jueves, 26 de agosto de 2010

‘Merezco Otra Oportunidad’: Lori Berenson

‘Merezco Otra Oportunidad’
Entrevistas :::: Lori Berenson, horas antes de volver a la cárcel, habla sobre su arrepentimiento, el estigma que la persigue y la posibilidad de que su hijo la repudie en el futuro.

Miércoles 18. Lori Berenson y su hijo Salvador juegan en el departamento de Grau, en Miraflores. Esa misma noche ambos regresaron a prisión.

Lori Berenson comenzó a hacer sus maletas el domingo 15. Un día después, la Procuraduría Para Casos de Terrorismo demandó al Poder Judicial su retorno al penal Santa Mónica de Chorrillos.

El miércoles 18, al mediodía, se encontraba al interior de la embajada de EE.UU. en Lima cuando se le informó que el Colegiado C de la Sala Penal Nacional, que preside el doctor David Loli, acababa de ordenar su reclusión por considerar que la Policía no verificó oportunamente el lugar de su domicilio, en el departamento 503 de la calle Grau 598, en Miraflores.
Era un mero formalismo que en realidad no resolvía el pedido de la Procuraduría.
La norteamericana de 40 años se entregó a la justicia peruana en la misma sede diplomática.
Esa tarde sorteó al enjambre de periodistas e ingresó a la carceleta de Palacio de Justicia llevando en brazos a Salvador, su único hijo de año y medio.
Esa noche ambos durmieron juntos en el penal de máxima seguridad de mujeres de Chorrillos.
El debate por el fallo que ordenó su internamiento enfrentó a las autoridades.
Mientras el viceministro de Justicia, Luis Marill, celebraba el “triunfo de la justicia”, el ex presidente de la Sala de Terrorismo, Marcos Ibazeta, quien en el 2001 la condenó a 20 años de prisión por colaborar con el MRTA, calificó de “barbarie” que se le ordene volver a prisión alegando “una formalidad legal”.

Para Ibazeta, Berenson ya cumplió con las tres cuartas partes de su sentencia, pues accedió legítimamente a los beneficios penitenciarios del Decreto Legislativo 927, promulgado en el 2003 durante el gobierno de Alejandro Toledo.
Este permite a los condenados por terrorismo acogerse a la rendición de pena por trabajo y educación.
Además, un informe del Consejo Técnico Penitenciario del INPE concluyó que “ella no es más un perjuicio para la sociedad”.
La neoyorquina se encuentra presa desde hace 15 años.
La jueza Jessica León, quien le otorgó libertad condicional hace dos meses, espera el certificado domiciliario de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) que confirme su domicilio.
León debe pronunciarse este viernes 27.
El mismo miércoles 18, horas antes de retornar a prisión, recibió a CARETAS en su departamento y concedió una extensa entrevista.

Berenson y su hijo llegan a la carceleta del Poder Judicial en medio del acoso mediático.

–¿Qué piensa de la revocatoria de su libertad?
–Es una injusticia tremenda. Nada más tengo que decir sobre eso.

–¿Y por qué debería estar libre?
–Estoy trabajando y viviendo en sociedad, como cualquier otra persona.
Para eso existe una política penitenciaria de resocialización.
Si la persona que está presa nunca puede volver a la sociedad, entonces deben cambiar la Constitución.
Yo no le estoy causando problemas a nadie. Al contrario, estoy reconstruyendo mi vida. Como dije en la audiencia (judicial), estoy en deuda incalculable con mis padres que me han acompañado en mi caso con un amor y una paciencia que yo no he tenido.
Quisiera retribuirles algo a ellos.
Si bien no económicamente, pues al menos estando a su lado.
Además, es mi deseo estar con mi bebé.
Quiero estar ahí para ver que coma.
Sé que va a estar bien con mis padres, pero no sería lo mismo porque sus primeros años son cruciales en su desarrollo.
Mis padres le darían mucho amor, pero no es lo mismo que estar con su madre.
Los dos tenemos un vínculo muy fuerte.
Él duerme conmigo.
Somos casi como una pareja.
Andamos juntos y es muy duro pensar que se vaya.
Siento que estoy llegando a la disyuntiva: ¿Lo mando fuera? ¿No lo mando?

David Loli, del Colegiado C de la Sala Penal.

