domingo, 13 de octubre de 2013

Perros, solo les falta hablar

Perros, solo les falta hablar
MASCOTAS. Un neurocientífico comprobó que, en materia de emociones, el cerebro del perro y el del hombre son sorprendentemente parecidos.

Foto: INGIMAGE

Hace tres años Gregory Berns, un neurocientífico de la Universidad de Emory, decidió confirmar científicamente  lo que pasa en el cerebro de esos animales en materia de sentimientos.  Su interés nació de su experiencia personal. Quería saber si Newton, su perro recién fallecido, que lo había acompañado durante 14 años, lo había querido tanto como Berns a él.

Ese trabajo confirmó lo que ya muchos sabían: en términos de afecto los perros son como las personas. “Lo más impactante fue encontrar que los cerebros de los humanos y de los canes se parecen mucho, tanto en función como en estructura”, dijo a SEMANA el experto, quien publicó los detalles de la investigación en el libro How Dogs Love Us que saldrá a la venta esta semana.

Por más obvias que parezcan sus conclusiones, la investigación marcó un hito pues por primera vez la ciencia analizó la función cerebral de estos animales. Nadie había logrado que un perro se quedara quieto en un aparato de resonancia magnética. Dormirlo no era una opción pues hacerlo impediría ver el cerebro activo. Lo ideal era que estuviera totalmente despierto y tranquilo. 

Berns logró entrenar a los participantes para que subieran a la camilla, se arrastraran por el tubo del aparato y se pusieran en la posición indicada para tomar las imágenes. La primera elegida fue Callie,  su nueva mascota terrier, y McKenzie, un collier. Una vez el entrenamiento funcionó otros perros completaron el grupo de 12 ‘voluntarios’. 

Las imágenes de resonancia magnética miden el nivel de energía de las neuronas que cuando se activan necesitan más sangre y oxígeno. El primer examen consistió en hacerle a Callie una señal con la mano hacia arriba que indicaba comida; la mano horizontal, significaba lo contrario. Con la señal positiva, Berns observó que el núcleo caudado se activaba más. 

Este hallazgo es importante porque el núcleo caudado en los humanos es una región rica en dopamina y juega un papel crucial en la anticipación de placeres como la comida, el amor y el dinero. En los perros también se activa ante la idea de comida, con el olor del amo o ante la presencia de una persona familiar al can. 

Inferir de estos resultados que un perro quiere a su amo es arriesgado pero a partir de las similitudes entre ambos cerebros, Berns se atreve a afirmar que sí tienen emociones. En términos de sensibilidad, los canes podrían compararse con un niño, cuyo cerebro está cableado para sentir apego y amor. En ese sentido, dice que “los perros sí nos quieren y nos extrañan cuando nos vamos, y por razones que van más allá de la comida. Es por lo mismo que los seres humanos se quieren entre sí”.

Confirmar científicamente este dato es importante porque evita el antropomorfismo, que implica otorgar sin justificación cualidades humanas a otros animales u objetos. “Hoy tenemos evidencia de que ellos también sienten las emociones”, explicó el experto a esta revista.

Berns cree que su investigación apenas comienza y seguramente cambiará la manera como la gente trata hoy a estas mascotas. Si bien muchos ya consienten a sus perros como si fueran personas, y de hecho algunos llevan vidas que envidiarían los seres humanos, piensa que aún falta mucho para que tengan los derechos que se merecen. “Aún son considerados propiedad del amo. Eso significa que si a usted no le gusta su perro lo puede regalar como si fuera un mueble. Si hay evidencia biológica de que ellos tienen emociones positivas, ¿no deberíamos tratarlos mejor?”

FUENTE: http://www.semana.com/vida-moderna/articulo/emociones-perro-hombre/360714-3

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