martes, 15 de junio de 2021

Perú Elecciones 2021: Resultado Final

Perú Elecciones 2021: Resultado Final

Pedro Castillo    50.125%     8,802,336 votos

Keiko Fujimori   49.875%     8,731,562 votos

    -  Diferencia                            44,058 votos

Fuente: ONPE, 15 de junio 2021. Hora 16.30pm

100.000% de Actas procesadas

100.000% de Actas Contabilizadas 


Fuente de información: Web ONPE



viernes, 11 de junio de 2021

Tiempos recios en Perú. “Élite de Perú en pánico ante la perspectiva de una victoria de la extrema izquierda en la elección presidencial”, tituló el Financial Times su nota sobre las elecciones peruanas. El periodista llegado de Londres captó rápidamente la característica principal de la elección del domingo 6 de junio. En mi vida adulta nunca había visto una elección así de reacia a los argumentos y guiada por la voluntad de infundir miedo en la sociedad peruana.

Tiempos recios en Perú.

Alberto Vergara /Es politólogo peruano.

“Élite de Perú en pánico ante la perspectiva de una victoria de la extrema izquierda en la elección presidencial”, tituló el Financial Times su nota sobre las elecciones peruanas. El periodista llegado de Londres captó rápidamente la característica principal de la elección del domingo 6 de junio. En mi vida adulta nunca había visto una elección así de reacia a los argumentos y guiada por la voluntad de infundir miedo en la sociedad peruana.

Credit...Alessandro Cinque/
Reuters

El resultado de la elección es todavía incierto. Está claro, en cambio, que el miedo y la desconfianza han ascendido a otro nivel tanto en el sistema político como en la sociedad peruana. Y ahora el peligro de que los recelos se desborden en un conflicto político de gran escala debe ser conjurado.

Comencemos con lo evidente: los dos candidatos que llegaron a segunda vuelta asustan. Pedro Castillo postuló con el partido Perú Libre, cuyo ideario promete, sin rubores, un régimen leninista, y hemos oído a sus líderes afirmar que llegarán al poder para eliminar la alternancia democrática. Keiko Fujimori, por su parte, reivindica la dictadura corrupta de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), y en los últimos diez años lideró Fuerza Popular, un partido cuyo compromiso más estable ha sido combatir el Estado de derecho.

Como era natural en cualquier pueblo razonable, el peruano no fue seducido por semejante par. Pasaron a segunda vuelta con votaciones mínimas gracias a una fragmentación inédita: Castillo obtuvo 18,9 por ciento y Fujimori 13,4 por ciento.

Pero ahí terminó lo razonable. En una situación extraña en un sistema de segunda vuelta, ambos rechazaron la democrática tarea de moderarse, negociar o generar compromisos sustantivos en vistas de convencer a cerca del 70 por ciento del electorado que no les había votado. Mostraron la arrogancia de la inmoderación. O realizaron compromisos de papel traicionados en los actos. Por las ideas y personas con las que no deslindaron, los peruanos parecíamos obligados a preguntarnos: ¿Cuál de ambos tiene menos opciones de tiranizarnos?

Credit...Sebastian Castaneda/
Reuters

Lamentablemente, la ciudadanía no encontró un sector político independiente capaz de poner condiciones estrictas a los candidatos. Más bien, la izquierda limeña de Verónika Mendoza y sus técnicos mostraron entusiasmo incondicional por Castillo y, enfrente, los Vargas Llosa y afines hicieron lo propio con Keiko Fujimori. Dos candidaturas mediocres y peligrosas se convirtieron en proyectos limpios de dudas.

Y, acto seguido, a la sociedad se le inyectó la política del terror. El fujimorismo planteó su campaña a partir del miedo al comunismo y al terrorismo, que estaría representado por Castillo. Buena parte de la sociedad fue pastoreada al pánico. Si a mediados de abril oía a políticos, empresarios y ciudadanos afirmando que votarían por Fujimori con disgusto, a mediados de mayo ella resultaba la encarnación de la libertad. Y, como consecuencia, quien era “mal menor” se transformó en salvadora providencial. Esta transformación no es un sinsentido. Si te aterrorizan, quien te salva de la extinción es un personaje reverenciado.

