque era del Cartel del Norte del Valle. Tuvimos una boda “normalita”, sencilla. El cura no me quería casar porque me faltaba un papel, me tocó coger un cuchillo y amenazarlo [risas]. Le dije: “me casa hijue…, o lo mato”. Me casé con un cura amenazado y el matrimonio me salió “malangas”.

¿Cuando salga quiénes pueden atentar contra su vida?
Mi cabeza tiene precio solo para la familia Ochoa Vásquez. Por eso estoy protegido acá. Ellos son los únicos que me quieren matar. La familia del patrón solo se dedica a difamarme y desvirtuarme. Pero el que realmente está ofreciendo dinero para que me maten es Jorge Luis Ochoa Vásquez, apoyado por una persona que siempre ha estado oculta y la historia ha dejado como víctima por haber sido secuestrada por el M-19: Martha Nieves Ochoa, “la hermana maquiavélica”. El patrón, con la aprobación de Jorge Luis Ochoa –dato del que quizás se entere apenas con esta entrevista– le mandó a matar al esposo cuando no quiso aportar dinero al grupo de Los Extraditables. El encargado de ese trabajo fue Pinina. Lo ejecutó dentro un gimnasio del barrio El Poblado en Medellín.

Usted afirma que el hijo de Pablo Escobar (hoy Sebastián Marroquín) alcanzó a cometer delitos…
Sí, él es un bandido. Cuando yo estaba en la cárcel La Modelo, el patrón me autorizó para que le pagara 50.000 dólares a un testigo que pensaba declarar contra Juan Pablo, en la muerte del capitán de la policía Fernando Hoyos Posada en 1992. Juan Pablo estuvo el día del atentado. Ayudó a instalar una caneca con dinamita para volar la casa donde murió el oficial. Juan Pablo, desde los doce años, participó en varias torturas que llevamos a cabo en la hacienda Nápoles.

¿Cómo eran las torturas?
Duras, crudas. Utilizábamos muchas cosas para torturar a los que considerábamos nuestros enemigos. Bolsas, agua caliente, herramientas, soldadores, cuchillos. Los llamábamos “métodos de presión”. Lo último que les mostrábamos a los que llevábamos a torturar en la hacienda Nápoles era un arma de fuego.

Qué tiene para decirle a la gente que no está de acuerdo con que usted salga libre…
Soy un hombre que busca una oportunidad en la sociedad. Un hombre que está en paz consigo mismo. Cuando salga, repito, no pienso hacerle mal a nadie. No le tengo miedo a la justicia porque me he dado cuenta de que inclusive para un hombre como Popeye puede haber justicia.

FUENTE:
Por:  DANIEL VIVAS BARANDICA
Entrevista publicada en febrero de 2013 en la edición 16 de BOCAS.
http://www.eltiempo.com/bocas/popeye-uno-de-los-asesinos-cercanos-a-pablo-escobar-en-entrevista-con-revista-bocas/14425556

miércoles, 27 de agosto de 2014

John Jairo Velásquez Vásquez, Sicario de Pablo Escobar, alias Popeye, sale de prisión en Colombia

