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viernes, 30 de septiembre de 2016

Duterte se compara con Hitler y dice que exterminaría a tres millones de drogadictos. El presidente de Filipinas equipara su guerra contra las drogas al Holocausto judío.

Duterte se compara con Hitler y dice que exterminaría a tres millones de drogadictos.
El presidente de Filipinas equipara su guerra contra las drogas al Holocausto judío. 
Rodrigo Duterte, este viernes, en el aeropuerto internacional de Davao. LEAN DAVAL JR. (REUTERS) 
El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, se ha comparado con Adolf Hitler este viernes y ha dicho que quisiera matar a tres millones de drogadictos que hay en el país. En una nueva defensa de su guerra contra la droga, que ha causado en tres meses 3.500 muertos entre narcotraficantes y policías, Duterte fue más allá al decir que acabaría con los consumidores.
"Si Alemania tuvo a Hitler, Filipinas tendrá..." dijo el presidente en una rueda de prensa en el aeropuerto de Davao— ciudad de la que fue alcalde durante doce años— y se señaló a sí mismo. "Hitler masacró a tres millones de judíos. Ahora hay aquí tres millones de adictos. Me gustaría masacrarlos a todos", ha declarado ante la prensa (aunque la cifra de muertos más extendida en el Holocausto es de seis millones). Duterte ha agregado que Filipinas tendrá más víctimas y que le gustaría que fueran solo criminales, "para acabar con el problema de este país y salvar a la próxima generación de la perdición".
El mandatario también ha acusado a EE UU y a la Unión Europea de "hipocresía", por su manejo de la crisis de refugiados al mismo tiempo que no dejan de señalar a Filipinas por las violaciones de derechos humanos de la guerra contra las drogas. "Cerráis vuestras puertas, es invierno y ellos son inmigrantes escapando de Oriente Medio. Permitís que se pudran, ¿pero estáis preocupados por la muerte de 1.000, 2.000 o 3.000 personas?", ha cuestionado.
Unos trabajadores transportan el cadáver de un supuesto narcotraficante en Caloocan. ( AP)
Además de los constantes insultos del filipino, que incluso hizo una peineta hace unas semanas al hablar de la Unión Europea, se ha negado a reunirse con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y tildó a Naciones Unidas de "inútil" y amenazó con sacar a Filipinas de la organización.
El presidente filipino aseguró, este jueves, durante su visita oficial de dos días a Vietnam, que ha recibido información que apunta a que el servicio secreto de EE UU, la CIA, planea asesinarle. Duterte hizo estas declaraciones minutos después de anunciar su voluntad de poner fin a los ejercicios militares que Filipinas y EE UU llevan a cabo habitualmente. "Os anuncio ahora que este será el último ejercicio militar. Juntos, Filipinas y EE UU, este es el último", dijo en referencia a las maniobras que tropas estadounidenses y filipinas llevarán a cabo del 4 al 12 de octubre próximos. El ministro de Asuntos Exteriores filipino, Perfecto Yasay, garantizó, sin embargo, que el país respetará los acuerdos militares que mantiene con Estados Unidos.
Protesta, en Manila, en contra de la política antidrogas de Duterte. ( EFE)
En las últimas semanas, Duterte ha declarado su intención de acercarse a Rusia y a China y ha iniciado un claro distanciamiento de EE UU, un país que históricamente ha sido uno de los principales aliados de Filipinas.
El dirigente filipino también ha insultado al embajador estadounidense en Manila, Philip Goldberg, y al presidente, Barack Obama, quien en respuesta canceló una reunión bilateral que ambos debían mantener con motivo de la reciente cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Laos.
Duterte ganó holgadamente los comicios presidenciales con la promesa de acabar con la droga y la delincuencia en los primeros seis meses de mandato, y desde entonces ha instado en numerosas ocasiones a la Policía y los ciudadanos a matar a narcotraficantes y consumidores de drogas.

