domingo, 11 de noviembre de 2012

Ayacucho: Soras, la estela de dolor que dejó la “caravana de la muerte” de Sendero


Ayacucho: Soras, la estela de dolor que dejó la “caravana de la muerte” de Sendero

sin olvido. En el camposanto de Soras, campesinos recuerdan a las víctimas de la mayor matanza de SL bajo el mando en Ayacucho del 'camarada José'.
El 16 de julio de 1984, más de cien personas de la comunidad campesina de Soras y sus anexos fueron asesinadas por Sendero Luminoso al mando de Víctor Quispe Palomino. 28 años después aún se escucha el clamor de justicia de los deudos.
Aurora Yessenia Meléndez Jáuregui (37) nació a los nueve años. La muerte la hizo nacer un 16 de julio de 1984 a una realidad del más grueso calibre. Aquel lunes, sin luna, la noche sobre Soras lucía lúgubre y se sentía aún más fría. Yessenia jugaba con sus hermanos hasta que su padre irrumpió en casa para sacar una lámpara. "Ha llegado visita, quédense aquí y hagan caso a su mamá", solicitó Jorge Meléndez a sus cuatro hijos antes de salir a recibir a un grupo que caminaba hacia la plaza de la comunidad.
Yessenia prefirió salir y cumplirse el capricho. Entonces, agazapada entre las piernas de ese grupo de hombres vestidos con uniforme policial y militar, no pudo entender que el expreso de la muerte había elegido Soras como destino final. No fue consciente de la sensación que la tierra podría tragársela en vida y del vacío de gritar sin que le salga la voz, hasta que la sombra de su padre, reflejada en la pared del local comunal, caía al suelo; y que luego, tras el sonido de una ráfaga, lo encontraría junto a otros cuerpos ensangrentado y sin vida.
Pero esta historia no comienza en casa de los Meléndez. Ese día, a las 8 am., el chofer del bus de la empresa Cabanino interrumpió su ruta Lima-Soras en la intersección de Negromayo, a la salida de Puquio al sur de Ayacucho.
Víctor Quispe Palomino y un grupo de 40 senderistas –que él encabezaba– subieron sin sospechas disfrazados de policías y militares. Así, los pasajeros, casi todos soreños, fueron las primeras víctimas de la "caravana de la muerte" del "camarada José", que buscaba dar una "lección" a quienes no acataban las órdenes de Sendero Luminoso.
El 26 de noviembre de 1983, doña Viviana Olimpia Jáuregui (69) había recibido personalmente una muestra de ese salvajismo. Su esposo fue sacado de su casa en la madrugada de ese día y "ajusticiado" con un balazo en la cabeza junto a otros dos líderes en la Plaza de Armas de Soras. La sentencia de muerte de Olimpio Mauricio Jáuregui de la Cruz, Jorge Abilio León Pacheco Juan Miranda Gutiérrez fue aplicada ese día por los senderistas debido a la oposición abierta que ellos expresaban contra la ideología de los sediciosos: el "pensamiento Gonzalo".
Ser soreño se convirtió en un estigma que se pagaba con la muerte bajo los dominios de "José", pensamiento que aplicó con demencia durante las horas que duró el trayecto del "bus de la muerte", ruta de asesinatos que se inició en Challapuquio, donde mataron al primer grupo de 17 soreños a punta de piedras, palas y balas; siguió con el mismo salvajismo en Badopampa, Doce Corral, Chaupihuasi, Sayrosapampa; y terminó en Soras, con más de cien personas muertas.
Veintiocho años después, el ataque a Soras es la mayor masacre de Sendero Luminoso, un hecho que dejó un colectivo de deudos que peregrinan  con una vida marcada por el dolor y con la indiferencia con que la mayoría expresaba en las fosas comunes que aún faltan abrir, los restos que aún faltan exhumar, las identificaciones que aún abren heridas, las indemnizaciones que no llegan y los perdones que con los años parecen imposibles.
VIVA ENTRE MUERTOS
Lo último que recuerda Teodora Pariona Aroni (49) antes de perder la razón es la imagen de su ex esposo Máximo Gómez caer al suelo boca abajo, cuando los terroristas que llegaron momentos antes en el "Cabanino" identificaron que era oriundo de Soras. Embarazada de seis meses, Teodora abrió los ojos en un charco de sangre donde permaneció día y medio antes de que pudieran socorrerla.
"¿Cómo se defienden ustedes de los terroristas?", traduce el actual esposo de Teodora,Pedro Leonardo Torres Quispe (44), luego de que ella narrara en quechua y con la mirada extraviada la historia que le tocó vivir aquel 16 de julio de 1984.
"Ella estaba como muerta, se pasó seis meses alimentándose solo con leche", nos relata Pedro mientras muestra la cicatriz que su esposa tiene en el lado izquierdo del rostro que se lo hicieron con el golpe de un pico.
Marcelina Flores Tello (35) aprieta los ojos cuando regresa a ser la niña de cinco años que vio el asesinato de sus padres. Ella estaba con sus dos hermanos: Alberto (28) y Rosalía (33) cuando la 'caravana de la muerte' llegó a Chaupihuasi.