John Jairo Velásquez Vásquez,
sicario de Pablo Escobar, alias Popeye, sale de prisión en Colombia
John Jairo Velásquez Vásquez "Popeye"
Popeye, el jefe de sicarios del extinto narcotraficante Pablo Escobar, confeso autor material de 300 asesinatos y coordinador de otros 3.000, salió la noche de este martes de prisión en Colombia, tras cumplir tres quintas partes de su condena y haber colaborado con la justicia.
John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, abandonó la cárcel de alta seguridad de Cómbita (Boyacá, centro), a unas tres horas de Bogotá, luego de que un juez le concediera la libertad condicional y de haber pagado los 9 millones de pesos (unos 4.500 dólares) de fianza, dijeron a la AFP fuentes policiales y judiciales.
"La caravana que salió de la prisión de Cómbita era la de Popeye. Ya Popeye está en libertad", señaló a la AFP una fuente del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).
Alias Popeye, abandonó la prisión escoltado por una comitiva de varios vehículos sin que su imagen pudiera ser captada directamente por las cámaras de los medios que aguardaban su salida.
Con paradero desconocido, la caravana de vehículos estaba conformada por autos de la Defensoría del Pueblo, el Inpec y la Policía Nacional.
Velásquez, condenado a 30 años de cárcel por el asesinato en 1989 del aspirante presidencial Luis Carlos Galán, reconoció haber cometido 300 asesinatos y coordinado unos 3.000 mientras fue jefe de los sicarios del extinto Cartel de Medellín, que libró una guerra frontal contra el Estado luego de que Colombia aprobara un tratado de extradición con Estados Unidos en 1979.
A las órdenes del abatido "patrón" Escobar, alias Popeye no sólo estuvo involucrado en el homicidio a Galán, sino también en el secuestro del expresidente Andrés Pastrana (1998-2002), cuando postulaba a la alcaldía de Bogotá, y el del exvicepresidente Francisco Santos, cuando era jefe de redacción del diario El Tiempo.
"Yo sentía que estaba en una guerra justa contra la extradición y que en esa guerra todo se justificaba. Ahora veo las cosas dentro de otra perspectiva", dijo en septiembre de 2013 al reconocer sus crímenes en una entrevista con la revista Semana.
El Cártel de Medellín fue una de las más poderosas bandas dedicadas al narcotráfico en los años 1980 y 1990, controlando toda la cadena desde la siembra de la hoja de coca hasta la venta al menudeo en Estados Unidos. Su líder, abatido por la policía en 1993, llegó a ser mencionado por la revista estadounidense Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo.
El juez Primero de Ejecución de Penas de Tunja, Yesid Rodríguez, ordenó la libertad condicional de Velásquez el viernes, tras lo cual la Fiscalía efectuó una búsqueda en todos los juzgados de Colombia para determinar si había algún proceso pendiente que le impidiera recuperar su libertad, lo cual fue descartado.
Según el expediente judicial al que tuvo acceso la AFP, Velásquez, de 52 años, obtuvo "la libertad condicional (...) por un período de prueba de 52 meses y 22,7 días".
El sicario, que ha relatado una y mil veces a los medios crímenes escalofriantes, como el de su propia novia a la que mató por orden de Escobar, estaba privado de libertad desde el 8 de octubre de 1992.
Además de su condena por el crimen de Galán, a Velásquez se le sentenció en un segundo proceso por narcotráfico a 12 años de prisión en 2008. Sin embargo, el juez Rodríguez decidió "conceder redención de pena" por la acumulación de días de trabajo y estudio.
"En Colombia la gente nunca paga la pena completa. Si el preso trabaja o estudia por cada día que pase preso se le descuenta uno", dijo a la AFP el abogado penalista de la Universidad Javeriana, Fabio Humar.
Además, Velásquez colaboró con la justicia para esclarecer otros crímenes.
"Ha aportado a la verdad en estos años", dijo el senador Carlos Galán, uno de los hijos del político asesinado, aludiendo a su colaboración para condenar al exsenador liberal y exministro Alberto Santofimio por la muerte de su padre.
Alias Popeye solicitó más temprano este martes "de puño y letra" a la Defensoría del Pueblo garantizar su vida. "Por favor me brinde la policía seguridad desde la puerta del penal", escribió en una carta.
Andrés Villamizar, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), negó no obstante que este cuerpo, que protege a expresidentes y otras personas cuyas vidas corren riesgo por sus funciones, le vaya asignar posteriormente guardaespaldas a Velásquez.
Sin embargo, Villamizar, sobrino de Galán e hijo de Maruja Pachón, secuestrada por Velásquez, escribió en Twitter: "Mi familia y yo somos víctimas directas de alias Popeye. Pero si alguien en Colombia ha pagado, es él".


FUENTE: http://www.eluniverso.com/noticias/2014/08/26/nota/3562181/sicario-pablo-escobar-alias-popeye-es-liberado-prision-colombia

viernes, 20 de septiembre de 2013

¡Popeye sale de la cárcel!. El único sobreviviente de los grandes sicarios de Pablo Escobar queda en libertad esta semana. (INFORME ESPECIAL)

¡Popeye sale de la cárcel!
El único sobreviviente de los grandes sicarios de Pablo Escobar queda en libertad esta semana.
(INFORME ESPECIAL)

Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, pasó 23 años detenido por cuenta de los crímenes que cometió. Los últimos 11 estuvo en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita.

