viernes, 9 de septiembre de 2016

¿Por qué en Colombia sí y en Siria no? Puede haber semejanzas, pero las diferencias de fondo entre ambos conflictos son inmensas

¿Por qué en Colombia sí y en Siria no?
Puede haber semejanzas, pero las diferencias de fondo entre ambos conflictos son inmensas
Diego Garcia-Sayan (autor del artículo) fue Presidente de Corte Interamericana de Derechos Humanos, período 2010-2014, y nuestro Director Ejecutivo, Carlos Alfredo Cárdenas Borja
El sentido común de mucha gente —que ve a la distancia la guerra en Siria— se pregunta si luego de tantos años de guerra interna el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC llegaron a un acuerdo de paz, ¿por qué en Siria no? Hay, por cierto, algunos elementos en común; como los habría, a fin de cuentas, entre la mayoría de conflictos armados internos.
Así, a diferencia de los conflictos armados internacionales contemporáneos, en guerras internas de esta naturaleza es la población civil a quien se le hace pagar la mayor cuota de sacrificio. Colombia: más de 200.000 muertos y al menos seis millones de desplazados. Siria: desde que se inició el conflicto en el 2010 se registran más de 400.000 muertos y no menos de cinco millones de refugiados.
Podría haber otros puntos de semejanza, pero las diferencias de fondo entre ambos conflictos son, en realidad, tan inmensas que es obvio que es irreal proyectar hacia Siria lo que podríamos llamar el “modelo colombiano”. Si bien son múltiples las razones para llegar a esa conclusión, destacan tres.
En primer lugar, el factor religioso y étnico que opera como atizador de un conflicto particularmente intenso que es “político” sólo en un sentido muy amplio. El ISIS, como la expresión más radical y extremista de los sunitas, es la punta del iceberg más simple de una conflagración en la que están presentes otras variantes del Islam y —con sus propios objetivos— la reivindicación étnica kurda. Pero el factor “gatillador” —inimaginable en América Latina— son ISIS y el Ejército de la Conquista, brazo de Al Qaeda en Siria. Sus agendas, en esencia, son “no negociables”.
Esta variante ultra radical del sunismo wahabita busca barrer a sangre y fuego con lo que se les enfrente y construir una sociedad con reglas y formas de ejercicio del poder vertical e inclemente en el ejercicio de la autoridad. Distinto, por cierto, del discurso de las tradicionales guerrillas latinoamericanas; ausente lo religioso y más bien presente el de la reforma —o revolución— social y, en el fondo, el reclamo de inclusión.
En segundo lugar, el involucramiento directo de Rusia y Estados Unidos. Si bien coinciden —por lo menos en apariencia— en que el ISIS y el Ejército de la Conquista son un “enemigo principal” a abatir, en los hechos cada cual mantiene sus propias prioridades y referentes locales (que se matan entre sí). Dinámica aún muy lejana, pues, de una hipotética alianza que en algún momento pudiera llevar a que armen juntos una “mesa de negociaciones” entre todos los coincidentes en arrinconar al “enemigo principal”.
En tercer lugar: casi toda la región está metida en la guerra en Siria; y ella tiene efecto directo en la propia región; para empezar, con más de cuatro millones de refugiados. “Muchas manos en un plato hacen garabato”, como dice el refrán. Y en ese “garabato” varios actores participando en el conflicto y jalando agua para su molino: Turquía (combatiendo a los kurdos y, en menor medida, al ISIS), Arabia Saudí (apoyando a sus yihadistas) e Irán (auxiliando a Assad y sus propios yihadistas). Tal “garabato” no apuntala precisamente a salidas negociadas.
Todas las guerras en algún momento terminan. Pero nada hay en el plano militar que permita suponer que puede haber por ahora una definición, salvo más muertos, desplazados y refugiados. Acaso en algún momento podría haber algún alto al fuego que funcione entre el régimen de Assad y las milicias opositoras, pero sin una supervisión internacional su cumplimiento sería escurridizo. Mucho más difícil para que en medio de ese gran desorden se encuentre por ahora condiciones para una salida negociada entre todos los que se oponen al ISIS o Al Qaeda.


DIEGO GARCÍA-SAYAN
9 SEP 2016
FUENTE: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/09/actualidad/1473380592_784700.html




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