FUENTE: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/30/actualidad/1475226573_805987.html



lunes, 5 de septiembre de 2016

Policía alemana confisca botellas de “vino del Führer” con rostro de Hitler

Policía alemana confisca botellas de “vino del Führer” con rostro de Hitler
En una de las botellas se podía leer la inscripción "sieg Heil" (salve a la victoria), un lema que solía emplearse en los actos públicos nazis y cuyo uso está penado en la Alemania actual.
Las fuerzas de seguridad alemanas se han incautado en el registro de un pequeño restaurante de Augsburgo (sur) de cuatro botellas del denominado “vino del Führer”, un caldo con un retrato de Adolf Hitler en la etiqueta.
Según informó hoy la Policía de Augsburgo, a raíz de la operación se ha abierto una investigación contra el propietario del establecimiento, un alemán de 49 años, acusado de emplear símbolos identificativos de organizaciones contrarias a la constitución.
En una de las botellas se podía leer la inscripción “sieg Heil” (salve a la victoria), un lema que solía emplearse en los actos públicos nazis y cuyo uso está penado en la Alemania actual.
En la actualidad se comercializan varios vinos y cervezas con el rostro o el nombre de Hitler, principalmente en Italia, y su importación a Alemania no es ilegal.
Las fuerzas de seguridad registraron el restaurante después de que el diario local “Augsburge Allgemeine” informase sobre la presencia de las botellas a raíz de la denuncia de un lector que las detectó en la barra del establecimiento. EFE

Publicado el 2016/09/05 por AGN
FUENTE: https://www.elmercurio.com.ec/554397-policia-alemana-confisca-botellas-de-vino-del-fuhrer-con-rostro-de-hitler/#.V83VIfnhCM8

martes, 21 de enero de 2014

El rancho donde nazis brasileños "esclavizaban niños"

El rancho donde nazis brasileños "esclavizaban niños"
En una granja, en el interior de la campiña brasileña a 160 kilómetros de Sao Paulo, un equipo de fútbol posa para una fotografía conmemorativa. Nada extraordinario salvo la enorme esvástica de la bandera que sostiene uno de los jugadores.
Antes de la Segunda Guerra Mundial Brasil y Alemania estrecharon lazos, principalmente económicos
La fotografía data probablemente de la década de los 30 del siglo pasado, después de que el partido Nazi de Adolfo Hitler se hiciera con el poder en Alemania, en la parte opuesta del mundo.
"Nada explica la presencia una esvástica aquí" dice Jose Ricardo Rosa Maciel, quien trabajó como ranchero en la remota granja de Cruzeiro do Sul, cerca del poblado de Campina do Monte Alegre. Un día, por casualidad, encontró esa instantánea.
Fue entonces cuando comenzó a unir las piezas del rompecabezas. Era la segunda vez que encontraba símbolos nazis a su alrededor. La primera fue en los chiqueros de los puercos.
"Un día los cerdos rompieron una pared y cuando miré entre los ladrillos caídos pensé que estaba alucinando". Cada ladrillo estaba grabado con una esvástica en uno de sus lados.
Muchos investigadores han destacado cómo en el período entre las dos guerras mundiales, Brasil tuvo conexiones con la Alemania nazi. Fueron aliados económicos y en Brasil se forjó el mayor partido fascista fuera de las fronteras de Europa. Contaba con más de 40.000 miembros.
Jose Ricardo Rosa Maciel descubrió por casualidad ladrillos grabados con una esvástica.
Pero pasaron muchos años antes que Maciel -gracias a las investigaciones del profesor de historia Sidney Aguilar Filho- descubriese la penosa historia detrás de la granja de Cruzeiro do Sul y sus estrechos vínculos con los fascistas brasileños.
El profesor Filho estableció que el rancho había sido propiedad de los Rocha Miranda, una familia de empresarios industriales de Río de Janeiro. El padre, Renato, y dos de sus hijos, Otavio y Osvaldo, eran miembros de Acao Integralista Brasileira, una organización de extrema derecha simpatizante con los nazis.
La familia a veces utilizaba la granja como centro de reuniones partidistas a las que asistían miles de simpatizantes. 
Argemiro dos Santos combatió en la Segunda Guerra Mundial
Pero también se utilizaba como brutal campo de trabajo para niños abandonados y de razas distintas a la blanca.
"Encontré la historia de 50 niños, de alrededor de 10 años de edad, que fueron recogidos de un orfanato de Río de Janeiro. Llegaron en tres oleadas, la primera de 10 llegó en 1933".
Osvaldo Rocha Miranda solicitó y obtuvo la autorización para ser el guardián legal de los huérfanos, de acuerdo a los documentos que Filho descubrió.
"El mandó a su chófer por nosotros, quien nos dejó en una esquina", recuerda Aloysio da Silva, de 90 años, uno de los primeros huérfanos reclutado para trabajar en la granja.
"Osvaldo apuntaba con un bastón… 'Trae a ese para acá, a ese también', decía. Y de 20 niños seleccionó a 10".
"Nos prometió hasta la luna. Nos dijo que jugaríamos al fútbol, que iríamos a montar a caballo. Pero era todo un engaño. Repartieron un azadón para cada uno y nos pusieron a limpiar el terreno", continúa el anciano.

