sábado, 10 de noviembre de 2012

Universidad Nacional Mayor de San Marcos: Repudio al terrorismo


Universidad Nacional Mayor de San Marcos:

Repudio al terrorismo

El Búho cuenta los días en los que terrucos se apoderaron de su universidad y sembraron el miedo y el terror en el Perú.


Este Búho no puede dejar de aplaudir la iniciativa de los jóvenes universitarios sanmarquinos que han anunciado una marcha de repudio y protesta contra el movimiento de fachada senderista Movadef.
Confieso que pasé varios años alejado de mi alma máter por razones de mi trabajo periodístico. Hace dos años, después de ocho de alejamiento, regresé a los claustros y me pareció que pisaba otra universidad. No había paredes pintadas con delirantes consignas senderistas. Los salones estaban inmaculados y no había amenazantes pintas con la hoz y el martillo que rezaban “¡¡muerte a los soplones!!”. Los jóvenes hablaban por sus celulares o escribían en sus Laptops.
Me parecía que estaba en una universidad particular. Inclusive me paré en la vieja cabina telefónica que está en las afueras de Economía. Ahora está en desuso. Ya nadie le daba bola, porque todos tienen celular, BlackBerry o iPod. Retrocedí en el tiempo y la recordé operativa y con una cola de cien metros de ansiosos sanmarquinos esperando turno con su “ring” en la mano. Gracias a esas esperas, muchos devoraban en la cola novelas de García Márquez, Vargas Llosa, los cuentos de Borges, Cortázar, Ribeyro o Luis Loayza.
Me dije: “Pico, todo está bien. Hay orden, modernidad, limpieza, ya no hay huelgas, ¿pero no crees que ves a los alumnos sin capacidad crítica, como la que tenían las generaciones anteriores?”. Pues, con la noticia de que el 20 de noviembre San Marcos marchará contra un grupo terrorista disfrazado de “democrático”, creo que el espíritu crítico de los sanmarquinos vuelve a emerger.
Este Búho ya era periodista cuando Sendero se apoderó de la universidad en base al terror. Fue aquel primer año de 1990, había regresado a la universidad después del cierre del diario “Página Libre”. Sendero había adoptado un acuerdo de su pleno del Comité Central de dar el salto estratégico. Es decir, tomar por asalto Lima. Volvieron a la ciudad universitaria con fuerza a reclutar cuadros e instaurar el terror contra los grupos democráticos que se oponían a su prédica violentista.

Sendero aglutinaba a sus hordas e irrumpía en salones, como en Psicología y Derecho. Allí le raparon la cabeza a un cachimbo que osó borrar una pinta senderista de su salón. En Psicología flagelaron a un alumno por ser gay. Todos estos abusos llevaron a que un grupo de sanmarquinos se organizara en el CAS (Comando Antiviolentista Sanmarquino). En verdad, era un grupo de suicidas.
Una tarde en que fui a visitar a mi gran amigo, el escritor Óscar Malca, por ese tiempo editor de “Caretas”, le conté la situación y me dijo que hiciera un artículo para la revista. Fueron cuatro páginas que causaron impacto fuera y dentro de San Marcos. Pero más dentro. Sendero reaccionó con fiereza. Empezaron las alucinantes marchas por las noches.
Todas precedidas por apagones. Entonces, salían a marchar cantando esas canciones delirantes “Salvo el poder todo es ilusión, conquistar los cielos con la fuerza del fusil…” y procedían a pintarrajear los muros del pabellón que habíamos limpiado en agotadoras jornadas de limpieza. Nadie podía estudiar y todos huían a sus casas. Una de esas noches, en la penumbra, me agarraron del brazo.
Era Milagritos, a la que decíamos “Miss Sendero”, porque era muy guapa y se identificaba con los “terrucos”, porque su hermano quedó lisiado en un enfrentamiento con la policía cuando colocaba una bomba. Milagritos, clandestinamente para los amigos de su hermano, había tenido un choque y fuga conmigo, y me tenía aprecio. “No seas idiota. Esta tarde han discutido tu situación, estás sentenciado. Por favor, no vengas a la universidad”.
Una noche de apagón, se me apareció Milagritos y me dijo: “¡Sígueme, cara….!”, y salimos corriendo por Odontología y nos internamos a la Unidad Vecinal, comprendí que todo era realidad. “¡Hoy te iban a matar, idiota!”, y me dio un beso caliente de desesperación. Tuve que “exiliarme” en el periodismo y no volví a la universidad hasta que se acabó toda esta pesadilla. Aquel que me venga a decir que los del Movadef son “ciudadanos que quieren reivindicarse”, déjenme decirles que es ¡un reverendo imbécil! Apago el televisor.
FUENTE: http://trome.pe/actualidad/1494519/noticia-repudio-al-terrorismo


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