–¿Es consciente de que cuando crezca le puede reprochar su pasado?
–Lo he visto mucho en otras prisioneras cuyos hijos no saben por qué están en prisión y en otros casos no saben que están ahí.
Mi hijo ha estado con acompañamiento policial desde que fue concebido y yo no le voy a ocultar nada.
Si me repudia es su derecho.
Una de las cosas que sí me dolería es que me repudie por no haber estado con él.
Quiero ser transparente.
No tiene que estar de acuerdo conmigo, no quiero engañarlo y decirle: estuvo bien lo que hice. No.
–Su caso es altamente mediático y genera la reacción de la población, ¿se imaginó las protestas que se dieron frente a su departamento?
–Yo pensé que iba a ser difícil, pero no imaginé que iba a estar en los medios de comunicación nueve semanas seguidas luego de mi salida.
Incluso de la nada salía en portadas.
Recuerdo que un día iba a clases y me veo en los kioscos.
–Usted es vista como el rostro representativo de la subversión, del MRTA.
–A veces lo entiendo porque a las personas las están alimentando con información inexacta sobre mi persona.
Me gritan asesina en la calle.
Hasta asesina de niños.
No sé de dónde han sacado eso.
Es muy duro.
Yo asumí mi responsabilidad.
Si tuve un vínculo con la violencia lo asumo, pero tampoco voy a asumir responsabilidad que no ha sido mía.
Ese vínculo fue calificado de secundario según la confirmación de mi sentencia en la Corte Suprema.
No fue una vinculación dirigencial ni mucho menos.
Sin embargo salgo como cara representativa del terrorismo durante no sé cuántos años.

“Es mi deseo estar con mi bebé. Mis padres le darían mucho amor, pero no es lo mismo que estar con su madre”, dice la norteamericana.

–Si no fue una vinculación orgánica, ¿cómo fue su participación real?
–Participé alquilando una casa.
Nunca he hecho reglajes al Congreso ni a políticos.
Seguí los debates parlamentarios porque me interesaban, que es distinto.
No he tenido una función directiva, jamás.
Es cierto que conocí a esas personas con otros nombres, pero no es cierto que yo haya estado metida en un plan para tomar el Congreso.
No me estoy limpiando, nunca lo he hecho.
Pero tampoco me pueden culpar de 20 años de violencia porque no ha sido nunca esa mi intención cuando vine acá.
–¿Por qué en el juicio al que fue sometida en el 2001 no fue enfática en condenar públicamente el accionar del MRTA? Eso le fue reprochado.
–Yo sé que hubo actos de violencia condenables cometidos por el MRTA.
Pero yo no iba a usar ese foro para condenar a un montón de personas para que me bajen la sentencia.
No me parecía ético.
Yo voy a asumir mi responsabilidad.
Yo no estoy de acuerdo con actos de lesa humanidad, los cometa quien los cometa.
–Si su vinculación era secundaria, ¿por qué su liberación era uno de los pedidos de los miembros del MRTA que tomaron la casa del Embajador de Japón en 1997?
–No supe de eso hasta mucho tiempo después.
No me queda claro si fue cierto o quién hizo la lista de exigencias.
Ahora es difícil saberlo porque una de las partes no está para preguntar.
Hubo utilización política de ese tema.
Incluso no sé si sabe pero la razón de mi nuevo juicio civil fue porque uno de los rehenes dijo que uno de los miembros del MRTA le confirmó que yo no era militante.
Por eso mi caso pasó del Fuero Militar al Civil.
–¿Se ha acostumbrado a que le digan terrorista?
–Sí.
Al inicio me fue muy chocante tener que asumir que me llamaran así.
No sé en qué año comencé a acostumbrarme y ya no me importó.
Creo que era el 2003.
Recuerdo haber escrito bastante: no soy terrorista.
Yo no vine a sembrar terror.
–Su solo nombre genera rechazo. ¿Está consciente de ello?
–Entiendo el rechazo.
Quisiera poder explicarle a cada uno que en verdad no soy la persona que creen.
Sé que es difícil para quien escuche, pero esa es la verdad.
Si no estoy cometiendo un delito quisiera el anonimato para continuar con mi vida.
Yo no digo que vaya a ser amiga de las personas que no quieren ser mis amigas, pero al menos tratemos de convivir.
Siento la frustración de pensar ¿qué más quieren de mí? Porque incluso me pongo a pensar, estoy otros cinco años más en la cárcel, ¿eso será suficiente? Creo que no.

“Me gritan asesina. No sé de dónde han sacado eso. Es muy duro”, se queja Berenson.

–¿Cómo fue para usted salir de prisión, tras 15 años, y estar nuevamente libre?
–Me sentí aturdida.
Hubiera sido más fácil si hubiera podido andar como cualquier persona, que es lo que pasa con la mayoría de los que salen.
La diferencia es que la gente ya tiene una imagen de mí.
Además que no conozco las calles y no sé por dónde caminar, la gente me reconoce y me imputan y me gritan: bombas, Tarata.
Me siento incómoda y mi presencia incomoda.
Me ha costado continuar con mi vida.
Pero también hay personas de buena voluntad que se me han acercado diciendo que merezco una segunda oportunidad.
Y sí la merezco.
(Patricia Caycho)

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