Foto: León Darío Peláez / Semana

SEMANA: ¿Cuántos años pasó en la cárcel?
Popeye: Veintitrés.
SEMANA: ¿Y qué siente de salir libre?
P.: Mire. Yo soy creyente. Yo siempre he creído
que el destino de uno está en las manos de Dios. Así que entiendo los problemas que me esperan en la libertad, pero sé que nada depende de mí, sino de él.
SEMANA: Ya que habla de los peligros que le esperan en la libertad, ¿cuántas personas ha matado usted?
P.: Yo personalmente creo que alrededor de 300. Pero he participado y coordinado alrededor de 3.000 muertes.
SEMANA: ¿Y eso le parece normal?
P.: En este momento no. Pero cuando lo hacía sí. Yo sentía que estaba en una guerra justa contra la extradición y que en esa guerra todo se justificaba. Ahora veo las cosas dentro de otra perspectiva y me parece increíble lo que hice y lo que ha sido mi vida.
SEMANA: Hablemos de los protagonistas de la violencia que usted conoció. Comencemos por Pablo Escobar.
P.: Pablo Escobar era un genio, tal vez un genio del mal, pero en todo caso un genio. Tenía una mente privilegiada y un detector de mentiras en el cerebro. Si usted decía algo que no era verdad, inmediatamente lo captaba. Y eso podía costarle a uno la vida. Inspiraba una lealtad infinita en todos los que creíamos en él. Yo llegué a creer que era inmortal. El día más triste de mi vida fue el día que lo mataron.
Pablo Escobar:  cuadros y joyas, pero ni un peso en efectivo”
SEMANA: ¿Escobar era un asesino?
P.: No, él no era un asesino. Yo creo que él no mató a más de 20 personas en toda su vida. Él ante todo era un líder, un organizador de bandidos y un gran secuestrador.
SEMANA: Pero usted sí mató a muchas personas por órdenes de él. Hablemos de algunas. ¿Cómo fue cuando él dio la orden de asesinar policías en Medellín a 2 millones por cabeza?
P.: Eso fue una reacción cuando la Policía le mató a su cuñado, Mario Henao. Él y Gustavo Gaviria habían sido los verdaderos fundadores del cartel de Medellín. Fueron los primeros en importar la pasta y en organizar la exportación. Era muy cercano a él y era el hermano de su esposa María Victoria.
SEMANA: ¿Y qué pasó?
P.: Pues una vez estábamos en una finca en Monte Loro. El patrón tenía sus aberraciones y le gustaba mucho el lesbianismo. Había organizado una sesión con el equipo de básquetbol femenino departamental y estábamos en eso cuando llegaron los helicópteros artillados de la Policía y empezaron a disparar. El patrón, siempre tranquilo, dijo calmadamente: “Nos vamos”. Jorge Luis Ochoa también arrancó. Pero Mario dijo: “Yo quiero correr fresco, me voy a echar un duchazo”. Se metió en la ducha y el techo era de zinc y lo acribillaron desde arriba. 
SEMANA: ¿Y qué tiene eso que ver con los policías?
P.: Que el patrón quería tanto a Mario que se derrumbó cuando se enteró de la muerte. Al otro día nos citó y nos dijo: “Vamos a matar policías. Eso es mas útil que matar jueces porque finalmente son ellos los que nos llevan donde los jueces”. Y nos dio la tarifa: 2 millones por policía, tres por sargento, diez por teniente, 30 por mayor, 50 por coronel y 100 por general.
SEMANA: ¿Y usted a cuántos mató?
P.: Yo directamente a unos 25. Pero yo dirigía casi todos los operativos y yo creo que en total matamos unos 540.
SEMANA: ¿Usted es consciente de que las personas que lean esto van a creer que usted es un psicópata?
P.: Le respondo lo que le dije hace un momento. Hoy eso me parece una barbaridad. Pero cuando uno está en medio de una guerra, esas cosas le parecen justificadas. 
SEMANA: En la serie de Pablo Escobar hay un capítulo en que él le ordena matar a su novia. ¿Eso fue verdad?
P.: Es uno de los episodios más dolorosos de mi vida. Ella se llamaba Wendy Chavarriaga. Era una mujer muy hermosa, podía ser una reina de belleza. Ella había sido novia del patrón, pero quedó embarazada y para él la familia era sagrada. Un hijo fuera del matrimonio era impensable. Entonces la hizo abortar a la fuerza y a partir de ese momento ella decidió vengarse. Como yo la había conocido, nos encontramos una vez en una discoteca, comenzamos a salir y nos enamoramos. Como al patrón había que informarlo de todo, le pedí permiso para ennoviarme con ella, me lo dio, pero me dijo que tuviera cuidado.
Andrés Pastrana “Mostró gran entereza mientras creía que éramos del M-19. Cuando supo que era el cartel, se derrumbó”.
SEMANA: Entonces, ¿por qué la mató?
P.: Resulta que ella en su obsesión de vengarse del patrón por haberle hecho perder el niño se volvió informante del bloque de búsqueda. Y el patrón, que tenía su servicio de inteligencia por todas partes, llegó a grabarle una conversación en la cual ella estaba hablando con un tipo que tenía contactos con la DEA. El patrón me llamó, me puso el casete y me dio la orden. “Popeye, vaya y mátela”. Como las órdenes no se discutían, me tocó. Usted no sabe lo que es matar a una persona a la cual uno adora.
SEMANA: Pero usted también tuvo que participar en asesinatos de amigos suyos. ¿Cómo fue el episodio de los Galeano y los Moncada?
P.: Cuando estábamos en la cárcel de La Catedral se había establecido un acuerdo. El patrón pagaba cárcel para que todos los otros pudieran traquetear, siempre y cuando le pagaran a él una cuota fija mensual de lo que daba el negocio. Los jefes del cartel de Medellín cuando estábamos en la cárcel eran Quico Moncada y Fernando Galeano. Y el compromiso es que tenían que girarle al patrón 500.000 dólares mensuales. El problema es que se les subió el poder a la cabeza y una vez mandaron un cheque de 50 millones de pesos. 
 