Saludo nazi obligatorio
Los niños eran azotados de forma sistemática con una palmatoria, una paleta de madera con huecos especialmente diseñado para reducir la resistencia al viento y causar más dolor.
Los niños no eran llamados por sus nombre sino por números. El de da Silva era el 23. Varios perros guardianes se aseguraban de que permanecieran ordenados en fila.
"Uno de los perros se llamaba Veneno, el macho. La hembra era Confianza", dice da Silva, que aún vive en la zona. "Normalmente prefiero no hablar de lo que pasó".
Otro esos niños era Argemiro dos Santos, que hoy tiene 89 años. "No les gustaba la gente negra", recuerda.
"Había varios castigos que se imponían con regularidad, desde no alimentarnos hasta los golpes con la palmatoria. Dos golpes, en ocasiones. Lo máximo eran cinco porque era lo más que podía aguantar una persona".
"Tenían fotografías de Hitler y estábamos obligados a saludar cuando pasábamos. Yo no entendía nada", sigue da Silva.
Pero algunos miembros actuales de la familia Rocha Miranda aseguran que sus antepasados dejaron de apoyar a los nazis mucho antes de la Segunda Guerra Mundial. 
Aloysio da Silva fue uno de los primeros huérfanos reclutados
Maurice Rocha Miranda, sobrino-nieto de Otavio y Osvaldo, niega además que los niños fueran tratados como "esclavos".
Rocha Miranda aseguró al periódico deFolha de Sao Paulo que los huérfanos del rancho "tenían que ser controlados, pero nunca fueron castigados o esclavizados".
Pero el profesor Filho cree más en los testimonios de aquellos niños, hoy ancianos. Aunque ocurrió hace mucho tiempo, tanto da Silva como Dos Santos contaron historias similares, y no se habían encontrado desde entonces.

El fútbol, su único descanso
El único respiro para los huérfanos eran los partidos de fútbol contra equipos de granjeros locales, como aquel registrado la fotografía con la bandera de la esvástica.
El fútbol era una pieza clave de la ideología de la Acao Integralista Brasileira.
En el estadio de fútbol de Vasco de Gama se llevaban a cabo desfiles militares. También los partidos eran utilizados normalmente como propósitos propagandísticos bajo el gobierno del entonces presidente de facto Getulio Vargas.
"Pegábamos unas patadas al balón durante un rato y luego evolucionó", recuerda Santos. "Luego comenzamos un campeonato. Éramos buenos al fútbol, eso no era un problema".
Pero, tras varios años, Santos ya había tendido suficiente.
"Había una puerta que dejé abierta. Esa noche me escapé por ahí y nadie me vio".

La vida después del rancho
Cuando Santos volvió a Río de Janeiro tenía 14 años. Para sobrevivir durmió a la intemperie y trabajó como vendedor de periódicos. En 1942, cuando Brasil declaró la guerra a Alemania, se enroló en la armada como grumete, sirviendo mesas y limpiando.
Había pasado de trabajar para los nazis a luchar contra ellos.
"Solo estaba cumpliendo con lo que Brasil necesitaba hacer", dice Santos. "No podía albergar odio por Hitler porque no sabía quién era".
Santos fue enviado a labores de patrullaje en Europa y pasó gran parte de la Segunda Guerra Mundial trabajando en barcos que buscaban submarinos en la costa brasileña.
Hoy es conocido en su comunidad por el mote de "Marujo", marinero, y muestra con orgullo el certificado médico que reconoce su servicio durante la guerra.
Pero no sólo es famoso por eso. También fue uno de los principales jugadores de futbol de los 40, como centrocampista para varios de los mejores equipos de Brasil.