Pero la imagen que tiene de papá y mamá no puede colgarla en un marco, pues no tiene fotografías. Solo recrea una y otra vez el momento cuando los terroristas los redujeron y mataron con hachas. Cuando la insania senderista la dejó huérfana.
"Luego de sus asesinatos nos dividieron. Cada uno de nosotros tuvo que iniciar una nueva vida por separado. ¿Alguien puede imaginar lo difícil que es? ¿Alguien puede reconocer tanto sufrimiento que pasamos por perder a nuestro papá y a nuestra mamá?", sostiene con la voz entrecortada Marcelina.
"Es la primera vez que andamos juntos los tres", añade Alberto, quien no tiene recuerdo de sus padres y que aún aguarda el día en que puedan recobrar al menos sus restos.
Sobre una mesa de la agencia Cabanino, los deudos de Soras sostienen hojas amarillentas, repletas de sellos y con palabras que retumban como eco en una historia llena de indiferencias. Una sobre otra, las cartas, que datan de 1983 y 1984, dan fe del clamor de este pueblo que decidió levantarse contra las acciones de Sendero Luminoso y que no recibió ninguna respuesta de parte del gobierno liderado entonces por el presidente Fernando Belaunde Terry.
"Hemos decidido constituir nuestra lucha en rondas campesinas formadas por niños, mujeres y hombres para defender la democracia que a usted un día lo proclamó como presidente constitucional", se lee en una de ellas, dirigida no solo al mandatario sino a las instancias de gobierno que fueron necesarias. La indiferencia los dejó a merced de las huestes del 'camarada José' y de Sendero Luminoso luego de que formaran junto a otras 25 comunidades una alianza para defenderse.
PIDEN PERDÓN
Pero el tiempo no ha pasado en vano. El viernes 9 de noviembre, una comitiva de alto nivel llegó hasta Soras para entregar siete restos exhumados de la matanza y que llegaron a ser identificados luego de un largo trance en que se han mezclado la férrea búsqueda de la justicia y verdad por parte de los deudos, la colaboración de la sociedad civil y el compromiso de autoridades del Estado.
Después de una ceremonia en la que los pobladores de Soras entregaron regalos y bailes a las autoridades nacionales, como el presidente del Congreso, Víctor Isla; el fiscal de la Nación, José Peláez Bardales; el viceministro de Derechos Humanos, José Ávila; y la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, Marisol Pérez Tello, la voz de las autoridades ha dado un atisbo de esperanza según los propios pobladores.
"Hemos demorado 29 años para poder venir a este pueblo y ofrecerles esa palabra tan humana que ustedes esperaban: perdón", articulaba Ávila, quien expresó así el compromiso de su sector de reparar las deficiencias en la constitución de la lista de reparaciones que momentos antes escuchó de los deudos.
"Sentimos mucha vergüenza, y si nosotros representamos a los peruanos, entonces perdónennos a nombre de todos los que nos mantuvimos callados frente a su dolor", dijo minutos después la congresista Pérez Tello.
Al final, los féretros fueron entregados a sus deudos mientras los niños con banderitas peruanas, aún sin entender la magnitud del hecho y lo significativo de la reunión, jugaban entre los cajones adornados con flores amarillas y blancas. Hasta que lo entiendan, sabremos si cambiamos su historia, nuestra historia.
CLAVES
Exhumaciones. Según los datos de la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh), hasta noviembre de este año, 51 de las víctimas de Soras han sido exhumadas; 29 han sido entregadas a sus familiares; 18 víctimas –entre las recientemente exhumadas– están por ser entregadas a sus familiares; 4 deben ser identificadas a través de su ADN; 21 cuerpos faltan ser exhumados; 3 están en calidad de desaparecidos, pues no se hallaron los posibles lugares de entierro; y de 9 víctimas no hay mayor información sobre su procedencia. En total, tienen identificadas a 84 personas.
FISCALÍA PIDE CADENA PERPETUA PARA CÚPULA SENDERISTA POR EL CASO SORAS
La fiscal provincial de la Segunda Fiscalía Penal Supraprovincial de Ayacucho, Jhousy Margot Aburto Garavito, formalizó una denuncia penal contra Abimael Guzmán, Elena Yparraguirre, Alberto Ramírez, Margi Clavo Peralta, Laura Eugenia Zambrano Padilla, Osmán Morote Margot Liendo, por ser presuntos autores mediatos de la matanza de Soras y por terrorismo agravado; y a Víctor Quispe Palomino como presunto ejecutor material o autor mediato de la matanza. Se ha pedido contra ellos cadena perpetua.
El fiscal de la Nación, José Antonio Peláez, explicó que en el caso de Morote –próximo a su excarcelación– el juez debe pedir una detención preventiva y debe ser procesado .

FUENTE: Francesca García. Enviada especial a Soras (Ayacucho)
http://www.larepublica.pe/11-11-2012/soras-la-estela-de-dolor-que-dejo-la-caravana-de-la-muerte-de-sendero

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