Francisco Santos “Escobar dio la orden de ejecutarlo cuando nos dijeron que nos iban a recluir en la cárcel de Itagüí. De milagro se salvó ”.
El patrón dijo: “Popeye, devuelva ese cheque, yo no estoy pa’ recibir limosnas”. Y por esos días accidentalmente aparecieron en una caleta de Moncada 23 millones de dólares. Los encontró el Titi y se los llevó al patrón. Al ver él que le estaban poniendo conejo con millones de dólares y que solo le estaban girando 50 millones de pesos al mes, tomó la decisión: hay que ejecutarlos.
SEMANA: Pero esa fue la masacre que obligó al gobierno a tratar de sacarlos de La Catedral.
P.: Sí, eso fue muy duro. El patrón los citó a La Catedral, pero como habían sido los compañeros de lucha de toda la vida, no se atrevió a ponerles la cara. La sentencia de muerte se las comunicó Roberto, su hermano. Y las órdenes de matarlos nos las dieron a mí y a Otto.
SEMANA: ¿Y usted qué tan amigo era de ellos?
P.: Más amigos no podían ser. Para que usted se dé cuenta, un día Quico Moncada me dijo: “Pope, en el doblemuro de este apartamento hay 15 millones de dólares. Si algo me llega a pasar a mí, esa plata es tuya”.
SEMANA: ¿Y a usted le tocó matarlo?
P.: Sí, yo maté a Quico y Otto mató a Fernando. En el mundo de los bandidos las órdenes no se discuten. Uno se aprieta el corazón, hace lo que le dicen y sigue pa’ delante.
Rodrigo Lara “El ministro era un gran orador y Escobar, corto de palabra. En el debate en el Congreso se sintió humillado y derrotado, y lo mandó asesinar”.
SEMANA: ¿Y cómo reaccionó Quico Moncada cuando vio que lo iba a ejecutar su mejor amigo?
P.: En el mundo nuestro uno siempre está listo para esas cosas. Cuando uno es bandido, la muerte le puede llegar en cualquier momento. Uno tiene una preparación para eso diferente que el resto de la gente. Yo esposé a Quico y lo bajé al sótano. Él era muy varón y lo único que me dijo era que si podía leerle algunos salmos de la Biblia antes de disparar. Conseguí la Biblia y le leí todo lo que me pidió y después de eso le metí un tiro.
SEMANA: ¿Y qué tan cierta es la leyenda de que después de eso los quemaron vivos o se los dieron de comer a los perros?
P.: Eso es mentira. Nosotros somos sicarios profesionales, no caníbales. La verdad es que hicimos una hoguera enorme para quemar los cadáveres. Eso duró toda la noche y se veía desde Medellín. Quemar cadáveres toma mucho tiempo y después de toda la noche quedaban algunos restos. Esos los picamos con una maceta y los echamos en ácido. No quedó nada.
SEMANA: Pero hubo mucho más de dos muertos en ese episodio.
P.: Es que mientras matábamos a Quico y a Fernando en La Catedral, el patrón dio la orden de matar a los hermanos de ellos que estaban por fuera. Entonces el Arete, el Chopo y unos muchachos nuestros los citaron en diferentes partes de la ciudad y mientras matábamos a los que teníamos en la cárcel, ellos mataban a los de fuera. El que se nos escapó fue don Berna, que era el jefe de escoltas de Galeano. 
Enrique Parejo “Como el asesino lo hirió, pero no lo mató, Escobar solo le pagó 200.000 dólares de los 500.000 que le había ofrecido”.
SEMANA: Se ve que la vida costaba poco en ese mundo, era muy fácil morir o que les ordenaran a ustedes matar a alguien.
P.: Era mas fácil de lo que usted cree. Por ejemplo, al doctor Guillermo Cano el patrón mandó matarlo cuando leyó un titular en El Espectador que decía: “Se les aguó la fiesta a los mafiosos”. Acababan de reestablecer la extradición y eso fue exactamente lo que sentíamos. Cuando leyó esa frase, ahí mismo dio la orden.
SEMANA: Ya que hablamos de eso, hay asesinatos del cartel de Medellín que siguen en el misterio.
P.: Para nosotros en la guerra todo tenía una justificación. Por ejemplo, al periodista Jorge Enrique Pulido el patrón mandó matarlo solamente porque entrevistó en televisión a la mamá de Rodrigo Lara. Al jefe de la Policía de Medellín, el coronel Valdemar Franklin Quintero, solamente porque paró en un retén a su esposa María Victoria y a su hija Manuela, y retuvo a la niña dos horas. Al exgobernador de Antioquia Antonio Roldán Betancourt lo habíamos matado unos días antes por accidente. Él tenía un Mercedes Blanco igual al del coronel Franklin Quintero. Cuando pasó frente a nosotros por equivocación lo volamos. En esa época todos los días había un muerto. 
SEMANA: El primer magnicidio que el cartel cometió fue el de Rodrigo Lara. ¿No pensaron que eso iba a cambiar para siempre sus vidas? 
P.: Es que el ministro Lara le montó al patrón el debate para quitarle la inmunidad parlamentaria. Él era un gran orador y el patrón era corto de expresión y se sintió humillado y derrotado en ese debate. Como Lara había denunciado ante el mundo entero a Pablo Escobar como narcotraficante y estaba decidido a acabarlo, el patrón decidió adelantársele. 
Enrique Low Murtra “Escobar mandó un sicario en una moto a asesinarlo. Después de eso ordenó matar al sicario”
SEMANA: A Lara lo reemplazó Enrique Parejo González y también atentaron contra él en Budapest. ¿Cómo hicieron para entrar a la cortina de hierro?
P.: Cuando al patrón se le metía algo en la cabeza, no tenía fronteras. Él consiguió un profesor universitario de izquierda en Colombia, cuyo nombre no les voy a dar. Le ofreció 500.000 dólares por matar a Parejo, que estaba de embajador en Hungría, porque había firmado extradiciones. El hombre al que se le encargó esa vuelta nunca había disparado una pistola, pero aceptó el encargo.