"En aquella época los jugadores profesionales no existían. Todos eran amateur", comenta Santos. "Jugué para el Fluminense, el Botafogo y el Vasco da Gama. Los jugadores venían todos de las calles, eran repartidores de periódicos o limpiabotas".
Ahora Santos vive una vida tranquila en el suroccidente de Brasil, con Guihermina, su mujer de 61 años.
"Me gusta tocar la trompeta, sentarme en el porche y beber cerveza fría. Tengo muchos amigos que pasan a charlar conmigo", comenta.
Aunque los recuerdos de la granja son imposibles de olvidar.
"Cualquiera que te cuente que su vida ha sido todo felicidad miente. Todos tenemos algún mal recuerdo a lo largo de nuestros días".

Los nazis y Brasil
El Integralismo brasileño fue un movimiento político fundado en Brasil en 1932.
Adoptó algunos de los sellos distintivos del fascismo europeo. Tenía uniformes paramilitares, hacía desfiles públicos y tenía una dialéctica anti-marxista.
Predicaba el nacionalismo como una identidad espiritual compartida.
A pesar de su eslógan "Unión de todas las razas y pueblos" muchos de sus miembros tenían ideas antisemitas.
El movimiento fue cooptado por Getulio Vargas, quien impuso un gobierno militar en 1937.
En un principio Brasil se declaró neutral en la Segunda Guerra Mundial, pero en 1942 se unió a los aliados.
Vargas fue derrocado en 1945.
Después de la Segunda Guerra Mundial varios nazis se refugiaron en América Latina. Entre ellos, el doctor de la SS Josef Mengele, quien logró escapar a la justicia y murió en Brasil en 1979

Gibby Zobel
BBC
FUENTE: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/01/140121_america_latina_rancho_brazil_nazis_esclavos_mxa.shtml

domingo, 19 de enero de 2014

Los rastreadores de cadáveres de la Segunda Guerra Mundial

Los rastreadores de cadáveres de la Segunda Guerra Mundial
Los rastreadores encuentran restos de soviéticos caídos enredados en las raíces de los árboles.
De las estimadas 70 millones de personas que perdieron la vida por la Segunda Guerra Mundial, 26 millones murieron en la frontera de Europa oriental y cuatro millones de ellas siguen siendo consideradas oficialmente como desaparecidas en combate. Pero no han sido olvidadas.
Olga Ivshina camina lenta y cuidadosamente entre los pinos mientras los sonidos de su detector de metales punzan el silencio del bosque.
"No están enterrados muy profundamente", dice.
"A veces los encontramos sólo cubiertos de musgo y algunas capas de hojas caídas. Siguen en el lugar en el que cayeron. Los soldados nos están esperando... esperando la oportunidad de retornar a casa".
Cerca de ella, Marina Koutchinskaya está arrodillada buscando entre el lodo. En los últimos 12 años ha pasado la mayoría de sus vacaciones así, lejos de casa, de su negocio de ropa para mujeres embarazadas y de su hijo.
"Cada primavera, verano y otoño siento un extraño anhelo de ir a buscar a los soldados", cuenta. "Mi corazón me llama a hacer este trabajo".
 
Los rastreadores buscan los restos de millones de soldados desconocidos rusos de la II Guerra Mundial.
Olga y Marina son parte de un grupo llamado Exploración que viajó durante 24 horas en un incómodo camión del ejército para llegar a este bosque cercano a San Petersburgo.
Las condiciones son básicas: acampan entre los árboles y hay días en los que tienen que desplazarse con el lodo llegándoles a la cintura para encontrar los cuerpos de los caídos.
Y la labor acarrea peligros. Los soldados descubiertos a menudo tienen granadas en sus mochilas y puede haber proyectiles de artillería atascados en los árboles.
Rastreadores de otros grupos voluntarios en otros lugares de Rusia han perdido sus vidas.
Marina me muestra un objeto que encontró y que parece un jabón pero es TNT. "Cerca de una llama todavía es peligroso, a pesar de que ha estado tirado en el piso por 70 años".




Profundas cicatrices
Muchos países quedaron con cicatrices tras la Segunda Guerra Mundial, pero ninguno sufrió tantas pérdidas como la Unión Soviética.