Quienes utilizaron de manera más alevosa la política del miedo fueron el campo fujimorista, las clases altas y los grandes medios de comunicación. Empresarios amenazaban con despedir a sus trabajadores si Castillo vencía; ciudadanos de a pie prometían dejar sin trabajo a su servicio doméstico si optaban por Perú Libre; las calles se llenaron de letreros invasivos y pagados por el empresariado alertando sobre una inminente invasión comunista.

A este comportamiento antidemocrático, se sumaron los medios de comunicación. Sobre todo la televisión exhibió una parcialización propia de regímenes autoritarios. Destrozando las normas electorales, los programas se convirtieron en espacios de simulada o abierta propaganda fujimorista. Hasta la periodista política más influyente del país entrevistaba a figuras públicas y personajes de la farándula que reiteraban de manera machacona los mensajes apocalípticos. Es decir, para salvar la democracia la indujeron al coma. Y Keiko Fujimori lució encantada. Aun cuando tenía esos apoyos garantizados, no les llamó la atención.

Este comportamiento grotesco —hasta los propios periodistas del canal más importante lo alertaron— engendró una nueva pregunta en la ciudadanía ante la segunda vuelta: ¿Debo votar por quien promete un autoritarismo o por quien ya comenzó a construirlo? Así, en los días previos a la elección, miles que anunciaron que iban a votar nulo para mostrar su disgusto con ambos proyectos, cambiaron su voto a Castillo, por lo cual el voto nulo se redujo significativamente.

Lo paradójico es que el pánico en las clases altas y medias se incrementaba mientras Castillo mostraba una precariedad infinita. Como expresó el politólogo Steven Levitsky, se trata de un político inexperto que ni siquiera tiene un plan real en caso de ganar. En algunos debates no conseguía llenar los dos minutos que disponía para disertar sobre algún problema nacional. Tiene más sentido anticipar el caos que producirían sus carencias políticas que la consolidación de una tiranía.

Ahora bien, un pánico macartista de esta envergadura —como el que Mario Vargas Llosa expuso magistralmente en su novela Tiempos recios— no se inventa en una elección, solo es posible si exhuma un terror profundo.

 

El miedo al precario Castillo no es electoral únicamente, se teje sobre la secular angustia limeña frente a “la indiada”; una muchedumbre apostada allá lejos en la sierra que les resulta tan incomprensible como amenazante y que, en esta circunstancia, podría poner el mundo de cabeza derrotando al Mónaco limeño (Hugo Neira dixit). Si al lector extranjero esto le resulta abstruso sugiero que vaya a Netflix y vea El último bastión, serie que narra la Independencia peruana hace doscientos años.

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Paolo Aguilar/
EPA vía Shutterstock

La estrategia del terror pronto mostró sus límites en las encuestas. Entonces, el fujimorismo acudió a otro viejo conocido: el populismo económico. Prometió bonos con alma de sobornos. En las zonas mineras (donde Fujimori era rechazada), por ejemplo, entregarían a las familias las ganancias generadas por dicha actividad. Al final, todas estas zonas han rechazado masivamente al fujimorismo.

En resumen, la campaña electoral desenterró los temores de las clases altas y medias, así como el carácter autoritario del proyecto fujimorista. Incapaces de comprender y persuadir al Perú, optaron por aterrorizarlo y prometerle bonos como quien lanza huesos a una jauría inquieta.

La democracia peruana llegaba a esta elección herida tras un quinquenio turbulento con cuatro presidentes. Ahora, el viento del miedo ha soplado sobre esa construcción precaria. Habrá que recordar a Martha Nussbaum: en política, el miedo es el sentimiento que reclama controlar a la gente, no liberarla. Con el miedo se erige la opresión; las democracias con la confianza.

Pero las élites políticas, empresariales y mediáticas decidieron sembrar miedo. Hoy, como producto de este clima, se grita fraude aunque observadores internacionales reconozcan la limpieza de las elecciones; se propondrán manipulaciones arbitrarias de la Constitución para favorecer o dificultar la presidencia de quien resulte elegido; no faltará quien convoque a los militares; y, todo esto, a su vez, radicalizará a quien sea el oponente.