Le metimos la pistola desde Madrid encaletada en un carro, pero como no tenía puntería, le disparó varias veces, y aunque lo hirió, no lo mató. Cuando regresó a Colombia para cobrar su plata, el patrón le dijo: “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”. Y como Parejo estaba vivo, le pagó solo 200.000 dólares.
SEMANA: Y ¿por qué mataron a Enrique Low Murtra una semana antes de la eliminación de la extradición en la Constituyente?
P.: Ese es el asesinato más arriesgado que hizo el cartel de Medellín en toda su historia. Teníamos cuadrada la votación en la Constituyente para prohibir la extradición en la nueva Constitución. Habíamos sobornado a un poco de constituyentes y muchos otros estaban de acuerdo aunque no nos habían recibido la plata. Pero faltando unos pocos días le dijeron al patrón que Low Murtra estaba dando clases en la Universidad de La Salle y para él, todo el que había firmado una extradición, tenía que morir. 
 
Luis Carlos Galán “Cuando quedó claro que iba a ser elegido presidente, sabíamos que nos extraditaría. Por eso primero intentamos nosotros asesinarlo en Medellín y cuando eso fracasó, el Mexicano coordinó lo de Soacha”
Low Murtra era un hombre sencillo y no tenía ni escolta, ni carro y tomaba taxi. Asesinarlo era una locura porque podía presentarse una reacción nacional que cambiara la votación contra la extradición. Pero él era un duro y calculaba sus riesgos y, una vez tomada una decisión, no le temblaba la mano. Mandó a un muchacho a asesinarlo en una moto y luego, para que no quedaran testigos, dio la orden de matar al muchacho y enterrarlo con moto y todo. 