El 22 de junio de 1941, Adolfo Hitler lanzó la Operación Barbarroja, la campaña más larga y sangrienta de la historia militar, que pretendía anexar vastas áreas de la URSS al Tercer Reich.
San Petersburgo, que entonces se llamaba Leningrado, era uno de sus blancos principales. En menos de tres meses, el ejército alemán tenía a la ciudad rodeada y empezó a bombardearla desde el cielo.
Cuando no lograron vencerla a punta de ataques, Hitler decidió doblegarla haciéndola morir de hambre. Durante más de dos años, el Ejército Rojo luchó desesperadamente por cruzar las filas alemanas.
Olga y Marina están trabajando cerca de la ciudad de Liubán, a 80 kilómetros al sur de San Petersburgo. Aquí, en un área de apenas 10 kilómetros cuadrados, se estima que murieron 19.000 soldados soviéticos en unos pocos días de 1942.
Hasta el momento, los rastreadores han encontrado 2.000 cadáveres.



Más y más cuerpos

Ilya Prokoviev, el más experimentado del equipo Exploración, está punzando cuidadosamente la tierra con un largo pincho de metal. Es un ex oficial del ejército que encontró su primer soldado hace 30 años cuando caminaba por el campo.
"Estaba cruzando un pantano y de repente vi unas botas entre el barro", recuerda.
"Un poco más allá, encontré un casco soviético. Luego retiré un poco de musgo y vi un soldado. Me sorprendió. Era 1983, yo estaba a 40 kilómetros de Leningrado y ahí estaban los restos de un soldado que no había sido enterrado. Después de eso, encontré otros y nos dimos cuenta de que estos cuerpos estaban en todas partes... a una escala masiva".
No había mucho tiempo en medio de la batalla para enterrar a los muertos, dice Valery Kudinsky, oficial del Ministerio de Defensa responsable por las tumbas de guerra.
Cápsulas de identificación, intento de decifrarlas y una granada en el bosque.
"En sólo tres meses, la máquina mortal alemana penetró en más de 2.000 kilómetros de nuestro territorio. Muchas de las unidades del Ejército Rojo murieron o fueron rodeadas. ¿Cómo podían pensar en entierros o en registrarlos en esas condiciones"?
Inmediatamente después de la guerra, la prioridad era reconstruir un país que había sido destruido, dice. Pero eso no explica por qué los campos de batalla no fueron revisados más tarde y los caídos, identificados y enterrados.
Los rastreadores piensan que algunos fueron deliberadamente ocultados. El consejo gobernante de la URSS emitió decretos en 1963 sobre la destrucción de cualquier rastro de guerra, señala Ilya.
"Si uno mira un mapa que muestre dónde tuvieron lugar las batallas y lo compara con todas las nuevas plantaciones forestales y proyectos de construcción, se da cuenta de que coinciden con el frente de guerra. Nadie me puede convencer de que plantaban árboles por razones ecológicas".



Horrores a la espera

Nevskaya Dubrovka, en la ribera del río Neva, fue el escenario de una de las campañas más sanguinarias del sitio de Leningrado. El Ejército Rojo luchó ferozmente para asegurarse una estrecha franja de la rivera en un intento por romper el bloqueo. Cientos de miles de soldados fueron sacrificados.
Los rastreadores descubrieron, en el verano pasado, una fosa común en el área. Es posible que sus camaradas, los habitantes locales o incluso quizás el ejército alemán tiraron a los soldados en un hueco, ansiosos por prevenir una epidemia.
"Había entre 30 y 40 soldados. Cuatro capas de gente, unas encima de las otras", cuenta Olga, sentada frente a la hoguera del campamento. "Pero los esqueletos estaban todos revueltos y hechos pedazos. Una cabeza aquí, una pierna allá...". Hace una pausa y mira las llamas. "Una vez que uno ve eso, nunca lo olvida. Uno no vuelve a ser la misma persona que era".
A su retorno a Moscú tras unas semanas en el bosque, Olga cuenta que se siente alienada.