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Reuters

Sin embargo, la política es, entre otras cosas, el arte de evitar despeñaderos. Y para evitarlo hay algo esencial que todas las partes deberían interiorizar: nuestra democracia nos da las armas para impedir un proyecto autoritario. Si presas del miedo todos nos convencemos de que seremos encadenados por cualquiera de los dos candidatos, terminará ocurriendo.

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Gian Masko/
Agence France-Presse — Getty Images

El tino debería llevarnos a constatar que ni los votantes de Fujimori son una masa de corruptos antipatriotas, ni los de Castillo unos comunistas antiperuanos. Somos, eso sí, una ciudadanía apaleada por la pandemia como ninguna otra en el mundo. Un país marcado por deudas y deudos. El momento requiere de una grandeza y humildad que estos candidatos y sus aliados no han mostrado pero que deberían estrenar, gane quien gane. Fujimori y Castillo difícilmente le hubieran ganado a ningún otro candidato, uno de ellos estará en la presidencia como fruto de un gran azar. Ahora deben desterrar el vocabulario del fraude y del golpe de Estado. Un país diezmado y de luto por la pandemia necesita la esperanza de poder remar todos juntos.

 

 

Alberto Vergara es profesor e investigador en la universidad del Pacífico, Lima. Recientemente se publicó Politics after Violence. Legacies of the Shining Path Conflict in Peru, que coeditó con Hillel David Soifer.

 

FUENTE: https://www.nytimes.com/es/2021/06/08/espanol/opinion/elecciones-peru.html

 

 

Elecciones en Perú: Castillo y Fujimori pelean los votos y la incertidumbre acecha al país. Los candidatos presidenciales están muy cercanos en el conteo de votos. Una reclama fraude y busca que se anulen decenas de miles de votos. El otro ha convocado a sus seguidores a las calles.

Elecciones en Perú: Castillo y Fujimori pelean los votos y la incertidumbre acecha al país.

Los candidatos presidenciales están muy cercanos en el conteo de votos. Una reclama fraude y busca que se anulen decenas de miles de votos. El otro ha convocado a sus seguidores a las calles.

Por Mitra Taj y Julie Turkewitz

10 de junio de 2021

LIMA, Perú — Perú ha pasado por un año de profunda agitación: tres presidentes transitaron por el poder, sufrió una de las tasas de mortalidad por coronavirus más altas del mundo y, por la pandemia, su economía se contrajo más que cualquier otra en la región.

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Ernesto Benavides/Agence France-Presse — Getty Images


Muchos en el país esperaban, contra todo pronóstico, que las elecciones presidenciales del domingo pasado ofrecieran un nuevo comienzo. En cambio, casi una semana después de que se emitieron los votos, Perú ha vuelto a sumirse en la incertidumbre.

Los dos candidatos están prácticamente empatados. La candidata alega fraude y pide que se anulen hasta 200.000 votos, una medida que privaría del derecho a voto a muchos electores pobres e indígenas. El candidato convocó a sus seguidores para que salieran a las calles a defender los votos.

Según algunos analistas, la tensión está llevando a la democracia hasta sus límites; exacerba las fisuras de una sociedad profundamente dividida y aumenta la preocupación por el futuro del país.

Perú está soportando una “guerra nuclear en la cual se ha sumido la política peruana”, dijo el politólogo Mauricio Zavaleta, una en la que los políticos creen que “los fines justifican los medios”.

Con el 99 por ciento de las actas contabilizadas, Pedro Castillo, un exmaestro de izquierda sin experiencia en el gobierno, lidera sobre Keiko Fujimori, la hija del expresidente de derecha Alberto Fujimori —y símbolo de la política tradicional peruana—, por aproximadamente 70.000 votos. Castillo ha ganado alrededor del 50,2 por ciento de los votos contabilizados y Fujimori el 49,8 por ciento.

Pero Fujimori ha pedido que se anulen miles de votos, alegando, sin mostrar pruebas concretas, que el partido de su oponente violó “de manera sistemática” el sistema de votación.