Apenas explotó la noticia, llegó Alberto Villamizar escandalizado gritando: “Pablo, por Dios, estás loco. Cómo se te ocurrió matar a Low Murtra”. Villamizar había sido el negociador, pues teníamos secuestrada a su señora Maruja Pachón y a Francisco Santos, y él había contribuido a la liberación y a crear un ambiente a favor de la eliminación de la extradición. Cuando le reclamó al patrón, este se hizo el indignado y le dijo: “Usted a mí me respeta, doctor Villamizar. Yo no he mandado matar a nadie. Low Murtra firmó extradiciones y cualquier familiar de uno de los extraditados pudo haber ordenado ese asesinato con solo 20 millones de pesos. A mí no me va a echar usted ese muerto”. Villamizar le creyó y la votación prosiguió sin mayores obstáculos.
SEMANA: ¿Por qué volaron el avión de Avianca?
P.: Porque teníamos información de que ahí iba a volar César Gaviria, que era candidato a la Presidencia en ese momento en reemplazo de Galán. A Galán lo matamos porque vimos que iba a llegar a la Presidencia y nos iba a extraditar. Nos preocupaba que a Gaviria le diera por lo mismo.
SEMANA: Hablemos de la toma del Palacio de Justicia por el M-19. ¿Cómo participaron ustedes?
P.: Ya que habla del M-19 quiero aclarar algunas cosas. Cuando ese movimiento secuestró a Martha Nieves, la hermana de los Ochoa, nosotros inmediatamente secuestramos a varias cabezas, los apretamos y tuvieron que liberarla. El patrón, una vez que los derrotó, les cogió respeto y de ahí en adelante hubo una relación muy estrecha con Iván Marino Ospina y cordial con Carlos Pizarro.
Nosotros les dimos 2 millones de dólares para financiar la toma para que nos quemaran los expedientes. Eso pasó, pero lo que quiero aclarar es que todos los asesinatos que se le atribuyen al patrón son verdad, menos los de la izquierda. Él no tuvo nada que ver con la muerte de Pizarro. A él lo mató Carlos Castaño con la colaboración del DAS. Tampoco tuvo que ver con la muerte de Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo. Eso fue una alianza de la extrema derecha y el Mexicano. 
SEMANA: ¿Cómo fue lo de la extradición de Lehder? 
P.: Carlos Lehder, que era aliado nuestro, se enloqueció con la política y le dio paludismo cerebral. Creyó que iba a ser presidente y empezó a decir boberías por todas partes. Un día estábamos en una rumba en la hacienda Nápoles con unas prostitutas y él era el que guardaba la cocaína en su alcoba. En esa periquera estaba encerrado con su pareja, cuando uno de nuestros muchachos le golpeó en la puerta para pedirle un poco de coca.
 
Avión de Avianca“Como César Gaviria iba a ser el sucesor de Galán, tocaba eliminarlo. Cuando Escobar se enteró de que iba a volar a Cali en ese avión, ordenó ponerle una bomba”
Lehder le abrió con un revólver y ahí mismo le pegó un tiro en la frente. Se armó un gran revuelo y cuando el patrón vio eso, decidió cortar por lo sano. Tenía que escoger entre matar a Lehder o entregárselo a las autoridades. Como la Policía, que estaba con nosotros, nos decía que la estaban presionando por no dar resultados, se decidió entregar a Lehder como trofeo. Yo y el Chopo lo llevamos en moto a una finca en Guarne e inmediatamente después le contamos a la Policía dónde estaba. 
SEMANA: Cuéntenos cómo fue lo de La Catedral. ¿Cómo se construyó esa cárcel?
P.: Cuando negociábamos con el gobierno los decretos para nuestra entrega, en un momento dado nos dijeron que teníamos que ser recluidos en la cárcel de Itagüí como los Ochoa. El patrón dijo que él tenía demasiados enemigos y problemas de seguridad diferentes a los de todo el mundo.

