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jueves, 31 de enero de 2013

Espía Víctor Ariza fue condenado a 15 años de cárcel por lavado de activos

Espía Víctor Ariza 
fue condenado a 15 años 
de cárcel por 
lavado de activos
La Corte Superior de Lima también dispuso el pago de una reparación civil de 500 mil nuevos soles. El acusado apeló la sentencia
Víctor Ariza cumple su condena de 35 años por traición a la patria en la base de la Fuerza Aérea del Perú, en Pucusana.

El Colegiado A de la Cuarta Sala para Reos en Cárcel condenó a 15 años de prisión al destituido técnico de la Fuerza Aérea del Perú, Víctor Ariza Mendoza, por el delito de lavado de activo en agravio del Estado, en las modalidades de ocultamiento y tenencia.
Ariza, quien ya cumple condena de 35 años por delito de traición a la Patria, fue acusado de recibir US$156 mil dólares provenientes de Estados Unidos y Chile por vender información clasificada a militares chilenos.
La sala también dispuso el pago de una reparación civil de 500 mil dólares y 350 días de multa. La fiscalía también había pedido 15 años de cárcel.
ARIZA APELÓ
Los jueces se reservaron la sentencia para los ciudadanos chilenos Daniel Márquez Torrealba y Víctor Vergara Rojas, acusados de instigadores del delito contra el Estado y la Defensa Nacional- Atentados contra la Seguridad y Traición a la Patria. Ambos tienen mandato de detención, pero están no habidos.

Tras escuchar su sentencia, el espía presentó recurso de nulidad. Su esposa, María Flores Castro, rechazó la sentencia y aseguró que su familia no posee propiedades.

FUENTE: http://elcomercio.pe/actualidad/1530704/noticia-espia-victor-ariza-fue-condenado-15-anos-carcel-lavado-activos


domingo, 13 de febrero de 2011

Victor Ariza Mendoza: ‘Usted que ingresó por la puerta grande, hoy se va expulsado por la puerta falsa’

Victor Ariza Mendoza: ‘Usted que ingresó por la puerta grande, hoy se va expulsado por la puerta falsa’
Espionaje. Así fue la degradación secreta del condenado Victor Ariza Mendoza. En la más cerrada reserva, en un acto estrictamente castrense, Víctor Ariza fue degradado y expulsado. Esta es una crónica de lo que pasó. (Por Ángel Páez.)

“Te llegó la hora, Ariza”, le dijo el oficial a cargo de la seguridad del establecimiento penal de la base de Punta Lobos, en el kilómetro 59 de la Panamericana Sur.

“No he sido notificado por el tribunal militar. ¿Qué van a hacer conmigo?”, preguntó el técnico Víctor Ariza Mendoza. Eran las 5 y 30 de la mañana del martes ocho de febrero. El día estaba fresco, calmo, bello, pero Ariza sospechaba por qué lo sacaban de la celda.

“Tienes que ponerte tu uniforme de reglamento. Hoy, en cumplimiento de la sentencia, te degradan”, le respondió el oficial.

“Pero, ni yo, ni mi abogada, ni mi familia ha sido informada”, replicó Ariza, a quien el Tribunal Supremo condenó el 28 de diciembre a 35 años de cárcel por el delito de traición a la patria.

“Yo solo cumplo órdenes, técnico. Vístase que estamos sobre la hora. Si usted se resiste, la orden es que lo traslade de grado o fuerza. ¿Usted lo comprende?”, contestó, secamente, el oficial. Ariza es el único preso en Punta Lobos. Haberlo confinado allí tiene su simbolismo. En ese lugar, en 1979, el suboficial FAP Julio Vargas Garayar fue fusilado después de haber sido sorprendido espiando para Chile. Ariza lo sabe. El recuerdo, inevitablemente, le encoge el corazón, especialmente de noche, cuando solo se escucha cómo el viento marino golpea las paredes del presidio.

La más alta pena

El acusado de espionaje a favor de Chile llegó exactamente para el inicio del acto de degradación programado, secretamente, a las 8 y 30 de la mañana. Ariza, hasta el último, protestó.

“No he sido notificado. Exijo la presencia de mi abogada”, expresó. Estaba mortificado, pero también asustado. Lo ubicaron en el centro del patio de honor de la Escuela de Suboficiales de la FAP (Esofap). El Alto Mando de la institución, encabezado por el comandante general FAP Carlos Samamé Quiñones, estaba presente, además de todos los alumnos de la escuela y una partida de efectivos encargados de ejecutar la sentencia. La bandera nacional ondeaba, flamígera, altiva, como presidiéndolo todo. Entonces, el juez permanente de la FAP, comandante FAP Fernando Rivera Baca, dio lectura a la sentencia.

