jueves, 11 de septiembre de 2014

Simpatía por la corrupción. Eso del roba pero hace obra no es ninguna broma.

Simpatía por la corrupción.
Eso del roba pero hace obra no es ninguna broma.
Augusto Álvarez Rodrich
Un resultado decepcionante de este fin de semana fue la constatación –por si hacía falta– de que eso del ‘roba pero hace obra’ no es broma pues tiene más adeptos de lo que se pensaba (o, al menos, lo que pensaba este columnista).
Eso concluyó Datum cuando le preguntó a los limeños si votarían por el que ‘roba, pero hace obra’, obteniendo la frustrante respuesta de que el 41% sí lo haría, mientras el 56% no votaría por alguien así.
Que cuatro de cada diez ciudadanos no tenga problema en reconocerle a un encuestador, cara a cara, que no tendría reparos con un ‘corrupto eficiente’, y que no se haría mayores ‘paltas’ con entregarle su voto a alguien con vocación por el ‘choro’ pero habilidad para la obra, es francamente decepcionante.
El resultado puede ser más lamentable aún si se tiene en cuenta que entre el 56% que no votaría por el que ‘roba pero hace obra’ debe haber un segmento quizá no pequeño que sí lo haría pero que le da vergüenza reconocérselo al encuestador por eso del ‘qué dirán’.
Se puede concluir, entonces, que, al menos, la mayoría de la ciudadanía puede convivir sin mucho problema con la corrupción con la condición de que esta provea cierta obra. Hechos y no palabras. Goles son amores y no buenas razones.
Quizá esto explique el hecho de que la grave denuncia contra Luis Castañeda por el caso Comunicore, respecto del cual la procuradora de lavado de activos Julia Príncipe ha dicho que el ex alcalde podría ser incluido otra vez, no perjudique en modo alguno la intención de voto por Solidaridad Nacional.
O, también, que no cumplir con el requisito elemental de un candidato de llenar con rigurosidad la hoja de vida no le produzca al elector promedio ni una levantada de ceja.
O, para más señas, que Alberto Fujimori tuviera simpatía política incluso entre un segmento de la población que reconocía los hechos de corrupción que protagonizó.
¿Qué puede haber pasado para que tengamos esta tolerancia tan grande por el robo? Ojalá que no sea una simpatía por la corrupción, sino, quizá, solo una resignación ciudadana ante la vocación tan grande por el ‘choreo’ que exhibe la política peruana que –con excepciones tan dignas como escasas– se tiene desde los tiempos de la Colonia hasta nuestros días, y en donde la honestidad en el manejo de la cosa pública es toda una extravagancia.
Significa, también, un fracaso de nosotros los periodistas por no haber sido capaces de explicarle a la población que la corrupción perjudica tremendamente su calidad de vida, lo cual constituye un gran desafío para el oficio. Mientras eso no ocurra, como dicen, caballero nomás, roba, pero hace obra.

FUENTE: http://www.larepublica.pe/columnistas/claro-y-directo/simpatia-por-la-corrupcion-09-09-2014

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