Inicialmente no le aceptaron ese argumento y tomó la decisión de ejecutar a Pacho Santos. Cuando eso se filtró, se volvieron más flexibles y, como a él lo quería todo el mundo en Envigado y los políticos de allá eran nuestros, compró los terrenos donde se construyó la cárcel y la mandó diseñar él mismo. Nos reuníamos con los ingenieros y los arquitectos y sobre los planos les decíamos cómo tenía que ser la distribución, dónde tenían que estar cada una de nuestras celdas, etcétera. 
SEMANA: ¿Y ustedes enterraron armas ahí cuando estaban construyendo la cárcel?
P.: No era necesario. Pues como todos los guardias eran nuestros, porque tenían que ser de Envigado, las armas de ellos eran las nuestras. Era una situación ideal para reconstruir el cartel de Medellín. Un anillo del Ejército nos protegía y los guardias dentro de la cárcel eran nuestros.
SEMANA: Pero entonces Pacho Santos se salvó de milagro.
P.: Sí, pero el patrón decidió ejecutar a Marina Montoya, la hermana del secretario general de la Presidencia, don Germán Montoya. Durante la negociación para liberar a su hijo que teníamos secuestrado, se había llegado a un acuerdo para iniciar una negociación sobre cómo tratar los problemas jurídicos del cartel de Medellín. El patrón sintió que le estaban dando largas a ese asunto y cambió la decisión de Pacho por la de Marina.
SEMANA: ¿Y cómo se escaparon de La Catedral?
P.: Cuando mandamos a hacer la cárcel habíamos dejado en un muro unos ladrillos con yeso pero sin cemento. De manera que si algún día teníamos que irnos, esos ladrillos los quitaba uno con la mano sin mayor problema y quedaba un hueco. Cuando llegó el Ejército a cambiarnos de cárcel con el viceministro Mendoza y con el director del Inpec, el patrón ordenó retenerlos y engañó a todo el país mientras sacábamos los ladrillos del muro y nos íbamos. 
Popeye en su celda “Lo que yo he vivido no lo ha vivido nadie. Fui sicario de Pablo Escobar. He sido amigo o enemigo de todos los muertos de las guerras recientes”.
SEMANA: Hay otra leyenda de que a Escobar le gustaban mucho las mujeres, pero que después de que habían estado con él, con frecuencia las mataba para que no pudieran dar información sobre su ubicación.
P.: Eso es mentira. Son inventos que el bloque de búsqueda le metió a Germán Castro Caycedo. Al patrón sí le gustaban mucho las mujeres, pero él era un caballero con ellas. Cuando eran informantes las mataba, pero eso es otra cosa.
SEMANA: ¿Quién fundó los Pepes?
P.: Los Pepes lo fundaron Fidel Castaño, Carlos Castaño y don Berna. Después ellos invitaron al cartel de Cali, a Guillo Ángel, a Rodolfo Ospina y a otros. 
SEMANA: Pero esos habían sido aliados de ustedes.
P.: Sí, pero de los de Cali nos abrimos por problemas con Pacho Herrera. De los Castaño también nos abrimos cuando asesinaron a Pizarro y a Jaramillo. Guillo Ángel, que era de los nuestros aunque no participaba en los asesinatos, no quiso pagar la cuota de dinero que el patrón les exigía a todos los miembros del cartel de Medellín para la guerra. Entonces fue declarado objetivo militar. Y Rodolfo Ospina, que era nieto del expresidente Mariano Ospina Pérez, había sido aliado nuestro, pero nos estaba jugando sucio con la DEA.
SEMANA: Pero ustedes atentaron contra él.
P.: Sí, tratamos de matarlo saliendo de una discoteca y le echamos bala con todos los fierros. Pero ese hombre resultó un superteso para manejar carro y no entiendo cómo se nos pudo escapar. En todo caso, después se entregó a la Fiscalía y a la DEA como testigo contra nosotros. Fuimos a Bogotá a matarlo y como no lo encontramos, matamos a su hermano Mariano, que no tenía nada que ver. Rodolfo quedó libre y creo que hoy está en Estados Unidos como testigo protegido.
SEMANA: Usted dijo al comienzo que Escobar más que asesino era secuestrador. ¿Qué quiere decir?
P.: Como estábamos enfrentados simultáneamente al gobierno de Colombia, al de Estados Unidos, al cartel de Cali y a los Castaño, se necesitaba mucha plata para financiar todas esas guerras. Como traquetear se volvía difícil, el patrón decidió que la fuente de financiación iba a ser los secuestros. Secuestramos a nuestra propia gente, a la clase dirigente antioqueña y al que fuera. Llegamos incluso a hacerles seguimiento a la señora de Julio Mario Santo Domingo en Nueva York y a Lina Botero en Bogotá. Pero cuando todo estaba listo, el patrón desactivó esos dos operativos. El riesgo era demasiado grande y él conocía sus límites. 
SEMANA: Entonces, ¿Escobar no murió rico?