Tanto autoridades electorales como los observadores afirman que aún no se ha presentado evidencia de fraude sistemático, y los analistas han dicho que el esfuerzo de Fujimori probablemente no logrará que los resultados la favorezcan.

Las autoridades electorales tienen hasta el sábado para analizar las solicitudes del partido de Fujimori que pide anular actas de 802 mesas de votación, en las que, según sus acusaciones, los partidarios de Castillo realizaron varios tipos de actividades ilegales, incluido el cambio del conteo de votos a su favor.

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Angela Ponce/Reuters

Esas mesas de votación están en regiones en las que Castillo ganó con una diferencia sólida, principalmente en áreas rurales andinas pobres e históricamente marginadas, incluida la ciudad natal de Castillo.

Para el jueves, una multitud de seguidores de Castillo se había reunido frente a la sede de la autoridad electoral nacional. Algunos habían viajado desde muy lejos y dijeron que estaban frustrados y preocupados por la posibilidad de que Keiko Fujimori estuviera tratando de robar las elecciones.

“¡El voto se defiende!”, corearon algunos.

“Son las elecciones más desastrosas que me ha tocado vivir”, dijo Antonio Gálvez, un taxista de 37 años que trabaja a un lado de donde sucedía la manifestación. “La señora Keiko Fujimori representa todo lo malo de la política peruana”.

El jueves, la crisis se intensificó cuando un fiscal pidió a un juez que encarcelara a Keiko Fujimori, quien enfrenta cargos de corrupción relacionados con una campaña anterior en la que contendía por la presidencia.

Acusada de dirigir una organización criminal que traficaba con donaciones ilegales de campaña, Fujimori podría ser sentenciada a 30 años de prisión. Detenida y liberada tres veces a medida que avanzaba el caso, ahora la fiscalía la acusa de tener contacto con testigos del caso, una violación de su excarcelación.

Si gana las elecciones, estará protegida del enjuiciamiento durante su mandato presidencial, que tiene una duración de cinco años.

Los comicios y las tensiones que han generado están exacerbando las divisiones en la sociedad peruana.

A pesar de que durante las últimas dos décadas el país ha registrado tasas de crecimiento económico, Perú sigue siendo una nación desigual y dividida, en la que la población más rica y blanca de sus ciudades mantiene la mayoría de los beneficios de un modelo económico neoliberal impuesto en la década de 1990 por el padre de Keiko Fujimori.

Cuando la pandemia arrasó en Perú, exacerbó esas brechas sociales y económicas y golpeó con mayor dureza a quienes no podían permitirse dejar de trabajar, a quienes vivían en condiciones de hacinamiento o que tenían acceso limitado a la atención médica en un país con un sistema de seguridad social endeble.

Las elecciones se llevaron a cabo en los mismos términos económicos, raciales y de clase: Fujimori ha obtenido la mayor parte de su apoyo de áreas urbanas, y Castillo ha establecido su base de apoyo en las tierras altas en zonas rurales, donde viven más peruanos mestizos e indígenas.

Zavaleta, el politólogo, dijo que pensaba que el caos de las elecciones, incluidos los intentos de Fujimori de anular votos, había “ahondado las diferencias entre los peruanos”.

“Y creo que va a tener efectos relativamente duraderos”, agregó.

Afuera de la oficina de la autoridad electoral, Max Aguilar, de 63 años, dijo el jueves que había viajado varias horas en autobús, desde la norteña ciudad de Chimbote, para defender a Castillo.

“Consideramos que la ultraderecha ya ha tenido suficiente tiempo para demostrarnos que podemos estar mejor todos y no lo han hecho”, dijo.

“Entonces, nosotros, el pueblo, les estamos diciendo que no, que basta. Y estamos apostando por un cambio, tenemos mucha confianza en el profesor Castillo”.

 

Por Mitra Taj y Julie Turkewitz

10 de junio de 2021

 

Sofía Villamil colaboró con reportería desde Bogotá, Colombia.

Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a América del Sur, fue corresponsal de temas nacionales y cubrió el oeste de Estados Unidos. @julieturkewitz

FUENTE: https://www.nytimes.com/es/2021/06/10/espanol/resultados-peru.html