Mi foto calata, por Patricia del Río
Cuelgo un ‘selfie’ sexy en mi Face y me apunto
a la campaña para que dejemos de ser noticia.
El ‘selfie’ sexy de Patricia del Río. |
En
casa existía una teoría malvada: si papá y mamá no te habían tomado suficientes
fotos cuando eras bebe, no te querían. Y, claro, mi hermana y hermano mayores,
que fueron la parejita, la novedad, llenaban álbumes con sus caras sonrientes y
sus cuerpos rechonchos. El resto a duras penas alcanzábamos a completar un par
de páginas. Y es que en el pasado analógico en el que vivíamos tomar fotos era
un trámite. Había que tener la cámara a la mano, comprar rollos, tener
conocimientos de velocidad y luz, mandarlas revelar... Obviamente, cuando
tienes cinco hijos con los mayores todos son Kodak ‘moments’, y con los últimos
es probable que todo te dé un poco de flojera.
Hoy es distinto. Podemos tomar fotos
con el celular, con la computadora o con la tablet y si vemos algo que nos
gusta, zas, lo capturamos. Nuestro hijo riendo, llorando, haciendo caca,
cualquier cosa es registrable. Perennizar momentos trascendentes o
intrascendentes es un acto cotidiano y casi espontáneo que no requiere mayor
explicación. Por lo tanto, preguntarnos por qué las chicas de Hollywood se
toman fotos calatas no solo no tiene ningún sentido, sino que es alimentar la
idea de que está mal, de que fotografiarse desnuda es un pecado, de que mirarse
las tetas a través de una cámara merece ser sancionado. Y es justamente en virtud
de ese espíritu que una sarta de desadaptados hackers, o ex novios despechados,
son capaces de pasarse meses intentando violar la intimidad de las mujeres para
exhibir sus cuerpos desnudos como si fueran una suerte de brujas modernas que
deben morir quemadas en la hoguera de las redes sociales.
Las chicas (y los chicos también por
si acaso) se toman fotos calatas, provocativas, con cara de que tienen ganas,
con cara de niñas, con cara de putas porque les da la gana. Porque el registro
en imágenes de ese y todos los aspectos de su vida es absolutamente normal para
estas generaciones. Lo hacen porque quieren verse lindas, porque les agrada
mirarse, porque sí. Lo hace Jennifer Lawrence, lo hacen las otras 999 actrices de
Hollywood que fueron hackeadas esta semana, lo hace su hija adolescente, la
hija de su jefe, la secretaria que sirve café todas las mañanas y millones de
mujeres y hombres en todo el mundo. El asunto ya dejó de ser un fenómeno y hoy
es simplemente un hábito, una costumbre; y no un comportamiento bizarro que se
debe castigar con la exposición pública.
Pero como todo indica que los
hackers seguirán difundiendo imágenes privadas, tal vez la solución a este
atentado contra la intimidad de las mujeres (hasta ahora a nadie se le ocurre
exponer fotos de chicos calatos) sea darles la vuelta a la cucufatería y al
machismo. Tal vez deberíamos todos exponer nuestra foto más pendeja en el Face
antes de que un enfermo nos la robe y la haga pública. Tal vez nos toca posar
semicalatas frente al espejo e inundar las redes de ‘selfies’, básicamente
tontos e inofensivos, para que por fin dejen de ser noticia. Digámosle al
mundo: “Sí pues me hago fotos calata porque me gusta ¿y qué?”. Quitémosle a ese
imbécil que hurga en nuestra privacidad el placer de difundir algo que no
estamos escondiendo. ¿Total? ¿Qué tiene de malo un ‘selfie’ sexy? Yo cuelgo el
mío en mi Face y me apunto a la campaña para que dejemos de ser noticia. ¿Y
ustedes?
FUENTE:
Patricia del Río
Periodista
http://elcomercio.pe/opinion/rincon-del-autor/mi-foto-calata-patricia-rio-noticia-1754473
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