“Se le impone al técnico inspector Víctor Ariza Mendoza por el delito de traición a la patria en tiempo de paz 35 años de pena privativa de libertad, la misma que vencerá el 29 de octubre del 2044, y se le fija la suma de un millón de soles como concepto de reparación civil. Además, se le expulsa de los institutos armados, lo que conlleva la degradación”, dijo con voz alta y metálica el comandante Rivera, el mismo que durante el proceso interrogó a Ariza.

El acusado sentía vértigo. Buscaba evadirse de la situación. Estaba conmocionado. Encajaba cada palabra del juez militar como un puñetazo en la boca del estómago. Y faltaba lo peor.

“¡Técnico superior FAP Víctor Ariza Mendoza, sois indigno de llevar las armas!”, exclamó, gritando, el juez castrense. La poderosa y marcial voz retumba en Las Palmas: “¡En nombre de la justicia y de la Nación, os degrado!”.

En ese momento, el efectivo de menor graduación, quien había sido entrenado para despojar al acusado de espionaje, se ubicó al frente de Ariza para proceder al episodio más humillante. Pero, antes de proceder, soltó un denigrante discurso.

“¡Técnico Ariza, usted ha sido condenado por traidor a la patria! ¡Usted es una vergüenza para la institución! ¡Usted que ingresó por la puerta grande, hoy se va expulsado por la puerta falsa! ¡Usted es indigno de llevar el uniforme y las insignias de la FAP!”, increpó con energía y cierta rabia el suboficial.

Humillación a voz en cuello

Ariza no movió un músculo. Pero después le diría a su esposa, María Flores Castro, y a su abogada, Raquel Díaz Gastelú, que en un momento pensó que lo dañarían físicamente. “Jamás había sentido tanta humillación, fue innecesaria”, relataría el condenado. Lo vieron tan mal que el juez militar le ofreció asistencia psicológica. Ariza se negó.

“¡Eres un traidor y no mereces estar aquí! ¡Por eso eres expulsado de la institución, porque eres indigno!”, chilló el suboficial.

“Haga lo que tenga que hacer”, repuso Ariza, en un intento por apurar el acto.

Entonces un efectivo arrancó el redoble de tambor para que el efectivo de menor graduación de todos los presentes arrancara todos los símbolos militares que portaba el uniforme azul de Ariza. El acusado intentaba mantener la compostura. Cerró los ojos.

Pero era inevitable sustraerse. El redoble del tambor lo devolvía al centro de la humillación. Primero le arrancó y lanzó el quepis al suelo. Luego despojó las alas doradas clavadas en el corazón. Siguieron los galones en las mangas. A continuación volaron las insignias en las solapas. Y los diez botones dorados rodaron por el patio ,donde hacía 26 años se había graduado Víctor Ariza en medio de los honores. Terminada la torturante faena, como si no hubiera sido suficiente todo lo anterior, el que dirigía el acto dio la orden y todos los presentes, absolutamente todos, le dieron la espalda al degradado Víctor Ariza.

Claves

Protesta. Raquel Díaz Gastelú, defensora de Víctor Ariza, expresó que el acto de degradación fue “innecesariamente humillante” y reclamó por no haber sido notificada en su momento para presenciar el acto.

Defensa. La abogada señaló que estudia iniciar una serie de acciones judiciales porque Ariza ha sido condenado sin pruebas, ya que en el expediente no se encuentran las evidencias que sirvieron para sentenciarlo.

FUENTE: http://www.larepublica.pe/impresa-2011-02-12-pag10

viernes, 9 de julio de 2010

Un Espía en Palacio

Un Espía en Palacio
Nacional :::: El capítulo peruano del misterioso Juan Lázaro, esposo de la periodista Vicky Peláez
La fotografía de las páginas precedentes muestra al ex presidente Fernando Belaunde Terry con un grupo de reporteros y fotógrafos reunidos por el Día del Periodista en Palacio de Gobierno, el 1 de octubre de 1981.
Al lado del sonriente mandatario aparece, en cuclillas, un hombre de mirada dura que empuña una vieja cámara fotográfica.

