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lunes, 19 de noviembre de 2018

Así fueron las primeras manifestaciones de xenofobia en el Perú. En el Perú, la xenofobia ha hecho ver su rostro intolerante en algunos periodos de nuestra vida republicana, como respuesta a la inmigración. El saldo histórico ha sido siempre la vergüenza colectiva, como recuerdan estas tristes crónicas del miedo al extranjero.


Así fueron las primeras manifestaciones de xenofobia en el Perú.
En el Perú, la xenofobia ha hecho ver su rostro intolerante en algunos periodos de nuestra vida republicana, como respuesta a la inmigración. El saldo histórico ha sido siempre la vergüenza colectiva, como recuerdan estas tristes crónicas del miedo al extranjero.
Atropellos a los japoneses en Perú durante la II Guerra Mundial. En la foto, saqueo a la fábrica de gaseosas del señor Tanaka.

La comunidad china en el Perú sabe mucho de lo que es ser víctima de la xenofobia. En una época en que el trabajo sobraba en el país, ellos fueron traídos desde Cantón, Macao y Hong Kong, en penosos viajes en barco de cuatros meses, para ocuparse de las labores agrícolas que ya no podían hacer los afroperuanos, recientemente liberados de la esclavitud. En 1849, miles comenzaron a llegar con contratos de trabajo y unos sueldos de hambre que, aun así, no fueron respetados. En cambio, se los hizo trabajar en condiciones de semi esclavitud, hasta que la comunidad fue creciendo y con ella los primeros brotes de xenofobia.
Ciudadanos japoneses son trasladados a campos de reubicación de California durante la Segunda Guerra Mundial. Perú aportó a estos campos, expulsando a 1.771 nipones del territorio nacional.
Quince años después del arribo de los primeros barcos con ‘culíes’ al Callao, los diarios limeños se ocupaban ya del ‘problema chino’, como un asunto de urgencia para la ciudad, algo que merecía la atención completa de las autoridades. El problema en cuestión para ellos era que los foráneos habían dejado los campos y se habían instalado en las urbes. Su presencia era cotidiana. La Prensa y El Comercio daban cuenta del crecimiento de la comunidad china en Lima, a veces con un tono apocalíptico que hoy nos sonaría muy conocido. Y no faltaban personajes de la época, como Clemente Palma, representante de una tendencia de la época llamada racismo científico, que manifestaba que los chinos eran una “raza inferior y gastadísima”.
Para muchos limeños, el recién llegado era visto como alguien que venía a quitarles el trabajo, a aprovecharse de sus servicios; era sospechoso de portar enfermedades como la malaria y de llevar una vida disipada, atrapados en el consumo de opio. Y un dato extra interesante: los primeros chinos llegados al Perú eran exclusivamente varones, lo que alimentó leyendas y otro tipo de recelos entre los locales, que cuidaban a sus mujeres de ser vistas más de la cuenta.
Como recuerda el historiador Antonio Zapata en su libro Desiguales desde siempre, el Barrio Chino fue saqueado e incendiado en “algunas trágicas oportunidades”. Hubo episodios de violencia en las haciendas de Lima y del resto de país, con enfrentamientos que dejaban hasta centenares de muertos, como el que ocurrió en el Valle de Cañete, en 1881. Ese mismo año, mientras los chilenos ingresaban a Lima, tras su victoria en la Batalla de Miraflores, una turba de peruanos entró al Barrio Chino de Capón y causó saqueos, incendios, violaciones y asesinatos. Se acusaba a los migrantes de la China de ser colaboracionistas de los sureños. Poco importó que la colonia china fuera una de las que más aportó para la Colecta Nacional que se hizo ese año, para costear la defensa del país del verdadero invasor extranjero.
La vergüenza de los japoneses deportados 
La historia de la xenofobia en el país también le ha reservado a la comunidad japonesa un capítulo de ignominia. Ellos empezaron a llegar en abril de 1899, luego de la firma de un Tratado de Paz, Amistad, Límites, Comercio y Navegación con el Imperio del Japón y el Perú en 1873. Como lo recuerda la web de la Asociación Peruano Japonesa, nuestro país se convirtió así en el primero de América Latina en establecer relaciones diplomáticas con el Japón. Nada de eso, sin embargo, valió mucho en los años siguientes, como se verá.

