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miércoles, 26 de enero de 2022

DERRAME PETROLERO: El capitán del buque petrolero acusa a Repsol de fallos durante el derrame en el mar peruano. La Marina informó este martes de una mancha oleosa en la zona del vertido Una carta de protesta del capitán del buque italiano Mare Doricum -que descargaba petróleo brasileño para una refinería operada por Repsol- acusa a Repsol de incurrir en nueve fallos tras el derrame de crudo del sábado 15 que ha contaminado al menos 21 playas en las regiones de Lima y Callao y dos áreas naturales protegidas. El desastre ambiental ha paralizado la actividad de más de 3.000 pescadores y a miles de comerciantes que daban servicios a bañistas y turistas. La marea negra avanza hace 11 días por el mar con rumbo norte.

DERRAME PETROLERO:  El capitán del buque petrolero acusa a Repsol de fallos durante el derrame en el mar peruano.

La Marina informó este martes de una mancha oleosa en la zona del vertido

Una carta de protesta del capitán del buque italiano Mare Doricum -que descargaba petróleo brasileño para una refinería operada por Repsol- acusa a Repsol de incurrir en nueve fallos tras el derrame de crudo del sábado 15 que ha contaminado al menos 21 playas en las regiones de Lima y Callao y dos áreas naturales protegidas. El desastre ambiental ha paralizado la actividad de más de 3.000 pescadores y a miles de comerciantes que daban servicios a bañistas y turistas. La marea negra avanza hace 11 días por el mar con rumbo norte.

Trabajadores realizan este martes labores de limpieza en las playas de Ventanilla (Perú).JUAN PONCE (EFE)

Según el ministro de Ambiente de Perú, Rubén Ramírez, Repsol reportó inicialmente la noche del 15 de enero un derrame de petróleo de 2.5 metros cuadrados y 0.16 de barril en una de las terminales de la refinería, es decir, en una de las zonas de descarga. Al día siguiente, la compañía indicó a la prensa, en un comunicado, que el “incidente rápidamente superado” se había originado por la “violencia del oleaje”, como “consecuencia de la erupción volcánica submarina en Tonga”. Pero el miércoles 19, después de la viralización de videos del mar y el litoral negros, y de la fauna muerta o agonizando, ejecutivos de la refinería La Pampilla informaron al ministro Ramírez de que habían sido 6.000 barriles.

Repsol sostiene que el derrame de petróleo se produjo por el oleaje anómalo por un fenómeno marítimo imprevisible para la compañía provocado por la erupción volcánica en Tonga. El presidente de su filial exhibió gráficos que muestran ese oleaje anómalo de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas. Sin embargo, la primera ministra, Mirtha Vásquez, señaló el viernes que “el oleaje y el tsunami no tuvieron que ver con esta ruptura” que provocó el derrame. También niegan un oleaje excepcional veleristas experimentados que en el día y hora que se produjo el vertido inicial estaban frente al buque italiano y suspendieron una regata porque no había viento ni olas. A ellos se suman las observaciones contra Repsol del capitán Giacomo Pisani, quien este lunes respondió en inglés a las preguntas de tres ministros y un congresista a bordo de su embarcación, según refirió el canal estatal TVPerú, el único que registró el diálogo.

La carta del capitán

Este martes, durante un recorrido por Ancón -uno de los distritos con más pescadores y balnearios afectados- el ministro de Ambiente aseguró que el capitán tenía evidencia para entregar: “Aparentemente hay negligencia de la empresa”. EL PAÍS ha tenido acceso a fotos de la carta de protesta del capitán del buque-tanquero dirigida a Repsol Trading Houston y a Refinería La Pampilla, en la que deja constancia de nueve irregularidades y malas prácticas cometidas por la empresa desde que advirtieron el derrame. De acuerdo a Pisani, Repsol dijo al personal del buque que la contaminación estaba bajo control, pero él y su tripulación constataron que la barrera de contención que colocó el operador de la refinería “no tenía suficiente longitud para cubrir el perímetro del buque”.

La tarde del miércoles, Repsol difundió un comunicado en respuesta a la carta de protesta del capitán. La operadora de la refinería consideró “importante” que el documento de Pisani señala “textualmente que ocurrió una condición anormal de mar/oleaje durante la operación de descarga en la terminal 2 causando la ruptura de los cabos de amarre y se confirma que las barreras de contención estaban desplegadas desde el primer momento”.

Según la compañía, la demora de la solicitud de un práctico en la zona no es de su competencia. Acerca del retraso de doce horas de los buzos para inspeccionar el estado de la manguera flotante que produjo el derrame, Repsol dijo que “no pudieron ingresar debido a que las condiciones no eran seguras” y que un segundo grupo de buzos “con equipamiento especial se encargaron de realizar las inmersiones”.

Un informe del regulador del sector energético, que el lunes 17 visitó el lugar donde ocurrió la fuga, registró solo 500 metros de barreras de contención del crudo. El tanquero tiene 272 metros de longitud. El capitán del buque también dio parte de que la empresa se negó a decirle la cantidad de crudo que descargó, lo que habría permitido calcular el volumen preciso de la fuga, y tampoco le proporcionó la plantilla del control de horario de la faena.