"Todo parece tan insustancial pero cuando estoy aquí siento que estoy haciendo algo necesario".
Para Olga -quien entonó himnos comunistas en la primaria y luego aprendió sobre ganancias y pérdidas en bachillerato-, trabajar como voluntaria en estas búsquedas le proporciona un compás moral en una época confusa.
"A veces uno necesita saber que está haciendo algo importante, que uno no es sólo una mota de polvo en este Universo. Este trabajo nos conecta con nuestro pasado. Es como un ancla que nos ayuda a permanecer firmes en medio de la tormenta".



Para que vuelvan a ser

Encontrar a los muertos es apenas una parte de su misión. Rescatarlos de la anonimidad es la otra.
En Moscú brilla una llama eterna en la Tumba del Soldado Desconocido a la sombra del Kremlin, pero para los rastreadores, la mejor manera de honrar a quienes perdieron sus vidas es restaurarles su identidad.
"El soldado tenía una familia, hijos, se enamoró", dice Ilya. "Ser desconocido no es un orgullo. Fuimos nosotros los que lo hicimos desconocido".
No obstante, descubrir quiénes eran estas personas no siempre es fácil, particularmente después de que ha pasado tanto tiempo.
"Entre más información podemos recolectar en el lugar, más chance tenemos de identificar al soldado", apunta Alexander Konoplov, líder del grupo Exploración.
A veces encuentran viejas monedas con los soldados, que sus familias les habían dado. Se creía que si la familia le prestaba unas monedas, el soldado volvería a casa a devolver el préstamo.

"Si me matan..."

Sin embargo, aunque los efectos personales pueden reconstruir una idea de la persona, no ayudan a saber cuál era su nombre o dónde nació. Iniciales grabadas en cucharas o tazas son buenas pero la clave usualmente es la placa de identificación.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las placas de los soldados soviéticos no eran hechas de metal sino que eran pequeñas cápsulas de ébano que contenían un pequeño pedazo de papel con sus detalles personales. Desafortunadamente, los papeles a menudo son ilegibles. Otras no tienen nada escrito, pues muchos de los soldados eran supersticiosos: pensaban que si los rellenaban les traería la muerte segura.
Alexander, quien dejó su negocio de venta de productos alimenticios para convertirse en un rastreador a tiempo completo, tiene en su mano un cartucho de bala tapado con un pequeño pedazo de madera. Tiene la esperanza de que sea una placa de identificación improvisada. Pero cuando la voltea, lo que sale no es un papel, sino un chorrito de líquido marrón.
"A veces encontramos mensajes con el nombre del soldado", dice Alexander. "Algunos escribieron: 'si me matan, por favor denle esto a mi mamá o a mi novia'. Es difícil no conmoverse".

Blancos y negros

Exploración es uno de 600 equipos de rastreadores de toda Rusia que han encontrado y enterrado un total de 500.000 soldados hasta ahora.
Esos grupos son conocidos como los "excavadores blancos", pero hay otros llamados "excavadores negros", que buscan medallas, armas, monedas y hasta dientes de oro para vender en internet o a negociantes especializados. No están interesados en identificar a los soldados, simplemente dejan los huesos en la tierra.
Alexander ha establecido unas reglas estrictas sobre cómo deben ser excavados, marcados y almacenados. Cada soldado es fotografiado y su ubicación registrada e introducida en una base de datos digital.
Si no se puede descifrar la placa de identificación en el lugar, la empacan cuidadosamente y la envían a la sede central del equipo en Kazán.
Allá, el técnico del grupo, Rafik Salakhiev, usa luz ultravioleta o técnicas digitales para revelar marcas de lápiz. Una vez emerge un nombre, los rastreadores usan antiguas listas del ejército, documentos clasificados y contactos en el ejército o la policía para identificar al soldado y localizar a los miembros de su familia.
"Cada vez me emociono como si fuera la primera", dice Rafik. "Cuando llamas a los familiares, antes de darles la noticia, tratas de prepararlos".