Una mujer, en Estados Unidos, señala con el dedo un letrero: “Japoneses, sigan su camino, este es un barrio de personas blancas”. 1920.
Las primeras fricciones empezaron en la década del treinta del siglo XX, cuando los comercios japoneses crecieron en tamaño y ello empezó a preocupar a la competencia local. La Unión Revolucionaria, el partido nacionalista del dictador Luis Sánchez Cerro, era quien más vociferaba en contra de los extranjeros. Una propaganda de su partido muestra la caricatura de un ciudadano japonés de tamaño descomunal que barre con su escoba a comerciantes peruanos. Detrás de él se ve un edificio con el rótulo ‘industria peruana’, que ha sido invadido por un grupo de asiáticos con sonrisa burlona.
Afiche del Partido Unión Revolucionaria, de Sánchez Cerro: “Sigue la escoba japonesa barriendo a los peruanos de la industria y el comercio”, reza el slogan.
El sentimiento antijaponés llegó a su página más negra en 1941, tras el ataque nipón a Pearl Harbor, durante la Segunda Guerra Mundial. El Gobierno peruano dispuso la inamovilidad de los fondos de las sociedades y personas jurídicas japonesas. Posteriormente, se emprendió una política de deportaciones de ciudadanos japoneses a Estados Unidos, que eran recluidos en los llamados ‘campos de reubicación’, que se situaban en California y Texas. Esto fue parte de una política continental, un acuerdo entre EE.UU. y Sudamérica. No deja de llamar la atención que de los trece países latinoamericanos que expulsaron a estos, el Perú haya sido el más entusiasta (1.771 personas), aportando más de la mitad del total regional. Todo eso a pesar de que estaba vigente el tratado de amistad de 1873.
Así de vacía quedó esta tienda japonesa, luego del ataque de una turba en Lima, en los años cuarenta.
Las relaciones se empezaron a restablecer en 1953 y doce años después el Estado peruano les ofreció un terreno de 10.000 m2 que fue parte de la compensación que se les dio por haberles expropiado dos escuelas en Lima. Sobre ese terreno se levantó, en 1967, el Centro Cultural Peruano Japonés, en Jesús María, símbolo de la renovación de la amistad entre dos pueblos que se vio manchada por el miedo y la intolerancia. 
FUENTE: Oscar García
https://elcomercio.pe/somos/historias/venezuela-primeras-manifestaciones-xenofobia-peru-noticia-550242?foto=5

viernes, 14 de enero de 2011

"Te quieren para la guerra pero no como estadounidense"

"Te quieren para la guerra pero no como estadounidense"
Activistas en Estados Unidos luchan contra las deportaciones "deshonrosas" de ex soldados inmigrantes, muchos de ellos hispanos.

"Manuel Valenzuela durante su estancia en Vietnam. (Foto cortesía de Manuel Valenzuela)."

El proceso judicial le ha arruinado, asegura. Se ha quedado sin dinero y sin casa por los gastos, explica, y su mujer y él se han separado a causa de la tensión que les ha generado la amenaza de expulsión.

Explica que no se preocupó por nacionalizarse estadounidense porque pensó que nunca lo iba a necesitar.

La abogada de oficio de los hermanos Valenzuela cree que los inmigrantes que sirven en el ejército de EE.UU. no reciben suficiente asesoramiento sobre su posibilidad de optar a la ciudadanía estadounidense.

"Miles de casos como los de mis clientes se podrían evitar si contaran con más ayuda legal", afirma Mariela Sagastumé. "Es un proceso que dura sólo unos meses y que es gratuito pero muchos de ellos no lo saben, y sobre todo, no conocen las consecuencias negativas a las que se pueden enfrentar".

"Elección personal"

El Departamento de Seguridad Nacional (DSN) asegura que cada instalación militar estadounidense cuenta con un abogado para asistir a los soldados con su solicitud de ciudadanía, que pueden rellenar desde el día siguiente a su entrada en las fuerzas armadas.

En tiempos de paz los soldados extranjeros deben esperar un año para iniciar el proceso pero, desde el 11-S, EE.UU. se encuentra oficialmente en "período de hostilidades" y los requisitos son menores.