P.: Él murió sin un peso. Tenía edificios, fincas, diamantes y cuadros, pero cero liquidez.
SEMANA: Cuéntenos episodios de su vida como criminal que no han sido revelados.
P.: Uy, son tantos. Por ejemplo, yo secuestré personalmente al doctor Andrés Pastrana. Entré a su oficina cuando era candidato a la Alcaldía. Le puse un revolver enfrente y bajé con él las escaleras con el cañón contra su cabeza. Él estuvo valiente y tranquilizó a toda la gente en el edificio que estaba horrorizada. Jaime Garzón, que también estaba ahí, al ver que era un secuestro, pidió que también nos lo lleváramos. Uno de mis hombres le pegó una patada y le dijo que el asunto no era con él. Y sobre ese secuestro hay más cuentos.
SEMANA: ¿Como cuáles?
P.: Cuando yo le estaba haciendo el seguimiento al doctor Pastrana, yo no conocía casi Bogotá, pero me fui al norte y entré a un restaurante. Cuál no sería mi sorpresa cuando vi en una de las mesas al doctor Mauricio Gómez, el hijo de Álvaro Gómez. Él no tenía escolta, mientras que Andrés Pastrana tenía varios. Entonces llamé al patrón y le pregunté si cambiábamos de personaje. Él me dijo: “No sea bruto, Pope. A mí solo me sirven los que quieren ser presidentes”.
SEMANA: ¿Y cómo le fue a usted con Pastrana?
P.: La verdad, él estuvo muy controlado mientras creía que éramos un comando del M-19. Lo metí en un baúl de un carro, y el hombre, tranquilo. Después lo metimos en un helicóptero y seguía controlado. Pero él en un momento dado se dio cuenta de que lo estaba engañando. Yo soy muy bruto y él es muy inteligente. Entonces me frenteó y me pidió que le dijera quiénes éramos. Cuando le dije que estaba retenido por orden de Pablo Escobar, se derrumbó. Ahí se le acabaron las fuerzas.
SEMANA: ¿Y cómo fue que se salvó?
P.: La tropa estaba peinando la zona y accidentalmente llegaron a él. Él, otra vez en control de la situación, logró que un policía se prestara como voluntario para canjearse por él. Así fue que se nos fue.
SEMANA: Pero ese mismo día ustedes mataron al procurador Carlos Mauro Hoyos.
P.: Sí, yo había encabezado el operativo contra él en la carretera de Las Palmas. En la balacera se había encunetado el carro y el procurador había quedado levemente herido de bala en un pie. Cojeando lo saqué de ahí y llamé al patrón. Él me dijo que como acababa de ser liberado el doctor Pastrana, podíamos perder credibilidad si no actuábamos con energía. Me ordenó hacerle un juicio por traición a la patria, ya que tenía contactos con la DEA, y ejecutarlo. Yo seguí las órdenes, le dije que era su juez y que por traición a la patria estaba sentenciado a muerte. Él protestó indignado y empezó a gritar: “¿Cuándo traicioné a la patria?”. Y ahí lo maté.
SEMANA: Pero usted se reunió recientemente con Pastrana y me imagino que intercambiaron opiniones sobre todo esto.
P.: Sí, pero hay un tema que por delicadeza no me atreví a tocar. Fue el relacionado con su suegro, el doctor Eduardo Puyana. Ahí hay un cuento complicado que nunca se ha contado.
SEMANA: ¿Ustedes tuvieron que ver en ese asesinato?
P.: Directamente no, pero indirectamente sí. Yo era el jefe del brazo armado del cartel en Bogotá, pero cuando mi foto comenzó a aparecer en la televisión con los carteles de ‘Se busca’, me tocó regresar a Medellín y esconderme. En ese momento, el patrón nombró un nuevo equipo para reemplazarme. Esa gente secuestró al doctor Puyana por cuenta propia en circunstancias que yo no conozco y lo acabaron matando. Cuando el patrón se enteró, se puso furioso, pues él creía que el manejo de los secuestros de la clase alta lo podía dirigir solamente él y que no podía haber ruedas sueltas. Les ordenó a esos muchachos venir a Medellín y al llegar, fueron ejecutados todos.
SEMANA: Cada respuesta suya es más macabra que la anterior. Sorprende la tranquilidad con la que usted enfrenta su nueva vida al salir de la cárcel. ¿Qué le gustaría hacer en el futuro?
P.: Me gustaría usar mi experiencia para contribuir en el posconflicto. Lo que yo he vivido no lo ha vivido nadie. Fui sicario de Pablo Escobar. Fui compañero de celda de los peores enemigos de Pablo Escobar. He sido amigo o enemigo de todos los muertos de las guerras recientes de Colombia. Todo eso me da un conocimiento y unas experiencias que creo se pueden canalizar hacia algo constructivo. Quiero enseñarles a los jóvenes de Colombia que no tienen por qué vender sus vidas por un Mercedes-Benz o por los cucos de una reina de belleza, como hice yo. Ojalá que me den esa oportunidad.

FUENTE: http://www.semana.com/nacion/articulo/popeye-sale-de-la-carcel/357585-3