Día del Periodista, 1981. El “uruguayo Juan Lázaro”, fotógrafo del semanario Punto, posa junto al entonces presidente Fernando Belaunde y otros periodistas políticos en Palacio de Gobierno.


Era Juan José Lázaro Fuentes, un uruguayo de entonces 30 años que trabajaba como fotógrafo para el extinto semanario Pulso, entonces dirigido por el ya fallecido Hugo Garavito.

Ahora ni sus propios hijos saben cuál es su verdadera identidad.
La semana pasada, el supuesto “Lázaro”, esposo de la periodista peruana Vicky Peláez, admitió ante un Tribunal Federal de Nueva York que no es uruguayo, que el nombre con el que se le conoce no es real y que, en realidad, es un espía ruso.
Carlos Saavedra, fotógrafo de CARETAS, recuerda haberse encontrado con “Lázaro” varias veces en Palacio de Gobierno.
Asegura que era un hombre parco.
Domingo Tamariz, quien era el editor de Pulso, no llega a establecer quién lo llevó a trabajar a dicho semanario. “Lo extraño es que se quedaba en la redacción hasta muy tarde, incluso cuando la edición ya estaba cerrada”, dice el periodista.
“Los redactores se iban a cenar a una pollería de Surquillo y él permanecía allí, viendo fotos”.
Tamariz afirma que, en Punto, “Lázaro” conoció a su futura esposa, la cusqueña Vicky Peláez, quien practicó durante algunos meses en la sección política.
Punto cerró en 1983 y “Lázaro” pasó a colaborar con algunos diarios.
Pero hasta ahora es un misterio cuándo llegó al Perú y por qué escogió este país para inventarse una vida.
El ex director del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), Juan Velit, declaró que no cree que el falso uruguayo llegara al Perú para espiar.
“Vino a terminar de armar su historia. Su destino era los Estados Unidos”, sostuvo.
Por entonces el país tenía una estrecha relación comercial con la Unión Soviética en asuntos castrenses, al punto que las Fuerzas Armadas, principalmente el Ejército, adquirían únicamente material de guerra ruso.
¿Cuál era la verdadera misión del misterioso fotógrafo?

Vicky Peláez durante el aniversario patrio neoyorquino, en julio del 2009.

“Lázaro” permanece recluido en el Metropolitan Correctional Center de Manhattan.
Carlos Moreno, abogado de Peláez, duda de su confesión e insiste en la inocencia de su defendida.
La semana pasada, el juez Ronald Ellis declaró que Peláez “no parece ser una agente profesional” y le dio libertad condicional previo pago de una fianza de US$ 250,000.
Al cierre de esta edición, Peláez –recluida en Brooklyn– no podía recuperar su libertad debido a una apelación de la Fiscalía de Nueva York.
De los 11 espías rusos detenidos por el FBI durante una sorpresiva redada la semana pasada en Nueva York, Virginia y Nueva Jersey, Peláez es la única que no tiene identidad falsa y posee nacionalidad norteamericana.
Sin embargo, el FBI la acusa de haber recibido dinero de supuestos funcionarios rusos en múltiples oportunidades, por lo que ha sido denunciada por conspiración y lavado de dinero (CARETAS 2136).

Ahora esta novela de espías parece develar su primer capítulo. El de un supuesto uruguayo que encontró en el periodismo la cobertura perfecta para armar una historia que se prolongó casi treinta años y que se desbarató como un castillo de naipes, con titulares desplegados en los principales medios del mundo.
Edicion impresa (haga doble click)

jueves, 1 de julio de 2010

La Chola y El Kremlin

La Chola y El Kremlin
Seguridad :::: FBI le echó guante a la peruana Vicky Peláez acusándola de conspirar para los rusos en EE.UU.

CARETAS: Edicion 2136

La semana pasada, todo parecía marchar sobre ruedas en el relanzamiento de las relaciones diplomáticas entre EEUU y Rusia.
Barack Obama y el presidente ruso Dmitry Medvedev se reunieron en la Casa Blanca y hasta se dieron tiempo para comer hamburguesas en un local de comida rápida en Arlington,Virginia, el jueves 24.

La imagen de ambos, sonrientes en el Ray’s Hell Burger, no hacía presagiar lo que ocurriría apenas tres días después, el domingo 27, cuando el FBI (Federal Bureau Investigation), en una sola redada en la misma Virginia, Nueva York y Nueva Jersey, arrestó a 10 personas acusadas –nada menos– de formar parte de una red de espionaje rusa.
El caso ha provocado reacciones en Moscú, que exige una explicación a Washington y probablemente entrampe nuevamente las relaciones entre ambos países por un buen tiempo.
La operación, por cierto, también ha repercutido en el Perú.