La tarde del sábado 15, Pisani pidió a un práctico de una embarcación de Repsol que subiera al buque, “para colocar el navío en posición”, pero el tripulante encargado de las maniobras abordó siete horas después. Además añade que hasta la madrugada del día siguiente del derrame, los operadores de la refinería no habían hecho operaciones de buceo “para verificar el estado de la manguera flotante que causó el derrame”. Incluso describió cómo su nave estaba llena de petróleo.

El capitán del Mare Doricum preparó la carta de protesta el domingo, sin embargo, los representantes de La Pampilla se negaron a recibir el documento, relató Pisani a los participantes en la reunión. Luego de la averiguación que hicieron los ministros y el congresista Edward Málaga en el buque, Ramírez dijo a la televisión estatal: “Según refiere el capitán, el tema (causa de la fuga) no era tanto por el oleaje. Estas naves tienen un gran peso -una calada de tres cuadras- y un oleaje no suele hacer mucha incidencia. Y también ha deslindado responsabilidad: la nave tiene responsabilidad desde la conexión (de las válvulas) hacia adentro del buque, lo que conecta mar adentro es responsabilidad de la empresa”, explicó el ministro de Ambiente.

El mar estuvo calmo, pues el viento no superaba los dos nudos esa tarde, relató Pisani, quien refirió que su tripulación es testigo de sus afirmaciones. El buque, que traía una carga de 987.672 barriles de crudo ligero de Petrobras, sigue en la costa del Callao, respetando una orden de no zarpar impuesta el viernes pasado por la Dirección de Capitanías, a no ser que presente una carta fianza de 39 millones de dólares. La noche del martes, el ingeniero peruano Enrique Herrera destacó que todas las compañías de hidrocarburos colocan la barrera de contención de crudo en el mar por precaución “antes de que inicien las operaciones” de descarga, pero que Repsol no aplica esa práctica en ninguna de sus cuatro terminales de la refinería La Pampilla.

Herrera participó en una serie de charlas en internet organizada por el Colegio de Ingenieros de Lima a raíz del desastre ambiental. “Esta terminal tiene muchos años, aproximadamente 40 años”, agregó. “Todo el sistema submarino es responsabilidad de Repsol y no tiene por qué no responsabilizarse por lo que ocurrió”, acotó en el panel el especialista brasileño Marcus Vinicius Lisboa, quien ha gestionado planes de contingencia frente a derrames de crudo en Petrobras.

La noche del martes circuló en Twitter el rumor de un nuevo derrame de petróleo en el mar frente a la refinería. En la mañana de este miércoles, el regulador del sector energía ha explicado en un comunicado que se trata de una filtración de ocho barriles de crudo como parte de la operación de retiro de remanente del vertido inicial. El supervisor señaló que ese vertido fue “controlado por las barreras de contención, elementos absorbentes y skimmer que ya se encontraban dispuestos en la zona como medida de seguridad” y que sus supervisores “verificaron que la situación estaba controlada”.

Cerca de la medianoche, la Dirección de Capitanías de la Marina confirmó que durante un sobrevuelo vio “una mancha oleosa” y, al preguntar a Repsol, la compañía respondió que se trataba de una filtración de “residuos de crudo” ocurrida antes de la inspección y reparación de la plataforma que une las tuberías de transporte y descarga de la refinería con las mangas del buque carguero. Poco después, la Oficina de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) precisó en un comunicado que el vertido ocurrió antes de una operación el martes 25, una maniobra necesaria para investigar el derrame del 15 de enero.

La mañana del miércoles, Repsol difundió un comunicado sobre el vertido a 18 metros de la superficie del mar en el que descartó un nuevo derrame y lo calificó como un “afloramiento controlado de remanentes del derrame del pasado 15 de enero”, que fue controlado con barreras de contención, absorbentes y un skimmer, es decir, un equipo para la succión del crudo.

 

FUENTE: https://elpais.com/internacional/2022-01-26/el-capitan-del-buque-petrolero-protesto-por-los-fallos-de-repsol-durante-el-derrame-en-el-mar-peruano.html



martes, 17 de abril de 2018

El FMI prevé que los precios suban en Venezuela un 1.800.000% en dos años. La economía del país se contraerá un 15% este año y caerá un 6% en 2019, según el Fondo, que alerta por la crisis humanitaria


El FMI prevé que los precios suban en Venezuela un 1.800.000% en dos años.
La economía del país se contraerá un 15% este año y caerá un 6% en 2019, según el Fondo, que alerta por la crisis humanitaria
Un mercado de frutas y verduras en Caracas. En vídeo, el director adjunto del Departamento de Investigación del FMI habla de las perspectivas de Latinoamérica. 