Ni un paso atrás

Sin embargo, encontrar a la familia del soldado puede tomar años -en ocasiones más de una década-, especialmente si la familia se fue después de la guerra.
Cuando, en 1942, los vecinos de la aldea de la que provenía el teniente Kustov se enteró de que estaba desaparecido, sospecharon que desertó y estaba colaborando con los alemanes. Calificaron a sus niños como "hijos de un traidor" y forzaron a la familia a irse.
A Ilya le tomó meses encontrarlos.
"Cuando les dijimos que encontramos los restos de su padre, para ellos la sensación fue indescriptible. Ellos sabían que él no era un desertor, que él no era capaz de comportarse así, pero no hubo ninguna prueba por 60 años".
De los archivos, los rastreadores dedujeron que Kustov había sido el comandante de uno de los notorios shtraftbats, los batallones penales de José Stalin conocidos por su lema ¡Ni un paso atrás!, que enfrentaban duros castigos -incluyendo ejecuciones sumarias- por retiradas no autorizadas.
Únicamente un oficial de confianza y un comunista convencido habría sido elegido para ese cargo.
"Lograron restaurar la verdad histórica y el honor a la memoria de su padre", dice Ilya. Los hijos de Kustov enterraron sus restos al lado de los de su madre, quien esperó toda su vida su regreso.

Orden al caos

Cerca de la ribera del río Neva y de la fosa común encontrada por los rastreadores, un sacerdote ortodoxo ruso entona plegarias mientras camina entre las filas de ataúdes de color rojo brillante que descansan sobre el césped.
Los hijos, nietos y bisnietos de los soldados observan, algunos sollozando en silencio.

Las paredes de la amplia y recientemente excavada tumba están cubiertas con tela roja, una señal de respecto reservada normalmente sólo para los generales del ejército. Jóvenes ataviados con uniformes de estilo soviético forman una guardia de honor.
Visiblemente conmovidos, al ver pasar los ataúdes, varios miran hacia el cielo. Existe la creencia de que los pájaros que sobrevuelan se llevan las almas de los muertos.
Hay más de 100 ataúdes; cada uno contiene los huesos de 12 o 15 hombres.
Los rastreadores desearían que cada soldado tuviera uno propio, pero no pueden pagar los 1.500 féretros extra que necesitarían para este servicio.
Esta es la culminación de meses de trabajo. Es la razón de ser de todo: lograr una semblanza de orden al caos moral del pasado y rendir tributo a quienes sacrificaron sus vidas.
En la primavera volverán a sus búsquedas en los bosques y campos en los que tantos murieron. Están decididos a continuar hasta encontrar al último hombre. Pero puede tomarles toda la vida... o más.

"Me prometió que regresaría"

Nunca olvidaré la historia de Khasan Batyrshin, de 21 años, escribe Olga Ivshina.

Khasan desapareció en 1943. Su familia contactó al gobierno cada año para pedir información, pero la respuesta siempre era la misma: "No hay datos. Soldado desaparecido en acción". Pero los Batyrshins nunca se dieron por vencidos. Cuando tenía 105 años de edad, su madre repetía: "Él volverá. Me lo prometió. Moverá montañas".
Encontramos a Khasan el año pasado cerca de Nevskaya Dubrovka. Los cuerpos de los caídos habían sido puestos en los huecos que dejaban las bombas al estallar. Era uno de los últimos días de excavación, estabamos cansados pero Khasan nos inspiró. Encontramos su placa de identificación. Fue un milagro pues muchos soldados no las tenían.
El pedazo de papel de su cápsula estaba claramente escrito. No fue fácil descifrarlo pero después de cuatro horas Khasan recuperó su nombre.
Cuando su familia recibió la noticia, lo primero que hicieron fue ir a la tumba de su madre a contarle. Se había muerto un año antes.

"Nos mataban como moscas"

Mijail Zorin lloró la primera vez que vio el arma que debía usar para repeler a los invasores alemanes. "Era tan grande y pesado", dice. "Yo tenía miedo. ¿Cómo esperaban que disparara?".

Era un modelo anticuado de la época zarista y, debido a la escasez, tenían que compartirlo entre dos.
A los 18 años de edad, Zorin soportó nueve infernales días de batalla en Nevsky Pyatachok, una diminuta franja de tierra al lado del río Neva donde 260.000 soldados soviéticos perdieron su vida tratando de ponerle fin al sitio de Leningrado.
"Nos mataban como moscas", dice a los 90 años. "Había cadáveres por todas partes. El suelo estaba echo puré por las bombas y granadas y nosotros sencillamente no estabamos equipados para defendernos".
  
Lucy Ash
BBC
FUENTE:  http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/01/140113_segunda_guerra_mundial_rusia_muertos_finde.shtml