Peláez trabajaba para el diario hispano La Prensa de Nueva York desde hace 20 años.


Entre los detenidos figura la periodista cusqueña Vicky Peláez (55) y su esposo, el fotógrafo uruguayo Juan Lázaro (65), quienes viven en EEUU desde hace 20 años.

A ambos, el FBI les echó el guante en Manhattan, cuando se dirigían a su casa de Yonkers, un populoso suburbio a las afueras de Nueva York. “Los bajaron del carro y los subieron a otros dos vehículos”, contó Waldo, uno de los hijos de la periodista.

Poco antes, los federales habían irrumpido en la casa de Yonkers llevándose computadoras, estados financieros y documentos contables.

Ese mismo domingo, entre los detenidos figuraba una joven pelirroja, esbelta y de cautivadores ojos verdes: la rusa Ana Chapman (28), propietaria de una empresa llamada “Time Venture”, especializada en tecnología, Internet, medios y entretenimiento.
Aparentemente, no tenían nada en común.
Pero el FBI asegura que la bella rusa y la periodista cusqueña, conocida por sus ex colegas de Canal 2 como la “Chola Vicky”, pertenecen a una red de espionaje que durante “un largo periodo de tiempo realizó misiones encubiertas en los Estados Unidos, actuando de manera ilegal y soterrada como agentes en favor de Rusia”.

EL FBI asegura que Peláez y su esposo recibieron, en un país de Sudamérica, bolsas con dinero de agentes rusos

EL INFORME DE LA AGENTE especial del FBI, María L. Ricci, ante el magistrado de Nueva York, James L. Colt, para solicitar la detención de Vicky Peláez y la rusa, abunda en asombrosos detalles que evocan los tiempos de la Guerra Fría.

Ricci, de la Division de Contrainteligencia de Nueva York, indica en su reporte que los rusos desplegaron una operación de la S.V.R. (sucesora de la KGB) que llamaban “Programa de Ilegales” para sembrar espías rusos en los EE.UU.

Los espías debían obtener información en la política en torno a Irán, la CIA, armas nucleares, el Congreso, ente otros temas, según la denuncia fiscal. Los “espías rusos”, añade el informe, contactaron a un ex oficial de alto rango de la seguridad nacional de EEUU y con un investigador de armas nucleares, entre otros. No queda claro qué secretos el variopinto grupo de espías –que incluía cinco parejas– realmente llegó a reunir.

Jueves 24. Obama y Medvedev comen hamburguesas en Virgina. Nada hacía presagiar que, tres días después, el FBI arrestaría a 10 espías rusos.

El informe de Ricci describe cinematográficos intercambios de maletines idénticos en una estación de tren; una identidad fraguada de un canadiense, pasaportes falsos, mensajes por onda corta y hasta el uso de tinta invisible.

¿Cuál era el rol de la “Chola Vicky” en esta trama?
En la acusación fiscal, el FBI llama a Peláez y Lázaro “los conspiradores de Yonkers”.
Pero todo indica que se trataba del ala más barata de la red: mientras los gringos enviaban datos cifrados por Internet, vía laptops y software de encriptación que ponían en uso de un barnes&noble o cafeterías de Manhattan, Vicky y su esposo despachaban sus reportes por onda corta y recogían bolsas de dinero en parques públicos.

La ‘Chola Vicky’ fue reportera en los 80’s

El FBI informó que la pareja es investigada desde hace una década y con lupa.
La vigilancia incluye el ‘sembrado’ de micrófonos ocultos en la casa de Yonkers, cámaras escondidas en locales públicos y cuartos de hotel; y la interceptación de llamadas telefónicas y e-mails.