El desastre económico de Venezuela ha provocado que la vida cotidiana de los ciudadanos dependa de unos cálculos vertiginosos. El Fondo Monetario Internacional (FMI) los pone negro sobre blanco en las previsiones publicadas este martes. El organismo que dirige Christine Lagarde calcula que el país caribeño cerrará 2018 con una inflación del 13.864%. En 2019, el valor de decenas de productos básicos seguirá creciendo hasta el 12.874%. Eso quiere decir que, en dos años, se prevé que los precios suban la astronómica cifra del 1.811.751%. Es decir, los precios se multiplicarán por más de 18.000 en el mismo período.
La cesta de la compra de los venezolanos ya se viene disparando desde hace años y la tendencia hiperinflacionista, en medio de una gravísima crisis política e institucional, no tiene, al menos por el momento, vuelta atrás. "Venezuela ha sufrido una intensificación de su crisis económica y humanitaria desde 2014", recuerda el informe del Fondo. 
Si las previsiones del FMI se cumplen, el episodio de hiperinflación por el que atraviesa Venezuela será el más grave de las últimas décadas en Latinoamérica. Ni siquiera la hiperinflación argentina de finales de los ochenta del pasado siglo (con subidas de precios que llegaron a superar el 3.000% anual) se puede comparar a lo que puede sufrir Venezuela. La escalada de precios, de cumplirse estos negros augurios, también sería superior a la de los episodios de hiperinflación en Perú (el 3.398% en 1999 y el 7.482% en 1990) y solo se le acercaría a la de Nicaragua, donde la subida de precios llegó a ser del 13.110% en 1987. El nivel de inflación venezolano solo se situaría en este siglo por detrás del de Zimbabue, donde la subida de precios llegó a ser del 500.000.000.000% en 2008.

A la hiperinflación se suma un cuadro macroeconómico desalentador. La economía se contraerá un 15% este año tras caer un 14% en 2017. El próximo ejercicio el descalabro del Producto Interior Bruto (PIB) será del 6%. Los datos del FMI dibujan un panorama que constituye una gran excepción en toda la región. Colombia, que comparte unos 2.200 kilómetros de fronteras con Venezuela, crecerá un 2,7%; Brasil, un 2,3%; Argentina, un 2%; Chile, un 3,4%; Bolivia, un 4%; Perú, un 3,7%; y Ecuador, un 2,5%.

Colapso petrolero

Las predicciones, más pesimistas que las proyectadas el pasado octubre, tienen que ver con el colapso de la producción petrolera y las exportaciones. En diciembre, cayó a 1,62 millones de barriles diarios, un descenso de más de 700.000 en un año, desplomándose hasta niveles de los años ochenta. Las expectativas para el sector son aciagas: el fondo recuerda que puede cerrar 2018 en alrededor de un millón diario.
La economía del país lleva años en caída libre y, cuando parece que las perspectivas no pueden empeorar, las decisiones políticas del régimen de Nicolás Maduro y la mala gestión franquean una nueva barrera. En noviembre, las agencias de calificación crediticia Standard & Poor’s(S&P) y Fitch  declararon a Venezuela en default parcial por los graves problemas de liquidez después de un impago de 200 millones de dólares correspondientes a los intereses de los bonos que vencen en 2019 y 2024. A esto se suma el saqueo continuado de la petrolera estatal, PDVSA. Para tratar de hacer frente a esta situación, el Gobierno chavista lanzó una moneda virtual, el petro, utilizando como garantía las reservas de crudo, que no ha conseguido paliar la penuria.

La batalla diaria con los precios
Todas estas cifras se traducen, en el día a día, en una batalla contra los precios y la escasez imperante. El salario mínimo de un venezolano apenas supera los 1,3 millones de bolívares. Esto es, un puñado de dólares que según el cambio paralelo fluctúan entre 2,5 y menos de seis. Hasta hace unas semanas, con esa cantidad se podían comprar dos kilos de carne, pero su precio sigue aumentando. Al igual que el de los huevos, la harina, el arroz o verduras como la cebolla. Mientras tanto, unas élites minoritarias recurren a la divisa estadounidense para pagar algunos servicios como consultas médicas, vehículos de segunda mano o trayectos en taxi.

El Gobierno ha anunciado la creación de una nueva moneda, el bolívar soberano, que sustituya al bolívar fuerte, eliminando tres ceros, de modo que un bolívar soberano equivalga a 1.000 bolívares fuertes. El bolívar fuerte ya sustituyó al bolívar tradicional por la misma razón de uno a mil, de modo que un bolívar soberano equivaldrá a un millón de los antiguos bolívares. Esa sustitución monetaria es reflejo de que el bolívar ha perdido el 99,9% de su valor desde que el Gobierno de Hugo Chávez instauró los controles de cambios en 2003. El Gobierno también intentó usar los controles de precios para frenar la inflación, llegando a movilizar tropas para controlar los precios en los supermercados, pero su política económica ha acabado provocando la mayor inflación de toda Latinoamérica en décadas.
El colapso económico, además, está provocando que se dispare el desempleo. El FMI prevé que el paro alcance a un tercio de la población activa, la mayor tasa de paro de todo el mundo, por encima de países con un alto desempleo crónico como Suráfrica, Sudán, Bosnia o Grecia.

FUENTE: https://elpais.com/economia/2018/04/17/actualidad/1523934621_077871.html