Desde 2001 se han nacionalizado 64.643 soldados extranjeros. Una portavoz del DSN afirma que convertirse en estadounidense "es una cuestión de elección personal" de cada soldado.

Héctor Barajas, ex soldado expulsado a México en 2003, repone, sin embargo, que cuando estuvo en el ejército a él no le dieron a elegir.

El mexicano Manuel Valenzuela sufrió uno de los golpes más duros de su vida cuando Estados Unidos, el país por el que peleó durante años en la jungla vietnamita, le comunicó por carta en 2009 el inicio de su proceso de expulsión.

Valenzuela, de 58 años, se siente traicionado. No sólo porque defendió en misiones de alto riesgo la bandera de este país, sino también porque ha vivido en él los últimos 55 años y porque su madre era estadounidense; igual que sus hijos, sus nietos y su mujer. Él, sin embargo, nunca llegó a solicitar la ciudadanía.

Eso le habría protegido de la orden de deportación que ha recurrido ante los tribunales. Cometió varias faltas menores, entre ellas una multa por exceso de velocidad y un insulto a un policía, lo que en EE.UU. es motivo suficiente para expulsar a un extranjero residente legal.

Su caso y el de su hermano Valente, también ex soldado en Vietnam, han recibido una atención especial por parte de grupos de defensa de los veteranos de guerra.

Valente, de 62 años y sobre quien pesa un delito menor de violencia doméstica, fue condecorado con una medalla de bronce por sus servicios.

Pero ni siquiera uno de los galardones militares más importantes puede proteger a los militares inmigrantes de leyes que consideran como causa de expulsión una larga lista de delitos y faltas menores.

El gobierno no lleva un registro de cuántos soldados inmigrantes han sido deportados pero los activistas estiman que han sido más de 3.000 en los últimos 15 años.

Estos grupos aseguran que los casos se han multiplicado por las dos guerras que ha librado el país en la última década. Muchos combatientes que vuelven de Irak o Afganistán con traumas derivados del conflicto son expulsados del país después de verse en problemas con la ley.

Los soldados, muchos de origen hispano, tienen la opción de nacionalizarse estadounidenses desde que entran al ejército pero los activistas se quejan de que muchos no lo hacen porque nadie les advierte de los problemas que ello les puede evitar.

Fue lo que le pasó a los hermanos Valenzuela, quienes renovaban cada 10 años su permiso de residencia permanente o Green Card(tarjeta verde).

Unas 80 personas les acompañaron el martes de la semana pasada en su audiencia ante un tribunal de la céntrica ciudad de Denver para defenderse de la orden de deportación.

Los activistas piden que se considere estadounidenses a cualquier soldado desde el momento en que pronuncia el juramento de alistamiento en las fuerzas armadas.

El juez de Denver decidió posponer la expulsión de los hermanos Valenzuela hasta 2012 para estudiar si se les puede considerar ciudadanos estadounidenses ante las numerosas circunstancias que les vinculan al país.

"Sin ayuda"

"Esta no es la manera de tratar a la gente que peleó por Estados Unidos", dice por teléfono Manuel, que se siente más cómodo hablando en inglés que en español.

Él cree que su caso es un ejemplo más de que muchos en EE.UU. no quieren la presencia de inmigrantes.

"Te quieren para la guerra pero no como estadounidense", critica.

"Valente (izqda) y Manuel Valenzuela. (Foto cortesía de Manuel Valenzuela)"

"Cada semana recibíamos asesoramiento sobre distintos asuntos: sobre nuestro testamento, consejos físicos, de combate, etcétera. Pero nunca me dijeron que si tenía un problema con la ley me podrían echar del país".

Barajas, de 33 años, fue condenado por disparar su pistola en un incidente de tráfico dos años después de su vuelta a la vida civil. Hoy trabaja desde México con la asociación Banished Veterans (Veteranos Desterrados) para poner fin a las deportaciones de militares.

"Cuando eres un soldado con 18 o 19 años recién salido de la escuela secundaria no piensas en los problemas que puedan venir en adelante", explica Barajas indignado. "Te pones a disposición del ejército para que te envíen a una guerra pero a cambio ellos no se preocupan por ti".

FUENTE: Por BBC Mundo, BBC Mundo
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