El informe de la agente Ricci revela que, el 14 de enero del 2000, en “un país sudamericano”, Peláez recibió de un representante ruso un paquete conteniendo dinero.
En agosto del 2007, Lázaro volvió a pasar por caja en igual circunstancia.
En el 2002, agentes del FBI interceptaron comunicaciones al interior de la casa de Yonkers.
La conversación giraba en torno a un dinero escondido en el equipaje de la peruana.
El 10 de setiembre del 2002, el FBI realizó una grabación denominada “aural communications” que detalla el singular estilo de trabajo de los espías:
–Lázaro: Me dicen que mi información no vale nada porque no les he proveído de ninguna fuente... no les sirve para nada.
–Peláez: ¿Verdad?
–Lázaro: Sí. Dicen que... sin una fuente... sin citar quién dice todo eso... no es... tu reporte no es...
–Peláez: (interrumpe) ¡Cita cualquier político de allá!
–Lázaro: Voy a darles lo que quieren. Pero voy a seguir diciéndoles... si no les gusta lo que les digo, pues mala suerte...
El 8 de enero del 2003, luego de que la “Chola Vicky” volviera de un corto viaje a un país sudamericano no identificado, el FBI captó otro diálogo entre ambos.
–Lázaro: Cuando vayas (al país sudamericano)... yo voy a escribir en invisible... y tú les vas a pasar a ellos todo eso en un libro...
–Peláez: Oh, ok, ok.–Lázaro: Te voy a dar unas páginas en blanco y ahí estará todo lo que he hecho...
El 23 de febrero del 2003, los agentes grabaron a Peláez deciendo que tenía ocho bolsas de “diez” y que habían dividido el resto para no hacer bulto.
El 25 de agosto del 2007, filmaron a Lázaro reuniéndose con un oficial del gobierno ruso en otro parque de un país sudamericano, igualmente dadivoso.
Peláez comenzó a hacerse notar hacía 1980 como reportera de Canal 2.
Trabajaba en policiales y era muy amiga de Mónica Chang.
Ambas se hicieron conocidas por su peculiar estilo de jadear al reportear en vivo.
El programa cómico “Risas y Salsas” solía imitarlas cada sábado.
Analí Cabrera caracterizaba a la “Chola Vicky” y Jorge Benavides a Chang.
Peláez y su esposo Juan Lázaro se conocieron en una comisión periodística allá por esos años.
En 1989 ambos partieron a EEUU.
Ella ingresó a trabajar al diario latino La Prensa, fundado por el estrambótico Sun Myung Monn, y Lázaro fue contratado como profesor de una escuela.
La peruana no tenía acceso a información secreta y carecía de contactos en los círculos militares norteamericanos.
Su posición está reflejada en las columnas en El Diario/La Prensa en los que solía criticar la política de Barack Obama y alabar la de Fidel Castro.
“Era controversial”, resumió su jefe de redacción, Manuel Avendaño.

Ana Chapman (28), seductora espía rusa.

La historia de Ana Chapman parece rescatada de una novela de John LeCarré.
La espía armó una historia ficticia para no ser descubierta.
Divorciada y con un master en Economía, Chapman llegó a Nueva York en enero de este año de Moscú, donde se habría divorciado.
Para el FBI, que la sigue desde hace varios años, todo esto es puro cuento.
En un video colgado en YouTube, Chapman asegura que trabajó varios años en Londres dentro de una empresa de inversiones.
Y en Moscú había puesto en marcha un sitio de búsquedas inmobiliarias.
Incluso señala haber laborado con el famoso empresario estadounidense Warren Buffett.
Para el FBI, Chapman se encargó de obtener información de un empresario estadounidense y proporcionarla a un funcionario ruso, con quien durante los últimos meses se reunía en una librería de West Village.
En enero del 2010 agentes de vigilancia vieron a Chapman en varias locaciones de Nueva York en compañía de un oficial del gobierno ruso, así como ingresando a la misión rusa en la ONU de Manhattan.
Además entablaba comunicación inalámbrica privada desde su laptop en una cafetería en la intersección de la calle 47 con la 8th avenida en Manhattan.
El FBI vio a una minivan, manejada por un oficial del gobierno ruso, frente a la cafetería.
Los agentes detectaron la existencia de una red privada entre Chapman y la minivan.
Lo mismo sucedió entre Chapman y la minivan en una librería del Greenwich Village.
Tampoco está claro qué información filtró.
Los detenidos han sido acusados de conspiración, lo que significa una sentencia máxima de 5 años en prisión.
Nueve de ellos (entre los que figura Peláez y su esposo) fueron acusados también de lavado de dinero, lo que es penado con 20 años de prisión.
Esta semana deberán acudir a su primera audiencia oral en el Tribunal Federal de Manhattan que dirige el juez Colt.
La inteligencia norteamericana resiente todavía los casos de Aldrich Ames en la CIA y Robert Hansen en el FBI, consideradas las operaciones instrusivas más espectaculares de los rusos hechas en los nervios centrales de Washington, y por eso mismo han enfocado sus esfuerzos en tratar de cazar traidores, espías y terroristas.